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El sorgo gana protagonismo en San Luis con nuevas tecnologías y manejo de precisión

La Jornada Agrícola Ganadera de Sorgo reunió en Villa Mercedes a productores, técnicos y especialistas para analizar el potencial del cultivo, su complementariedad con el maíz y las herramientas tecnológicas disponibles para mejorar los rindes. Durante el encuentro, Belén Bravo y Juan Pablo Odetti presentaron formalmente a Cultivar San Luis como representantes de Advanta en la provincia.

El sorgo volvió a ocupar un lugar central en la agenda productiva de San Luis durante la Jornada Agrícola Ganadera de Sorgo, desarrollada en el Centro Ganadero de Villa Mercedes y organizada por Cultivar San Luis, empresa que representa a Advanta Semillas en la provincia.

La actividad reunió a productores, asesores y profesionales vinculados con la agricultura y la ganadería, y permitió abordar distintos aspectos relacionados con el manejo del cultivo, desde la elección de la fecha de siembra y la densidad hasta la fertilización, el control de malezas y plagas, las nuevas tecnologías y las estrategias de cosecha.


En ese marco, los ingenieros agrónomos Belén Bravo y Juan Pablo Odetti presentaron formalmente su representación de Advanta en San Luis, inicialmente enfocada en el cultivo de sorgo. La propuesta apunta a acercar genética, tecnología y conocimiento técnico a los productores de la provincia, tomando como base experiencias desarrolladas en ambientes locales.

Uno de los principales expositores fue el ingeniero agrónomo Matías Madariaga, integrante del área de Advanta Semillas para Córdoba, San Luis y el sur de Santa Fe, quien presentó resultados de ensayos y experiencias vinculadas con los últimos avances tecnológicos aplicados al sorgo.

Madariaga destacó que el objetivo no es plantear al sorgo como un reemplazo del maíz, sino como una alternativa que puede complementar al cultivo en aquellos ambientes donde las condiciones productivas son menos favorables.

La empresa viene realizando ensayos comparativos en distintas regiones del país, utilizando diferentes fechas de siembra y ciclos de sorgo y comparándolos con maíz. El propósito es determinar en qué ambientes cada cultivo puede expresar mejor su potencial.

Los resultados mostraron una tendencia clara: cuando el maíz no alcanza los 4.000 kilos por hectárea, el sorgo presentó rendimientos superiores en las experiencias analizadas. En ambientes intermedios, la diferencia se reduce y ambos cultivos pueden alternar ventajas, mientras que en las zonas de mayor potencial, donde el maíz supera los 8.000 kilos por hectárea, el cereal mantiene una clara ventaja en rendimiento.

Sin embargo, Madariaga remarcó que el análisis no debería limitarse exclusivamente a los kilos obtenidos. “Después, margen bruto, ya es otro cantar”, planteó, al señalar que el productor debe evaluar también los costos de implantación y el resultado económico de cada alternativa.

De esta manera, la estrategia puede pasar por combinar ambos cultivos dentro de un mismo establecimiento, destinando el maíz a los mejores ambientes y utilizando sorgo en sectores donde presenta una mayor estabilidad productiva.

Uno de los principales atributos del sorgo es su rusticidad frente a condiciones ambientales adversas. Los ensayos presentados durante la jornada mostraron que el cultivo presenta una menor caída de rendimiento frente al estrés térmico e hídrico que el maíz.

En situaciones de altas temperaturas, especialmente cuando se acumulan jornadas con registros superiores a los 35 grados, la pérdida de rendimiento del sorgo resulta menor. Algo similar ocurre frente a déficits hídricos.

De acuerdo con los resultados expuestos, cuando las precipitaciones se ubican por debajo de los 500 milímetros, los ciclos intermedios y cortos de sorgo muestran una pérdida de rendimiento más lenta que el maíz.

Esta característica adquiere particular importancia en ambientes donde la disponibilidad de agua es una de las principales limitantes para la producción.

La fecha de siembra, una decisión clave

Madariaga también puso el foco en la importancia de ubicar correctamente el período crítico del cultivo. Para la zona central del país, señaló como referencia una ventana de siembra ubicada entre mediados de noviembre y los primeros días de diciembre.

Las siembras demasiado tempranas pueden generar un alto potencial, pero también exponen al cultivo a una mayor inestabilidad debido a que la floración puede coincidir con las temperaturas extremas de enero.

Por el contrario, un retraso excesivo de la fecha de implantación permite alejar la floración de los momentos de mayor estrés térmico, pero puede trasladar el llenado de grano hacia períodos de menor radiación y temperatura, reduciendo el rendimiento potencial.

La fecha de siembra, por lo tanto, no es un aspecto menor, sino una herramienta fundamental para determinar en qué condiciones ambientales atravesará el cultivo sus períodos más sensibles.

Otro de los puntos abordados fue la densidad de siembra. A diferencia del maíz, donde existe una curva de respuesta más marcada, el sorgo presenta un comportamiento relativamente más estable frente a variaciones en la cantidad de plantas.

