Nacida en El Tigre y formada en la industria petrolera de Venezuela, la profesional migró a Argentina en busca de un futuro mejor para su hijo. Hoy, tras años de esfuerzo y reinvención, aplica sus conocimientos en geotecnologías y sistemas de información geográfica al servicio de la agricultura.
Yoleima Arrioja es ingeniera geóloga y especialista en recursos petroleros. Nació en El Tigre, una ciudad del oriente venezolano cuyo desarrollo estuvo profundamente ligado a la explotación del petróleo. Hoy, a más de seis años de haber emigrado, construye su presente profesional en los campos agrícolas de San Luis, donde aplica sus conocimientos en geotecnologías y sigue formándose en herramientas clave del siglo XXI.
«El Tigre es una ciudad pequeña, parecida a San Luis, pero toda gira en torno al petróleo», contó Yoleima a Todo Un País. Allí cursó sus estudios de grado, motivada por un primo que le habló con entusiasmo de la geología. «Empecé la licenciatura y me pasé a ingeniería cuando descubrí todo el potencial que tenía esa rama», recuerda. Con el auge petrolero como telón de fondo, se formó como ingeniera geóloga con orientación en recursos petroleros. Trabajó en el Ministerio de Geología y Minas de Venezuela, donde aplicó herramientas SIG (Sistemas de Información Geográfica) en proyectos de cartografía geológica.
Como tantos compatriotas, Yoleima dejó su país en 2018, en medio de una profunda crisis política y económica. «En ese momento mi hijo tenía tres años. Sentí que no podía darle un futuro. Tuve una infancia feliz y quería que él tuviera al menos lo mismo», relata con emoción.
Llegó a San Luis con esperanza y sin certezas. Nunca ejerció formalmente su profesión, pero no se detuvo. «Hice de todo: fui moza en un patio cervecero, atendí en panaderías, trabajé en un vivero, en una constructora, en la administración de un centro comercial… Siempre buscando algo mejor, más estable y que me hiciera crecer». Cada experiencia, dice, fue una estación en el camino hacia su objetivo: volver a trabajar como profesional.
El punto de inflexión llegó cuando Gabriel Aguilera, hoy su jefe, la contactó tras encontrar su currículum en una tienda de mascotas. Le sorprendió que alguien con formación en ingeniería geológica y manejo de programas SIG estuviera buscando empleo allí. Fue el comienzo de una nueva etapa. Integra la flamante empresa Orbith Agro, de la que también forma parte Martin Puigdellibol.
Actualmente, Yoleima forma parte de un equipo que aplica tecnología geoespacial en agricultura. «Aprendí muchísimo con los chicos de agronomía. El geólogo suele mirar el subsuelo, no las plantas, pero me encantan las plantas y había algo de eso en mi camino. En la constructora hice indoor, después trabajé en un vivero. Siempre algo me fue llevando hacia ahí».
Lejos de su formación original en hidrocarburos, Yoleima encontró en la agricultura un terreno fértil para desplegar sus conocimientos en teledetección, cartografía y análisis de datos. Su experiencia con GIS (Geographic Information Systems) le permitió reconvertirse. «Estoy cursando una especialización en Teledetección y SIG en la Universidad Nacional de San Luis. Es una herramienta increíble y quiero dominarla bien».
Para ella, el futuro pasa por la tecnologización de todas las disciplinas. «Las ingenierías van a seguir existiendo, pero si no les metemos tecnología, van a quedar obsoletas. Ya no alcanza con saber, hay que saber usar herramientas digitales, programar, procesar datos», afirmó.
«Hoy todo es datos. Pero no alcanza con tenerlos: hay que saber leerlos, interpretarlos, darles sentido. La inteligencia artificial te puede dar una respuesta, pero alguien tiene que saber qué preguntarle. Ahí entra el profesional».
Lejos de resignarse a haber dejado atrás su carrera, Yoleima construyó una nueva identidad profesional, adaptándose, aprendiendo y apostando siempre al crecimiento. «Sí, fue difícil, pero nunca dejé de buscar. A veces cambiaba de trabajo y parecía inestable, pero era por crecer, por encontrar lo que realmente me hiciera bien».
Hoy combina su formación técnica con su pasión por la tecnología y una gran sensibilidad por lo humano. Cree en el poder de las herramientas digitales para transformar realidades productivas, pero también en el rol del conocimiento aplicado con criterio: «Las herramientas están. Lo importante es cómo las usamos. Cómo las llevamos a nuestro ámbito, cómo las aplicamos con inteligencia. En eso estoy, aprendiendo, enseñando, creciendo».











