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INTA y el Ministerio de Desarrollo Productivo acercaron herramientas para potenciar la producción de maíz

La Agencia de Extensión Rural de INTA San Luis y el Ministerio de Desarrollo Productivo de la Provincia realizaron el taller «Hacia una Mayor Producción de Maíz en San Luis: Manejo Adaptativo de la Fertilización», una jornada técnica orientada a brindar herramientas para aumentar la producción del maíz en la región Semiárida Central de Argentina.

La actividad abordó aspectos clave de la fertilidad de los suelos, la dinámica de los nutrientes y las estrategias para definir dosis de fertilización ajustadas a las condiciones particulares de cada lote. El encuentro estuvo a cargo de los especialistas de INTA San Luis, Ing. Agr. M.Sc. Jorge Mercau y Ing. Agr. Dr. Juan Cruz Colazo, quienes brindaron capacitación a más de 30 profesionales de la agronomía, que trabajan en la región y a estudiantes de la Ingeniería Agronómica de la UNSL.

Comprender la fertilidad en los ambientes semiáridos


En el comienzo del taller, Jorge Mercau, especialista en ecofisiología y agroecosistemas de INTA Agencia San Luis, enmarcó el «Manejo de la fertilidad hacia el semiárido”, donde el énfasis es un manejo que debe reiterar acciones en el tiempo para construir la fertilidad que de sostén a los rendimientos.

El disertante destacó que la fertilidad debe entenderse como un concepto integral que involucra aspectos físicos, químicos y biológicos del suelo. Explicó que los sistemas agrícolas del centro de San Luis enfrentan desafíos vinculados a la variabilidad de la oferta hídrica, que con frecuencia limita el rendimiento, a sus texturas arenosas que tener altos niveles de materia orgánica, y a la exportación neta de nutrientes críticos para la productividad, problema extendido en toda el área agrícola Argentina.

Remarcó la importancia de planificar la fertilización considerando balances de nutrientes que eviten llegar a niveles críticos donde se deprime la productividad, compartiendo una estrategia de manejo del fósforo en particular, considerando reposición, mantenimiento y minería razonable, y del zinc, en base a umbrales desarrollados en redes de ensayo, de las que la Experimenta San Luis del INTA fue parte.

Efluentes y residuos: de pasivo ambiental a recurso productivo

La segunda exposición estuvo a cargo de Juan Cruz Colazo, investigador de INTA San Luis y docente de la Universidad Nacional de San Luis, quien presentó la charla «Efluentes y residuos: una oportunidad para mejorar los suelos puntanos».

Durante su presentación, Colazo señaló que muchos suelos de la provincia presentan bajos niveles de carbono orgánico y un balance negativo de nutrientes, especialmente fósforo. Frente a esta realidad, planteó la posibilidad de aprovechar estiércoles, digestatos de plantas de biogás, efluentes agroindustriales y algunos residuos de origen minero como herramientas para recuperar fertilidad y mejorar la calidad de los suelos.

El especialista compartió resultados obtenidos en sistemas productivos reales de San Luis, donde la aplicación planificada de estos materiales permitió mejorar rendimientos, incrementar la disponibilidad de nutrientes y contribuir a la recuperación de la materia orgánica del suelo.

Además, destacó que el uso agronómico de estos recursos debe realizarse bajo criterios técnicos, mediante planes de manejo que contemplen análisis de suelo, monitoreo de nutrientes y protección de los recursos hídricos. También resaltó el aporte de estas prácticas al desarrollo de modelos de economía circular, capaces de transformar residuos en insumos de valor para la producción agropecuaria.

Cómo funciona el nitrógeno en el sistema productivo

Luego de la pausa, Jorge Mercau retomó el trabajo del taller abordando «Dinámica del nitrógeno y posibles pérdidas», enfocada en uno de los nutrientes más importantes para la productividad del cultivo de maíz.

Durante la charla explicó los distintos procesos que regulan la disponibilidad de nitrógeno en el suelo, incluyendo la mineralización de la materia orgánica, la absorción por los cultivos, la inmovilización microbiana y las pérdidas por volatilización, lixiviación y desnitrificación.

Mercau enfatizó la importancia de conocer la oferta de nitrógeno mineral antes de la siembra, en dos metros del perfil del suelo. Según mostró a partir de experiencias regionales, los niveles de nitrato pueden variar considerablemente entre ambientes y campañas, por lo que una adecuada caracterización del lote permite reducir errores y mejorar la eficiencia de las decisiones de fertilización.

También analizó prácticas destinadas a minimizar pérdidas, enfocando en particular la volatilización de amoníaco desde aplicaciones superficiales con urea, que son muy importantes y se hacen cero si se incorpora el fertilizante, o se pueden mitigar usando protectores. También enfatizó que, por el contrario, la pérdida por drenaje profundo del nitrógeno de los fertilizantes es altamente improbable, y que desmitificar esa creencia permite tomar mejores decisiones de fertilización.

Fertilización adaptativa para ambientes variables

La última parte del taller estuvo dedicada a la «Definición de la dosis de fertilizante nitrogenado», donde Mercau presentó herramientas de decisión desarrolladas específicamente para los ambientes semiáridos del centro del país.
El especialista mostró que la respuesta del maíz al nitrógeno no es fija, sino que depende de dos factores principales: la disponibilidad inicial de nitrógeno en el suelo y el rendimiento que puede alcanzar el cultivo según la oferta de agua y las condiciones ambientales de cada campaña.

A partir de numerosos ensayos realizados en San Luis, explicó que los modelos de fertilización adaptativa permiten integrar información sobre humedad almacenada en el perfil, disponibilidad de nitrógeno y potencial de rendimiento para ajustar las dosis de manera más eficiente y rentable. La propuesta planteada busca abandonar las recomendaciones generales y avanzar hacia decisiones específicas para cada lote, cada ambiente y cada año productivo.

Un aporte para la productividad del agro puntano

El taller dejó como mensaje central que la fertilización debe ser entendida como un componente estratégico de la agricultura del semiárido. El conocimiento de los ambientes, el monitoreo de los nutrientes disponibles, la utilización responsable de efluentes y residuos orgánicos y la adopción de criterios adaptativos para definir las dosis de fertilización, constituyen herramientas concretas para incrementar la producción de maíz. Un cultivo que aporta a la fertilidad del sistema agrícola y, a la vez, permite el crecimiento de la ganadería intensiva, en una región con alto potencial para la integración de empresas agropecuarias, y también es el insumo que dio la oportunidad de desarrollo de empresas industriales que a su vez potencian el crecimiento del cultivo.