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San Luis completó la siembra de trigo sin demoras y expectativas favorables

La provincia finalizó la implantación de 11.900 hectáreas de trigo con una adecuada disponibilidad de agua en los suelos. Productores y técnicos destacaron que las condiciones climáticas permitieron cumplir los plazos previstos, mientras la incorporación de tecnología y mejores prácticas de manejo refuerzan las perspectivas de competitividad del cultivo.

La campaña de trigo en la provincia de San Luis cerró oficialmente la etapa de siembra, con un balance positivo tanto en lo climático como en lo productivo. La inusual humedad acumulada durante el otoño permitió que los trabajos se desarrollaran con holgura, respetando las fechas óptimas de implantación del cultivo y evitando las tradicionales demoras a la espera de nuevas lluvias.

Según técnicos y productores consultados, el comportamiento de las precipitaciones durante los últimos meses fue determinante para el buen ritmo de la siembra. A diferencia de otras campañas en las que el avance de las máquinas se ve condicionado por la falta de agua en el perfil, este año la humedad almacenada permitió trabajar de manera continua en la mayoría de los lotes.


“Venimos de años en los que siempre teníamos que frenar y esperar algún chaparrón para poder seguir sembrando; esta vez fue distinto, pudimos cumplir el plan de trabajo sin interrupciones”, explicó Damian Pérez, productor de la zona entre Villa Mercedes y Juan Jorba.

Según el último relevamiento semanal de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), en total se implantaron 11.900 hectáreas de trigo, la misma superficie que en el ciclo anterior, lo que refleja una apuesta sostenida de los productores por el cultivo invernal. La estabilidad en el área sembrada se interpreta como una señal de confianza en el trigo como herramienta de rotación y generación de ingresos en los sistemas mixtos y agrícolas de la provincia.

“Decidimos mantener la misma superficie que el año pasado porque el trigo sigue siendo un cultivo estratégico en nuestro esquema, ya que mejora el suelo, nos ayuda a controlar malezas y, si acompaña el clima, aporta un ingreso importante en la campaña gruesa siguiente”, señaló María González, productora de la región norte de San Luis.

Rows of fresh green crops on the farm field. Cultivated field with wheat or corn lines to horizon. Spring agricultural works. Colorful countryside landscape

Productores satisfechos

El cumplimiento de los tiempos de siembra es un dato que genera buenas expectativas hacia adelante, ya que una correcta implantación suele traducirse en mejores posibilidades de rendimiento. Los lotes sembrados en fecha óptima tienen más chances de aprovechar las temperaturas frescas y el desarrollo vegetativo inicial, claves para la construcción del rendimiento potencial.

“Lo más valioso de este año es que no llegamos tarde con la sembradora. Eso nos permite imaginar un cultivo más parejo, con menor riesgo de pérdidas por heladas tardías o golpes de calor en etapas sensibles”, remarcó Ricardo López, productor con campo al este de Concarán.

Con la siembra finalizada, la atención de los productores se centra ahora en el seguimiento sanitario del cultivo y en la disponibilidad de nutrientes en el suelo. Técnicos asesores recomiendan monitoreos frecuentes para detectar a tiempo la presencia de enfermedades foliares y ajustar los planes de fertilización según la condición de cada lote.

“Ya estamos recorriendo los lotes para ver cómo emergió el cultivo y qué necesidades de nitrógeno podemos tener más adelante. La idea es aprovechar al máximo esta buena base de humedad que nos dejó el otoño”, indicó González.

Más allá de los resultados de cada campaña, el trigo sigue afirmándose como un componente clave de la rotación agrícola en San Luis. Su incorporación permite diversificar el riesgo frente a la variabilidad climática y mejorar la estructura del suelo, dos aspectos valorados por los productores en contextos de incertidumbre.

“El trigo nos ordena el sistema, ya que nos da cobertura en invierno, nos ayuda con la estructura del suelo y nos permite entrar mejor con los cultivos de verano. Por eso, mientras podamos sostener la superficie, lo vamos a seguir sembrando”, concluyó Pérez.

