Investigadores del INTA y del sector privado desarrollan en el sur de la provincia un estudio pionero sobre el uso de quemas controladas como estrategia de manejo ganadero. Los primeros resultados muestran que esta práctica podría mejorar la oferta forrajera y abrir el camino a un modelo productivo más sustentable.
Un equipo de investigadores del INTA y del ámbito privado avanza en un estudio pionero en la provincia de San Luis para evaluar cómo el uso de quemas prescriptas puede convertirse en una herramienta clave en el control de la arbustización y en la recuperación de pastizales en los sistemas ganaderos extensivos.
El proyecto forma parte de un trabajo más amplio desarrollado en establecimientos de La Pampa y San Luis, orientado a aportar soluciones frente a uno de los problemas más complejos del caldenal: el avance de arbustos que reduce la calidad forrajera de los campos y compromete la sostenibilidad de la producción pecuaria.
En el caso puntual de San Luis, la experiencia se llevó adelante en la estancia “San Carlos”, ubicada en el departamento Dupuy, cerca de Arizona. Allí se aplicaron fuegos prescriptos bajo protocolos técnicos y autorizaciones provinciales, con el objetivo de analizar cómo responde la vegetación a esta práctica y si efectivamente contribuye a mejorar la oferta de forraje para la ganadería.
El caldenal, descripto como una sabana de árboles de caldén dispersos sobre pastizales de gramíneas bajas, cubre amplias superficies de San Luis, La Pampa y Córdoba. Durante décadas, este ecosistema se ha visto alterado por factores ambientales y, sobre todo, por la actividad humana. La introducción del ganado doméstico y prácticas de manejo poco sostenibles han favorecido la arbustización, un proceso que degrada la calidad forrajera y reduce la capacidad de carga animal.
Según los especialistas, recuperar estos ambientes como sitios de pastoreo depende de la diversidad y el estado del banco de semillas, así como de las herramientas de manejo aplicadas. En ese sentido, el fuego controlado aparece como una estrategia prometedora. No se trata de incendios descontrolados, sino de quemas planificadas y reguladas, que permiten eliminar material viejo, estimular la germinación de especies forrajeras, mejorar la accesibilidad de los animales y activar el ciclo de nutrientes del suelo.
La investigación en San Luis estuvo a cargo de un equipo multidisciplinario integrado por Daniel Arroyo y Claudia Terenti Romero (INTA Villa Mercedes), Carlos Magallanes, Martín Bernasconi y Hugo Villanueva (INTA Unión), Guillermo Mas (INTA San Luis) y Guillermo González Castro Feijoo (sector privado).
El estudio se diseñó en lotes preparados para quema prescripta, con la instalación de transectas fijas de 50 metros en distintos sectores donde se midieron variables clave de las comunidades vegetales: densidad, cobertura, composición de gramíneas y herbáceas, y acumulación de materia seca.




Resultados preliminares
Aunque el estudio continuará por al menos dos años más para obtener conclusiones robustas, los primeros resultados ya permiten identificar algunas tendencias.
Disminución de gramíneas no forrajeras: tras las quemas, se redujo la cantidad de material fino acumulado, que suele actuar como combustible para incendios naturales.
Afectación de gramíneas forrajeras por la sequía: la baja disponibilidad hídrica registrada entre mayo y septiembre impactó en el rebrote de especies deseables, sumado a un pastoreo más temprano de lo previsto.
Aumento de cobertura de gramíneas útiles: en sectores más alejados de las aguadas se registró un incremento de especies valiosas desde el punto de vista ganadero.
Emergencia de perennes forrajeras: el banco de semillas mostró potencial con la aparición de especies como la flechilla negra, que podrían mejorar la densidad de pastizales a mediano plazo.
Si bien los investigadores subrayan que es prematuro dar conclusiones definitivas, las evidencias iniciales sugieren que el uso de fuegos controlados puede ser una herramienta efectiva para favorecer la cobertura de gramíneas perennes deseables y revertir los procesos de arbustización.
El desafío ahora es evaluar la frecuencia y el modo de aplicación de estas quemas para evitar la pérdida de especies valiosas y garantizar la sostenibilidad de los sistemas productivos.
La experiencia de San Luis se enmarca además en las normativas provinciales de manejo de bosques, dentro del Plan de Prevención, Presupresión y Lucha contra Incendios, en coordinación con San Luis Solidario, lo que garantiza que las prácticas se realicen con criterios de seguridad ambiental y productiva.
El estudio constituye un ejemplo de cómo la investigación científica puede aportar soluciones concretas a problemas productivos y ambientales. “El fuego no es solamente un enemigo por combatir, también puede convertirse en un aliado estratégico cuando se utiliza con conocimiento, planificación y responsabilidad”, señalaron los investigadores al presentar los primeros resultados.
De cara al futuro, los especialistas esperan que la continuidad del proyecto permita consolidar un modelo de manejo sustentable para el caldenal puntano, donde la ganadería extensiva y la conservación de los ecosistemas puedan avanzar de la mano.











