La indignación, el miedo y la sensación de abandono volvieron a apoderarse de los productores rurales de la zona de Justo Daract tras un nuevo episodio de abigeato que reavivó un problema que, según denuncian los propios damnificados, se ha transformado en una verdadera pesadilla cotidiana.
En las últimas horas, grupos de WhatsApp integrados por productores agropecuarios se convirtieron en el escenario de un fuerte intercambio de mensajes luego de que trascendiera la faena clandestina de bovinos en establecimientos rurales cercanos a la localidad. La preocupación no se limita únicamente a la pérdida económica que implica el robo de animales, sino también a la creciente sensación de impunidad que denuncian quienes viven y trabajan en el campo.
Uno de los productores afectados relató que se disponía a formalizar la denuncia y cuestionó la falta de respuestas concretas frente a una problemática que, lejos de disminuir, parece profundizarse con el paso del tiempo.
«Siguen entrando y saliendo del pueblo, incluso venden públicamente la carne», expresó con frustración, reflejando un sentimiento compartido por numerosos productores que aseguran que los delincuentes actúan sin temor a ser identificados o castigados.
Las denuncias que circularon entre los grupos rurales describen una situación alarmante. Productores aseguran que los robos ya no se limitan al abigeato tradicional, sino que incluyen reiteradas violaciones a la propiedad privada, generando un clima de creciente inseguridad.
«Hoy es una vaca, mañana puede ser un bolsón de maíz y después un tractor», advirtió uno de los mensajes, reflejando el temor de que la escalada delictiva continúe avanzando sobre las explotaciones agropecuarias.
El cansancio acumulado también quedó expuesto en los testimonios. Algunos productores reconocieron que, ante la falta de resultados, muchos han dejado de realizar denuncias porque consideran que representan una pérdida de tiempo sin consecuencias para los responsables.












«Es la tercera vez que me visitan. Esta vez se llevaron una vaca enlazada», relató otro damnificado, mientras que otro productor fue aún más contundente al señalar que «la impunidad es terrible».
La bronca también alcanzó a la dirigencia política y al sistema judicial. En varios mensajes se cuestionó duramente la falta de avances en las investigaciones y la escasa efectividad de las medidas adoptadas para combatir el delito rural.
Según denunciaron algunos productores, las causas terminan archivadas por falta de pruebas, testigos o registros fílmicos, mientras los responsables continúan operando sin mayores obstáculos.
Las acusaciones fueron incluso más lejos. Algunos sostienen que la carne obtenida de manera ilegal sería ofrecida abiertamente a través de Facebook, Instagram y otros canales informales, llegando incluso a comercializarse mediante sistemas de reparto a domicilio dentro de Justo Daract.
«La realidad es que nadie parece estar tomando este tema con la rigurosidad que merece», lamentó uno de los participantes de la conversación, quien cuestionó tanto la falta de respuestas políticas como judiciales.
Frente a este escenario, comenzó a surgir entre los productores la necesidad de impulsar acciones conjuntas para enfrentar una problemática que consideran cada vez más grave. En varios mensajes se propuso la realización de reuniones entre todos los actores involucrados para buscar soluciones concretas antes de que la situación derive en consecuencias aún más preocupantes.
El reclamo que emerge desde los campos de la región es contundente. Los productores sostienen que la inseguridad rural avanza sin freno, que los delincuentes se sienten cada vez más fortalecidos por la ausencia de castigos y que la paciencia de quienes viven y trabajan en el campo comienza a agotarse.
Mientras tanto, en los establecimientos rurales cercanos a Justo Daract, crece la sensación de que la próxima víctima podría ser cualquiera. Y con ella, la certeza de que el problema ya dejó de ser un hecho aislado para convertirse en una amenaza permanente para toda la comunidad agropecuaria.











