El presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos y Profesionales Afines de San Luis, Rodrigo Becerra, participó del Congreso Internacional de Drones realizado en Tucumán. Destacó el crecimiento de esta tecnología en las aplicaciones de fitosanitarios y advirtió que el principal desafío no pasa solamente por registrar los equipos, sino por capacitar a quienes los operan. “No se trata solamente de pilotear”, sostuvo.
La utilización de drones para aplicaciones agrícolas dejó de ser una novedad tecnológica para transformarse progresivamente en una herramienta de trabajo dentro de los sistemas productivos. Ese crecimiento plantea nuevos desafíos para San Luis, como registrar las aeronaves, establecer reglas claras para su utilización y, fundamentalmente, garantizar que quienes estén detrás de los equipos tengan los conocimientos necesarios para realizar aplicaciones de fitosanitarios de manera segura y eficiente.
Con esos objetivos en agenda, el presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos y Profesionales Afines de San Luis (CIAPASL), Rodrigo Becerra, participó del Congreso Internacional de Drones (CID), realizado en Tucumán, donde especialistas nacionales e internacionales analizaron los avances tecnológicos, la calidad de las aplicaciones, las experiencias disponibles y los desafíos regulatorios que acompañan el crecimiento de estos equipos.
Para el CIAPASL, el encuentro tuvo especial importancia debido al trabajo que la entidad profesional viene desarrollando junto al Gobierno de San Luis para avanzar en el ordenamiento de esta actividad.

“Es una temática muy importante, más porque estamos trabajando hoy en día con el Gobierno de la provincia de San Luis con la finalidad de poder hacer lo que corresponde al registro de todas estas aeronaves y, principalmente, por la participación que tienen en actividades como la aplicación de agroquímicos”, explicó Becerra.
Según señaló, el uso de drones está adquiriendo cada vez mayor relevancia dentro de las actividades productivas provinciales. Por esa razón, uno de los principales objetivos de la participación del Colegio en el congreso fue conocer cuál es la situación de San Luis frente a las normativas nacionales y observar, al mismo tiempo, qué caminos están siguiendo otros países.
El carácter internacional del encuentro permitió conocer experiencias de Europa y analizar cómo diferentes regiones están abordando la incorporación de estas tecnologías al ámbito agrícola.
“Vinimos en representación del Colegio para poder conocer cómo estamos en la provincia de San Luis con respecto a las normativas nacionales. Esto también nos abre las puertas para analizar qué es lo que pasa a nivel internacional”, indicó Becerra.
Menos volumen y mayor precisión
Uno de los principales ejes técnicos del Congreso estuvo relacionado con la calidad de las aplicaciones. La irrupción de los drones obliga a revisar algunos de los parámetros tradicionalmente utilizados en las pulverizaciones agrícolas y abre un terreno todavía en desarrollo para la investigación.
Becerra explicó que actualmente se trabaja con volúmenes considerablemente inferiores a los habituales en otros sistemas de aplicación.
“Estamos trabajando con bajo volumen, generalmente en aplicaciones de 12 o 15 litros por hectárea, y lo que hablan los expertos es poder bajar aún más la concentración de los caldos, llevarlos al orden de los 6 u 8 litros por hectárea”, detalló.
Ese cambio no consiste simplemente en utilizar menos líquido. La eficiencia depende de un conjunto de variables que incluyen el tamaño de las gotas, las características de las formulaciones, la utilización de coadyuvantes y las condiciones en las que se realiza cada aplicación.
Uno de los puntos centrales es reducir los riesgos de deriva, un aspecto especialmente sensible cuando se trabaja mediante aplicaciones aéreas.
De acuerdo con Becerra, los especialistas analizaron alternativas vinculadas al tamaño de gota y a formulaciones que permitan alcanzar de manera más eficiente el objetivo.
El uso de buenos coadyuvantes y de formulaciones adecuadas puede contribuir a la formación de las gotas y a mejorar su llegada al blanco, aspectos que terminan siendo determinantes para la eficiencia del tratamiento.





