
Sergio, ¿Qué te moviliza en este tiempo de coronavirus y cuarentena? me preguntó un amigo.
Tengo una lista. Pero voy a iniciar por dos, simples: El silencio del barrio y la relatividad del tiempo…
El silencio
Vivo en un barrio tranquilo. Pero en una calle que actúa como colectora de varios barrios donde residen varios miles de personas. Por las mañanas, temprano, comienzan a pasar autos, camiones, micros locales y de los que colectan trabajadores para llevar a las fábricas. Mucho ruido. Mucho tránsito. Las tardes son similares.
En las noches, algunos vecinos hacían asado hacia el fin de semana, con música y karaoke incluido (de calidad, ni hablar). Otros, devotos de la cumbia y el cuarteto, más alejados, se hacían sentir con sus parlantes de gran potencia todos los días.
En este tiempo todo se ha apagado…
Lo que se sigue percibiendo como ruido conocido es el paso del camión recolector de residuos, entre las 16 y 17; el paso del camión que lleva el resto de residuos, hojas, vidrios, césped, plásticos, etc. a las 7 am de los martes y viernes.
Y después… la nada…
Las primeras noches de la cuarentena asustaba el silencio. Parecía el preludio de una gran tormenta. O una mudanza masiva. Hasta las luces se apagan más temprano en las viviendas aledañas. Ahora ya me estoy haciendo amigo de esa tranquilidad. El problema va a ser cuando volvamos a la normalidad. Qué normalidad? Cuál es la normalidad?
Aclaro que vivo encerrado la mayor cantidad de tiempo posible porque soy población de riesgo. No por edad… aún.
La relatividad del tiempo
Con mis compañeros de trabajo solemos compartir charlas sobre cómo se tabula el tiempo en el ámbito urbano y en el ámbito rural.
Cuando estamos en la oficina nos regimos por los compromisos urbanos. Tenemos horario de ingreso y salida. A determinada hora debemos enviar informes. A determinada hora debo «subir» a las redes la información que originamos. De tal hora a tal otra, hay una reunión. Debemos conectarnos vía digital a determinada hora con nuestros contactos en otras provincias o en la central del Ministerio, etc. etc. Todo está controlado y reglamentado a través de un factor sustancial: el tiempo. Al cual hay que ir nutriendo con tareas…
Cuando tenemos que salir al campo todo se modifica. Ante todo, vivimos lo que se denomina «tiempo muerto» de viaje; es decir, el tiempo que tardamos en trasladarnos hasta el campo. Pero lo que más resuena en nuestro interno es que en el ámbito rural no se guían por el reloj. El tiempo se mide por otros parámetros. Tan valederos como los urbanos. Pero sustancialmente diferentes. Las horas, minutos y segundos cambian por día y noche. Comienzo y terminación de la tarea. Alimentación y bebida cuando ésta termina. charlas extendidas, necesarias, para compartir la vida y conocerse. Esta última, poco entendida desde la perspectiva urbana, dado que el tiempo «es oro» y no podemos detenernos a tomar mate y charlar de la vida. Se toma mate mientras se desarrolla una tarea. No se puede «perder» tiempo en minucias. Además el mate está mal visto. En muchos lugares, prohibido.
De repente… el coronavirus nos colocó frente a un espejo que no esperábamos.
Nos levantamos a la mañana sin obligación de horario. Si nos disponemos a hacer algún trabajo manual o intelectual en la casa, no importa si almorzamos en horario diferente al habitual cuando estamos en la oficina. Total, no hay apuro. y si dormimos una siesta? siesta? qué es eso? no estaba acostumbrado. La tarde está linda para salir a la galería a tomar unos mates. Cenar? se puede postergar el horario… Ir a dormir? podemos estirar el día, al fin y al cabo mañana no tengo obligación de levantarme temprano para ir al trabajo…
Este simple ejercicio de 24 horas nos modificó por completo la rutina urbana. Si bien la primera semana quedamos atrapados por la inercia con la que veníamos, con el correr de los días todo se ha modificado. A punto tal que ahora podemos entender mejor lo que antes no se comprendía del ámbito rural. La experiencia es necesaria.
Ahora se puede comprender mejor el invento que es el tiempo y su relatividad. Está armado de acuerdo con los parámetros que nos obliga el sistema. Y el sistema es impiadoso. cual Gran Hermano deben estar monitoreadas las 24 horas de nuestras vidas.
Si hasta parece que los días pasan más lentos. ¿Tienen esa percepción?
«El tiempo es tirano» nos dicen quienes están por encima nuestro en la escala de roles en la empresa o en la administración. También lo escuchamos en los medios de comunicación. Los primeros para dominar mejor nuestra vida y nuestra «culpa» respecto de cómo «rendimos» para acrecentar sus arcas. Los segundos para sacarse de encima un entrevistado con quien no comparten lo que dice, mientras que antes de ir al corte permanecen hablando durante diez minutos del ciclista que burló los controles. La vara con que se mide lo «tirano» del tiempo es directamente proporcional al poder que se ejerce respecto del otro con el que interactuamos.
En la quietud de la noche, copa de cabernet sauvignon de por medio, me preguntaba si después de este parate mundial podremos resignificar nuestros parámetros de vida y nos daremos permiso para hacer prevalecer la verdadera «calidad de vida» por sobre el «tener cosas materiales» como elemento dinamizador social. Sólo la salida de la cuarentena y el sendero por el cual encaucemos nuestra vida nos dará la respuesta desde lo empírico. Pero vale la pena hacerse las preguntas y responderse sin trampas. Desnudando nuestro interno.
Sergio Garis