La campaña triguera 2025/26 dejó en evidencia una tendencia que también interpela a los productores de San Luis. La incorporación de tecnología y mejores prácticas de manejo continúa consolidándose como una herramienta indispensable para aumentar la productividad y la eficiencia de los sistemas agrícolas.

De acuerdo con el último Informe Mensual de Tecnología en Trigo elaborado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el cultivo mostró en todo el país una marcada mejora en los niveles de tecnificación, impulsada principalmente por una mayor fertilización, el crecimiento del uso de análisis de suelo y la consolidación de planteos de manejo intermedio.

Aunque San Luis no figura entre las principales provincias trigueras de Argentina, el cereal ocupa un lugar estratégico dentro de las rotaciones agrícolas provinciales, especialmente en los departamentos Pedernera, Junín, Chacabuco, Dupuy y sectores del centro y noreste provincial, donde se combina con cultivos estivales como maíz y soja.

Uno de los datos más relevantes del informe es que el 65% de la superficie nacional fue manejada con un nivel tecnológico medio, mientras que el 27% alcanzó un nivel alto y solamente el 8% quedó comprendido dentro de planteos de baja tecnología, el menor registro desde la campaña 2017/18.

Esta evolución representa un desafío y, al mismo tiempo, una oportunidad para los productores puntanos, quienes en los últimos años han incrementado la incorporación de herramientas de agricultura de precisión, fertilización variable y monitoreo permanente de los lotes.

La adopción de estas prácticas resulta especialmente importante en una provincia donde la disponibilidad de agua suele ser el principal factor limitante para el cultivo de trigo.

La siembra directa

El informe destaca que la siembra directa alcanzó el 92% de la superficie sembrada con trigo en Argentina, confirmando que esta práctica continúa plenamente consolidada.

En San Luis este sistema también predomina desde hace varios años, ya que permite conservar humedad, disminuir la erosión de los suelos y mejorar la eficiencia en el uso del agua, un recurso particularmente valioso en ambientes semiáridos como gran parte del territorio provincial.

Otro aspecto sobresaliente del trabajo es el incremento del uso de herramientas para un manejo más eficiente de la nutrición del cultivo.

Durante la campaña 2025/26 la dosis promedio nacional alcanzó los 85 kilogramos de nitrógeno por hectárea y 17 kilos de fósforo por hectárea, mientras que el análisis de suelo fue realizado por el 32% de los productores, el porcentaje más alto de toda la serie histórica relevada por la Bolsa de Cereales.

Para San Luis, donde los ambientes productivos presentan una importante variabilidad en fertilidad y disponibilidad hídrica, el diagnóstico previo mediante análisis de suelo representa una herramienta clave para ajustar las dosis de fertilizantes y optimizar los costos de producción.

El informe también muestra que los planteos agrícolas argentinos evolucionan hacia esquemas cada vez más profesionalizados, donde las decisiones se apoyan en información técnica y en el uso de tecnologías de proceso más que en el incremento indiscriminado de insumos.

La utilización de tratamientos biológicos de semillas, aunque registró una leve caída respecto de campañas anteriores, continúa ubicándose por encima de los niveles observados hace algunos años y refleja la búsqueda de alternativas para mejorar la implantación y el desarrollo inicial del cultivo.

El aumento nacional del rendimiento promedio hasta 43,5 quintales por hectárea, junto con una producción que creció un 33% respecto del ciclo anterior, confirma que la combinación entre condiciones ambientales favorables y mayor inversión tecnológica permitió obtener una de las mejores campañas de los últimos años.

Para los productores de San Luis, el informe constituye una referencia valiosa sobre el rumbo que está tomando la producción triguera argentina. En un contexto donde cada milímetro de agua y cada kilogramo de fertilizante deben ser aprovechados al máximo, la incorporación de tecnología, el diagnóstico de los ambientes y un manejo agronómico cada vez más preciso aparecen como los principales aliados para sostener la competitividad del cereal en la provincia.