Una tecnología que todavía necesita investigación
El rápido crecimiento de los drones agrícolas también presenta una particularidad: la tecnología avanza a una velocidad mayor que la generación de información experimental disponible.
Por tratarse de equipos relativamente recientes dentro de las aplicaciones agrícolas, todavía existe un amplio campo para desarrollar investigaciones que permitan determinar con mayor precisión cómo se comportan bajo diferentes condiciones productivas y ambientales.
“Una de las cosas principales que se resalta en el Congreso son las experiencias que se están teniendo con respecto a la eficientización de los trabajos aéreos con estos equipos y cómo se está estudiando también, porque al ser tan reciente y moderno es poco lo que hay en trabajos de investigación”, sostuvo el titular del CIAPASL.
La evolución también puede observarse en el tipo de productos aplicados. Según explicó Becerra, en las primeras etapas los drones estuvieron vinculados principalmente con tratamientos mediante insecticidas y fungicidas, pero progresivamente comenzaron a ganar espacio en aplicaciones que involucran herbicidas.
Esa ampliación de los usos vuelve todavía más importante la profesionalización de la actividad.
“No se trata solamente de pilotear”
Precisamente, uno de los mensajes que Becerra recogió con mayor fuerza durante el Congreso estuvo relacionado con la capacitación.
El avance tecnológico simplificó considerablemente el manejo de las aeronaves. Sin embargo, esa facilidad para controlar el equipo puede generar una percepción equivocada sobre la complejidad de una aplicación agrícola.
Para el presidente del Colegio, saber conducir un dron no significa necesariamente estar capacitado para aplicar productos fitosanitarios.
“Lo que se habla mucho acá es el tema de capacitación y formación. No se trata de que los operadores de drones sean meros conductores a través de un joystick, sino que tiene que ser gente capacitada principalmente en el manejo de los agroquímicos. Porque no se trata solamente de pilotear”, remarcó.
Becerra utilizó un ejemplo para marcar esa diferencia: debido al desarrollo de los sistemas automáticos y a lo intuitivo de los controles actuales, manejar determinados movimientos de un dron puede resultar relativamente sencillo. La verdadera responsabilidad comienza cuando ese equipo se utiliza como herramienta de aplicación.
“El problema reside en lo que estamos transportando. El dron es solamente un equipo de transporte. Lo que vamos a depositar es lo que tiene riesgo”, señaló.
Por eso, consideró indispensable que los operadores tengan conocimientos sobre los productos utilizados, las condiciones ambientales, la calidad de aplicación y las medidas de seguridad necesarias.
“Ahí es donde la información tiene que estar a pie de cañón, donde nos tenemos que formar y donde cada uno de los operarios tiene una responsabilidad crucial al momento de realizarlo”, agregó.

Rodrigo Becerra con Federico Elorsa, coordinador Técnico de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE).
Responsabilidades compartidas
El crecimiento de la tecnología también obliga a establecer claramente las responsabilidades de quienes participan de una aplicación.
En ese esquema, los profesionales agronómicos cumplen un papel central en la planificación y supervisión técnica, pero Becerra remarcó que la responsabilidad también alcanza a quienes operan directamente las aeronaves.
“Por un lado están los profesionales, que somos los que tenemos que velar por esa seguridad, pero, por otro lado, cada uno de los operadores de los equipos tiene que conocer en profundidad y con exactitud lo que está haciendo”, sostuvo.
La capacitación fue, precisamente, una preocupación recurrente entre los especialistas que participaron del encuentro en Tucumán.
El Congreso reunió, según estimó Becerra, entre 300 y 400 participantes vinculados con el desarrollo, asesoramiento y utilización de esta tecnología. Sin embargo, detrás de ese núcleo profesional existe un universo creciente de operadores que también necesita formación específica.
Para el dirigente, allí se encuentra uno de los principales desafíos que deberá enfrentar el sector durante los próximos años: acompañar el crecimiento del parque de drones con un proceso equivalente de capacitación.
La disponibilidad de equipos, por sí sola, no garantiza aplicaciones eficientes. El resultado depende de cómo se planifique cada trabajo, del conocimiento del producto que se está utilizando, de las condiciones meteorológicas, de las características del cultivo y de la capacidad del operador para comprender todas esas variables.
El desafío para San Luis
La experiencia recogida en Tucumán será particularmente relevante para el proceso que comenzó a transitar San Luis.
El incremento en la utilización de drones agrícolas obliga a construir un esquema que contemple tanto el registro de los equipos como la formación de los operadores y la intervención de profesionales capacitados.
Para Becerra, esos elementos deben avanzar de manera conjunta.
“San Luis, al igual que todas las provincias de la Argentina, necesita generar concientización, necesita generar formación y necesita un marco regulatorio para que cada uno de los equipos que esté operando dentro de la provincia trabaje de manera segura, consciente y bajo las normas de la ley y todas las medidas de seguridad que necesita este tipo de operación”, afirmó.







