Los cursos emplazados en la zona de las Sierras Pampeanas exhiben un caudal continuo a pesar de ser elevaciones de altitud moderada, carecer de glaciares y recibir precipitaciones estacionales. Una investigación liderada por el geólogo Iván Barbero (GEA-IMASL), que analizó 25 cuencas en la región, demostró que la roca expuesta y la altitud, al promover el escurrimiento y evitar la absorción por la vegetación, permiten un caudal mayor al estimado por los modelos generales.
En general, se considera a las montañas o a las sierras como accidentes topográficos inmóviles y que solo inciden en el relieve. Sin embargo, cumplen un papel fundamental en la regulación de los ríos y eso se manifiesta también en las Sierras Pampeanas, un sistema vital que provee agua a las principales ciudades de la región. A pesar de ser elevaciones de altitud moderada (2000 y 3500 metros sobre el nivel del mar), carecer de glaciares o nieve permanente, y recibir precipitaciones eminentemente estacionales, los cursos de esta zona del centro del país mantienen un caudal continuo durante todo el año.
El efecto de la roca expuesta
Una investigación encabezada por Iván Barbero, geólogo que pertenece al Grupo de Estudios Ambientales – Instituto de Matemática Aplicada San Luis (GEA-IMASL- UNSL-Conicet), demuestra cómo los afloramientos de roca expuesta resultan fundamentales para que los ríos que discurren por la región tengan agua de forma permanente. El trabajo, que se incluye dentro de su tesis de doctorado y en la que son coautores los científicos Marcelo Nosetto, Esteban Jobbágy y María Poca, analizó el rendimiento hídrico de 25 cuencas de las Sierras Pampeanas, donde los valores de precipitación varían entre los 350 y 850 milímetros al año y se concentran entre los meses de octubre y abril.
Al estudiar los datos de las cuencas según los modelos hidrogeológicos generales, surgía una discrepancia importante: el caudal estimado era menor al que se verifica en la realidad. «Los modelos anteriores, a grosso modo, indican que el rendimiento hídrico se vincula mucho con la precipitación, pero nuestro trabajo demostró que el rendimiento hídrico era mayor del que cabría esperar. Vimos que la diferencia entre lo observado en las cuencas y lo estimado por los modelos se explicaba mucho por los afloramientos de roca expuesta», señaló Barbero.

La existencia de rocas libres de vegetación en las zonas altas de las cuencas cumple una función hidrogeológica central. «La precipitación y la aridez son los principales controles, pero empezamos a ver que había controles más específicos, como la cobertura de roca. La proporción de roca expuesta de las cuencas era una variable que tenía mucha influencia; interpretamos que la roca expuesta que está en las cabeceras de estas cuencas promueve el escurrimiento y la infiltración del agua, y evita que el agua sea absorbida por la vegetación», dijo.
«Tenemos que tener en cuenta que en la región de las Sierras Pampeanas nos encontramos en un entorno semiárido en el centro de Argentina, donde el agua se evapora o se infiltra, y las sierras se transforman en proveedoras de agua. Las cuencas que nacen en las partes altas de la sierra son muy importantes. Hay roca, más precipitaciones y menos temperatura, por lo que el agua no se evapora tan rápido», añadió Barbero.
Variables topográficas
El geólogo destacó que dentro del análisis de la roca expuesta en las cuencas y su impacto en el rendimiento hídrico emergen variables topográficas significativas, como el rango de altitud. «El rango de altitud es la altitud máxima menos la mínima de la cuenca, esto promueve un caudal base (base flow, flujo de agua que no proviene de forma inmediata de las precipitaciones). Lo que nosotros creemos es que una mayor diferencia de altitud genera una mayor energía potencial para que el agua se infiltre y luego salga como caudal base en el curso de agua», detalla el geólogo.
Otra variable topográfica relevante es la pendiente media, que se vuelve un factor crítico en los sectores que registran más lluvias de las Sierras Pampeanas. «En estas cuencas, como ya tienen bastante precipitación, el efecto topográfico de la pendiente es lo que va a promover el mayor escurrimiento de los ríos. En zonas húmedas con mayor pendiente tenés un mayor rendimiento hídrico o un mayor caudal», detalló el científico.

Delimitación de cuencas, discontinuidades y vegetación leñosa
Barbero reconoció que las discontinuidades (grietas o fallas) en los macizos rocosos constituyen espacios por los que se canaliza el agua, aunque subrayó que es un efecto bastante difícil de evaluar a la escala en la que se realizó el estudio. Además, resaltó que en el análisis se trató de evaluar cuencas que no tienen diques, para evitar las alteraciones que eso genera en los caudales de los ríos. El trabajo, que se hizo de manera remota, delimitó las cuencas a través de sistemas de representación geográfica, de los que se extrajeron las variables topográficas, geológicas y climáticas. Los datos de caudal fueron obtenidos de las estaciones de monitoreo de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación.
En definitiva, los macizos rocosos de la región generan mecanismos por los que el agua de las precipitaciones no es absorbida por la vegetación. La presencia de vegetación leñosa (bosques y arbustos) reduce el volumen de agua o el rendimiento hídrico en las cuencas. «Hay varios trabajos que demuestran que la vegetación leñosa, al consumir más agua, disminuye los caudales de los ríos», fundamentó Barbero.
La presencia de roca expuesta garantiza así la estabilidad en el caudal de los ríos de la región, al permitir que la precipitación prevalezca sobre la evapotranspiración. «El sistema de Sierras Pampeanas es distinto al de la Cordillera de los Andes. Es más bajo, no hay nieve ni glaciares permanentes, aunque tiene mecanismos que permiten que el agua escape a la vegetación, que se canalice a través de los ríos y que pueda estar disponible para su uso. La mayoría de los ríos en las Sierras Pampeanas son permanentes, no se secan completamente, sino que disminuyen su caudal», señaló el científico.
La publicación arriba a un dictamen concluyente que resalta la importancia de las Sierras Pampeanas como factor regulador del caudal de los ríos. «Si San Luis, con este mismo clima, fuera una llanura, tendría un rendimiento hídrico menor», señaló Barbero, quien agradeció a la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) y el Conicet por permitir el desarrollo de la investigación.
Prensa FCFMyN












