Maricel Aguilar regresó a San Luis tras recibirse y, en poco tiempo, asumió la responsabilidad técnica de más de 5.000 hectáreas agrícolas. Al frente de tres establecimientos de la firma Diaser, coordina equipos, planifica campañas y enfrenta los desafíos productivos y culturales de un rubro donde las mujeres todavía son excepción.
En las oficinas de la Estancia Los Puquios, en plena campaña de soja y con las cosechadoras trabajando a ritmo sostenido, Maricel Aguilar repasa decisiones, números y estrategias con la naturalidad de quien lleva años en el oficio. Sin embargo, su historia es reciente. Con apenas un puñado de campañas encima, esta ingeniera agrónoma se convirtió en la responsable técnica de tres estancias agrícolas en San Luis, un rol que exige liderazgo, conocimiento y capacidad de gestión en un ámbito tradicionalmente dominado por hombres.
Oriunda de la ciudad de San Luis, Aguilar dejó su provincia en 2016 para estudiar en Río Cuarto. “Tenía un hermano allá y por una cuestión de logística familiar decidieron que me fuera también”, recordó al recibir a este medio en Estancia Los Puquios, 15 kilómetros al este de la ciudad de San Luis. Tras completar su formación en 2024, regresó a su lugar de origen con la intención de abrirse camino en un sector al que no estaba ligada por tradición familiar.
Su ingreso a la firma Diaser fue, como el de tantos jóvenes profesionales, a través de un proceso de selección. “Mandé el currículum, me llamaron en marzo y en abril ya estaba trabajando”, contó. La propuesta inicial era desempeñarse como controladora de cosecha, bajo la supervisión de otro ingeniero. Pero el rumbo cambió rápidamente. A los dos meses, la salida de ese profesional la dejó frente a una decisión clave.
“El gerente me preguntó si quería hacerme cargo sola o buscar a alguien más. Le dije que lo intentaba”, relató. Ese fue el punto de inflexión. Desde entonces, Aguilar asumió la planificación integral de las campañas, la coordinación de las labores y el monitoreo de los cultivos, afirmándose como responsable de producción.
Hoy lidera un equipo de siete personas, con quienes articula tareas técnicas, mientras que otras áreas, como la logística y la administración, cuentan con soporte específico. “Traccionamos todos para el mismo lado, eso es fundamental”, destacó.
El desafío no es menor. Bajo su órbita se encuentran tres establecimientos: Los Puquios, con 4.100 hectáreas; Santa Lucía, cerca de Fraga, con 412; y Santa Bárbara, en Liborio Luna, con 610, lo que suma alrededor de 5.100 hectáreas dedicadas íntegramente a la agricultura. El esquema productivo está fuertemente orientado al maíz, destinado en gran parte a abastecer la planta de bioetanol que la firma posee en Villa Mercedes, mientras que la soja cumple el rol de reserva financiera.



“La planta consume unas 1.000 toneladas de maíz por día. Es muchísimo. Nosotros aportamos una parte, pero está lejos de autoabastecerse”, explicó. En ese contexto, cada decisión agronómica impacta directamente en la cadena productiva.
La organización del trabajo combina maquinaria propia, para siembra y pulverización, con servicios tercerizados en momentos clave, como la cosecha. Durante las ventanas críticas, el ritmo es intenso. Turnos de 24 horas permiten sembrar hasta 120 hectáreas por día, en un esquema que exige precisión y coordinación.
A esto se suma la variabilidad ambiental. “Hay lotes muy buenos, otros de calidad media y algunos más limitados. Incluso dentro del mismo campo hay diferencias de hasta 70 milímetros de lluvia acumulada”, detalló. Esa heterogeneidad se refleja en los rindes, que pueden oscilar notablemente según el manejo y las condiciones.
En soja, la campaña reciente estuvo marcada por eventos climáticos adversos, como tormentas de granizo que obligaron a resembrar y afectaron los resultados. Aun así, Aguilar pone el foco en el aprendizaje y la mejora continua.
Uno de los aspectos que más la interpeló al asumir fue la falta de registros históricos. “No había cuadernos de recorrida ni datos sistematizados. Empecé a armar un historial con lo que encontré y sumé herramientas como pluviómetros para tener información más precisa”, explicó. Para ella, la construcción de datos es clave para tomar decisiones más eficientes a futuro.


En paralelo, avanza en la optimización de planteos técnicos, como la elección de híbridos de maíz y la implementación de ensayos a campo. “La idea es simplificar la cantidad de materiales y generar información local que nos permita ajustar mejor las recomendaciones”, señaló.
Pero más allá de lo productivo, su experiencia también pone en evidencia las barreras culturales que aún persisten. “Sabía que me iba a costar porque es un ambiente muy masculino y yo no tenía experiencia previa ni familia en el rubro”, reconoció. Los primeros meses fueron exigentes, no solo por la responsabilidad técnica, sino también por la necesidad de construir legitimidad dentro del equipo.
“Hay que ganarse el lugar. Yo me propuse estar, acompañar, involucrarme en cada tarea, a cualquier hora”, contó. Con el tiempo, ese compromiso dio resultados. Hoy destaca la respuesta del grupo de trabajo y el clima de colaboración logrado.
El respaldo de la empresa también fue determinante. Aguilar resaltó la apertura de la dirección y la confianza depositada en su criterio. “Me dieron libertad para trabajar, siempre con una mirada puesta en los números, pero sin interferir en lo técnico”, afirmó.
Su caso no solo refleja una trayectoria personal, sino también un cambio gradual en el sector agropecuario. Aunque todavía son minoría, cada vez más mujeres acceden a roles de decisión y gestión en el campo, aportando nuevas miradas y formas de trabajo.
“Creo que tiene que ver con las personas que están al frente de las empresas y con el recambio generacional”, analizó. En su experiencia, el acompañamiento y la confianza fueron claves para poder desarrollarse.
Mientras la cosecha avanza y la próxima campaña empieza a tomar forma, Maricel Aguilar continúa consolidando su lugar en el agro, combinando conocimiento técnico, capacidad de gestión y una determinación que desafía estereotipos. En un sector donde el cambio suele ser lento, su historia marca un rumbo posible.











