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El girasol cerró una campaña con rindes sin precedentes en San Luis y afirma su regreso como cultivo estrella

La campaña de girasol en San Luis llegó a su fin con números que no solo confirman una excelente performance productiva, sino que además marcan un hito en la historia agrícola provincial. Con un rendimiento promedio de 2.270 kilos por hectárea, el más alto desde que se llevan registros, el cultivo se posiciona como uno de los grandes protagonistas del ciclo 2025/26.

De acuerdo con los datos finales de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), se sembraron 81.000 hectáreas, de las cuales se perdieron 2.100, logrando cosecharse efectivamente 78.900 hectáreas. El volumen total recolectado alcanzó las 179.266 toneladas, reflejando una combinación virtuosa de condiciones climáticas favorables, manejo agronómico y mejoras tecnológicas.

El dato más sobresaliente es, sin dudas, el salto en los rindes. El promedio provincial de 22,7 quintales por hectárea supera ampliamente los registros de campañas anteriores. En 2024/25 el rendimiento fue de 18 qq/ha, en 2023/24 de 17,1 qq/ha y en 2022/23 de 16,1 qq/ha. Esta evolución evidencia una tendencia sostenida de crecimiento que reposiciona al girasol dentro del esquema productivo regional.


Pero el buen momento del cultivo no es un hecho aislado. El resurgimiento del girasol en Argentina responde a una combinación de factores agronómicos, económicos y estratégicos que lo han devuelto al centro de la escena.

En términos económicos, el cultivo recuperó atractivo por su rentabilidad relativa. Frente a márgenes más ajustados en soja y maíz, el girasol ofrece una estructura de costos más liviana y, en muchas regiones, mejores resultados. A esto se suma la firmeza del precio internacional del aceite de girasol, impulsado por la demanda global y por eventos geopolíticos como la guerra entre Rusia y Ucrania, que afectaron la oferta mundial.

Desde el punto de vista agronómico, su adaptación a ambientes marginales es una de sus grandes fortalezas. Con mayor tolerancia al estrés hídrico y mejor desempeño en suelos de menor calidad, el girasol se presenta como una opción estratégica en zonas con alta variabilidad climática, como San Luis, La Pampa o el oeste bonaerense.

Asimismo, su incorporación en las rotaciones aporta beneficios clave, ya que interrumpe ciclos de enfermedades y malezas, mejora la estructura del suelo y contribuye a diversificar el riesgo productivo. En sistemas dominados por la soja, su inclusión permite estabilizar rendimientos en el mediano plazo.

El avance en genética y tecnología también explica este renovado protagonismo. Los nuevos híbridos ofrecen mayor potencial de rendimiento, mejor comportamiento frente a condiciones adversas y resistencia a enfermedades, mientras que la adopción de mejores prácticas de manejo, en siembra, fertilización y control de malezas, ha reducido significativamente la brecha productiva.

En paralelo, el mercado industrial y exportador acompaña este crecimiento. Argentina cuenta con una industria aceitera altamente eficiente y orientada al comercio exterior, lo que garantiza una demanda sostenida para el complejo girasolero y aporta previsibilidad al negocio.

Finalmente, en un contexto de creciente incertidumbre climática, el girasol se afirma como una herramienta clave en la gestión del riesgo. Su estabilidad relativa frente a condiciones de sequía lo posiciona como un verdadero “seguro agronómico”, capaz de sostener resultados en campañas desafiantes.

Con estos resultados, San Luis no solo cierra una campaña récord, sino que confirma la tendencia que el girasol volvió para quedarse y gana cada vez más terreno en la estrategia productiva nacional.