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San Luis vuelve a galopar fuerte en Jesús María con sus campeones, sus tropillas y una historia que emociona

Luis López, tropillero de Villa Mercedes y apadrinador del Festival Nacional de Doma y Folclore de Jesús María.

Con la fuerza de su tradición gaucha y el orgullo intacto de representar al interior profundo, la provincia de San Luis dirá nuevamente presente en el Festival Nacional de Doma y Folclore de Jesús María, que se desarrollará del 8 al 18 de enero próximos en la localidad cordobesa. Lo hará con una delegación que sintetiza excelencia deportiva, herencia cultural y una pasión transmitida de generación en generación: dos tropillas de reconocida trayectoria y los tres jinetes campeones provinciales en las categorías más exigentes de la doma.

La representación puntana estará encabezada por Pancho Perdiguera, quien competirá en Crina Limpia; Dante Bonetto, en Grupa Surera, categoría en la que viene de consagrarse subcampeón en la edición anterior; y Sergio Díaz, en Basto con Encimera. Tres nombres que encarnan el temple del jinete cuyano y que llegarán a Jesús María con la ilusión intacta de dejar a San Luis en lo más alto del podio.

La delegación se completa con Diego Roldán como delegado oficial, mientras que Sebastián Rodríguez y Luciano Moreyra cumplirán el rol de jinetes suplentes, listos para entrar en acción si el festival así lo demanda.


Pero si los jinetes son el pulso competitivo, las tropillas son el alma del espectáculo. San Luis aportará dos conjuntos de enorme prestigio, El Destino, de Nelo González, y El Cencerro, de Francisco Paco López, ambos de Villa Mercedes. En el caso de El Cencerro, la emoción se potencia por su linaje, ya que pertenece a uno de los tropilleros más respetados y queridos del país, con una trayectoria que se confunde con la propia historia del festival.

“Mi viejo es tropillero hace 45 años”, relata Luis López a El Semiárido con la voz cargada de recuerdos: “Sus orígenes fueron en la estancia La Moneda, donde mi abuelo era encargado. Ahí empezó como peón, haciendo sus primeras armas con los caballos. Desde entonces, gracias a ellos, recorrió gran parte del país. Son muy pocas las provincias que le quedan por visitar”.

La historia de Paco López es también la historia de Jesús María. Hace más de tres décadas que su tropilla pisa el Anfiteatro José Hernández, consolidando una presencia ininterrumpida que habla de constancia, sacrificio y amor por la tradición. “Participa en el festival desde hace 33 años. Por lo general va todos los años con 24 caballos, pero este año, por coincidir con el festival de Deán Funes, fueron 30 los caballos que viajaron a Córdoba”, explica su hijo.

Los logros acompañaron ese camino. Campeonatos en 2004 y 2018, múltiples ubicaciones entre los seis primeros puestos y el reconocimiento del ambiente domador, donde mantenerse en la élite es tan difícil como llegar. “Salir entre los seis primeros te permite entrar cuatro noches al año siguiente. Son 18 tropillas y solo seis tienen ese privilegio”, detalla López, con la naturalidad de quien conoce cada engranaje del festival.

Luis López no solo heredó la pasión, también supo construir su propio recorrido. Comenzó a los 18 años y hoy, con 46, es uno de los apadrinadores oficiales del Festival de Jesús María, rol que desempeña desde 2017. “Entré como reemplazo del Negro Vila, un hombre de enorme trayectoria. Y desde entonces sigo hasta el día de hoy. Incluso soy uno de los tropilleros más jóvenes que tiene el festival”, destaca con orgullo.

Además de Jesús María, su nombre estuvo presente en festivales emblemáticos como la Fiesta del Caldén en Nueva Galia y celebraciones tradicionales en Saladillo y otros puntos de la provincia de Buenos Aires. Siempre con los caballos como pasaporte y la tradición como bandera.

En el marco del Festival Nacional de Doma y Folclore de Jesús María 2025, celebrado entre el 10 y el 20 de enero en el Anfiteatro José Hernández, San Luis ya había dejado una huella destacada a través de sus jinetes y tropillas, consolidando una presencia significativa dentro de la tradición gaucha del evento. Este año, la expectativa se renueva y la ilusión vuelve a montarse sobre el lomo de los criollos.

Las tropillas, parte vibrante y esencial del festival, representan la armonía perfecta entre el hombre y el caballo. En cada ingreso a la arena se exhibe mucho más que destreza: se celebra una identidad, un vínculo profundo construido con paciencia y respeto, y una herencia cultural que sigue viva. Jesús María no sería lo mismo sin ellas, y San Luis lo sabe.

Por eso, cuando suenen los cascos sobre la arena y el público se ponga de pie, no será solo una competencia. Será el orgullo puntano galopando en la noche cordobesa, llevando consigo la historia, la emoción y el espíritu indomable de su gente.