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San Pedro, la estancia puntana que nació del esfuerzo inmigrante y se convirtió en símbolo del progreso rural

En el corazón de la zona rural de La Petra, en jurisdicción del Departamento Pringles, se levantaba hacia mediados del siglo XX uno de los establecimientos agropecuarios más representativos de la región puntana, la estancia “San Pedro”, propiedad de Margarita Mattalia viuda de Risma e hijos. Ubicada a 10 kilómetros de la estación Eleodoro Lobos y a 37 kilómetros de la ciudad de San Luis, la finca era atravesada de este a oeste por la ruta nacional que unía San Luis con La Toma, constituyéndose en un punto estratégico para la producción rural de la época.

Con una extensión de 2.300 hectáreas totalmente alambradas y divididas en ocho potreros, el establecimiento contaba con cinco molinos y las instalaciones necesarias para el desarrollo de una intensa actividad agrícola y ganadera. En sus campos se cultivaban maíz, trigo y centeno, mientras que en el plano pecuario sobresalía la cría de ganado vacuno de raza Shorthorn, mantenido bajo estrictos criterios de uniformidad y calidad.

La vida familiar transcurría en tres viviendas distribuidas dentro de la propiedad. En la casa principal residía doña Margarita Mattalia, mientras que las restantes eran habitadas por algunos de sus hijos junto a sus respectivas familias, consolidando así una estructura de trabajo y convivencia profundamente arraigada al campo.


El origen y crecimiento de “San Pedro” estuvo estrechamente ligado a la figura de don Pedro Risma, inmigrante italiano de origen piamontés que llegó a la Argentina en 1909 junto a su esposa. Tras permanecer dos años en Mackenna, provincia de Córdoba, el matrimonio decidió radicarse definitivamente en la región de La Petra, donde comenzó una ardua tarea de colonización y desarrollo rural a partir de 1911.

Con espíritu emprendedor y una notable capacidad de trabajo, Pedro Risma impulsó el crecimiento productivo de la zona, llegando a contar con ocho medieros en su establecimiento, hecho que evidenciaba la magnitud de su empresa agrícola. Su labor fue clave para el progreso agropecuario regional, en tiempos marcados por las dificultades climáticas, las malas cosechas y los bajos precios de mercado.

La historia de la familia Risma estuvo atravesada también por la adversidad. El 14 de octubre de 1938 falleció don Pedro, dejando a su esposa y a sus trece hijos en una delicada situación económica. Sin embargo, lejos de resignarse, doña Margarita asumió la conducción del establecimiento con determinación y valentía. Con la colaboración permanente de sus hijos, especialmente de los varones, encargados de las tareas rurales, la familia logró superar las deudas, recuperar la estabilidad económica y continuar ampliando el patrimonio productivo.

Gracias a una administración austera y eficiente, “San Pedro” se consolidó como un verdadero emporio de trabajo y producción en la región. La estancia no solo mantuvo el nivel alcanzado por su fundador, sino que continuó creciendo bajo la dirección de Margarita Mattalia y el esfuerzo colectivo de toda la familia.

Los trece hijos del matrimonio Risma Mattalia fueron Albino, casado con Rosa Cavallero; Juan; Pedro, casado con Estela Baudino; Atilio; Federico; María Margarita, casada con Gregorio Ojeda; Ana María, casada con Bartolomé Ugenini; María Magdalena, casada con Pedro Cerchi; Ernestina, casada con Benito Mazonatt; Rosa, casada con Florentino Cerizola; Pierina, casada con Tagliente; Margarita, casada con Orlando Debatista; y Lidia.

Con el tiempo, y concluida la sucesión de su esposo, doña Margarita otorgó independencia económica a varios de sus hijos, quienes continuaron viviendo y trabajando dentro del mismo establecimiento, perpetuando así el legado familiar y el arraigo a la tierra que caracterizó a la familia Risma desde sus primeros años en San Luis.

Hoy, varios de sus descendientes producen en la misma zona, donde también viven con sus respectivas familias.

(Esta historia fue obtenida del “Álbum Biográfico: Provincia de San Luis”, edición de 1950, publicado por Ediciones Plot de Córdoba, y compartida con El Semiárido por el ingeniero agrónomo Ramiro Goncalvez).