La recomendación presentada durante la jornada fue trabajar, como referencia general, con entre 150.000 y 180.000 plantas logradas por hectárea, ajustando el número en función de la productividad del ambiente.

Por debajo de ese rango, el cultivo tiene una importante capacidad de compensación y puede generar macollos y panojas adicionales. Esa característica puede ser beneficiosa cuando existen fallas de implantación, pero también puede generar problemas de uniformidad de madurez al momento de la cosecha.

En el extremo superior, densidades excesivas pueden generar plantas más finas y altas, aumentar la competencia y elevar el riesgo de vuelco o quebrado.

También se destacó la importancia de lograr una buena implantación. La semilla de sorgo es pequeña y, a diferencia del maíz, no tolera bien profundidades excesivas en busca de humedad. Una siembra demasiado profunda puede afectar el establecimiento inicial del cultivo.

Fertilización: el sorgo también responde

La fertilización fue otro de los ejes de la exposición. Madariaga remarcó que no existe una dosis universal y que la recomendación debe surgir del análisis del suelo, el rendimiento objetivo, el ambiente, la fecha de siembra y la estrategia de fertilización.

En el caso del fósforo, destacó su importancia durante las primeras etapas del cultivo, cuando el sorgo presenta un crecimiento relativamente lento y tiene menor capacidad competitiva frente a las malezas.

También subrayó la respuesta del sorgo al nitrógeno. Los ensayos realizados en diferentes ambientes mostraron respuestas económicas a la fertilización nitrogenada, aunque con diferentes niveles de saturación según el potencial productivo.

En ambientes de alrededor de 6.000 kilos por hectárea, la respuesta se observó hasta aproximadamente 100 kilos de nitrógeno. En ambientes de mayor potencial, la respuesta se extendió hacia dosis superiores.

La conclusión planteada fue que el sorgo responde al nitrógeno, pero la dosis debe ajustarse al ambiente y al rendimiento objetivo, evitando inversiones que no tengan retorno económico.

Uno de los cambios más importantes experimentados por el cultivo en los últimos años está relacionado con el manejo de malezas.

Durante mucho tiempo, el control de gramíneas y otras especies agresivas fue una de las principales dificultades del sorgo. La aparición de materiales con tecnología IGrowth, tolerantes a determinados herbicidas, permitió ampliar las posibilidades de manejo.

Madariaga calificó esta tecnología como un cambio significativo para el cultivo, debido a que facilita el control de malezas y permite recuperar superficies destinadas al sorgo.

Sin embargo, insistió en que la tecnología no debe interpretarse como una solución mágica. El manejo integrado, la rotación de principios activos y la utilización correcta de los herbicidas siguen siendo fundamentales para evitar la aparición de resistencias.

El pulgón amarillo, otro desafío

La jornada también permitió profundizar sobre una de las principales amenazas sanitarias del sorgo: el pulgón amarillo.

La elevada capacidad reproductiva de esta plaga hace que una población inicialmente reducida pueda multiplicarse rápidamente y generar daños importantes en pocos días.

En este contexto, Advanta presentó la tecnología Aphix, orientada a brindar tolerancia frente al pulgón. Según explicó Madariaga, no se trata de una tecnología que elimine la plaga, sino que reduce su velocidad de reproducción y otorga mayor margen de acción al productor.

Por ese motivo, el monitoreo continúa siendo indispensable. La tecnología permite ganar tiempo, pero no reemplaza la recorrida de los lotes ni la aplicación de los tratamientos cuando se alcanzan los umbrales correspondientes.

Los ensayos mostrados durante la jornada evidenciaron diferencias importantes entre materiales convencionales y tolerantes, particularmente cuando se registraron altas poblaciones de pulgón y no se realizaron controles.

El manejo no termina con la madurez del cultivo. Según explicó Madariaga, una de las fuentes de pérdidas de rendimiento puede producirse cuando la cosecha se demora.

El sorgo puede continuar generando macollos y nuevos granos cuando permanece demasiado tiempo en el lote, provocando una importante variabilidad de madurez. Esto puede traducirse en panojas y granos secos junto con otros todavía verdes.

Además, el retraso puede incrementar el riesgo de vuelco y pérdidas de panojas antes del ingreso de la cosechadora.

La regulación de la maquinaria también adquiere importancia, especialmente cuando existe una gran variabilidad en el tamaño de las panojas. Parte de ellas puede no ser correctamente capturada por el cabezal y terminar en el suelo.

Respecto del secado, el especialista explicó que sólo tiene sentido cuando el grano alcanzó la madurez fisiológica. Una aplicación anterior puede interrumpir el llenado sin resolver necesariamente el problema de humedad.

Hacia el cierre de su presentación, Madariaga repasó la oferta de Advanta para el cultivo, que incluye materiales graníferos, doble propósito, silaje y forrajeros, además de diferentes tecnologías, entre ellas BMR, IGrowth y Aphix.

También mencionó la existencia de materiales que combinan distintas tecnologías, ampliando las alternativas disponibles para los productores según el ambiente y el destino de la producción.