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Roberto Mondino: la hora de las vacas y la genética impulsa una nueva etapa de expansión ganadera

Los remates de la Semana Angus dejaron una señal contundente para toda la cadena cárnica: los precios del ganado se estabilizan en niveles atractivos, la inversión en genética gana protagonismo y la demanda por vientres y hembras de reposición confirma que los productores están pensando en el largo plazo. Para Roberto Mondino, referente del mercado ganadero nacional, la actividad atraviesa uno de los momentos más prometedores de los últimos años.

La ganadería argentina parece haber ingresado en una nueva etapa. Después de años marcados por la incertidumbre económica, los cambios permanentes de reglas y la competencia desigual con otras actividades productivas, el sector comienza a mostrar señales concretas de consolidación y crecimiento. Así lo reflejan los resultados de la reciente Semana Angus realizada en Palermo, donde más de 23.000 cabezas comercializadas y una fuerte demanda por genética y vientres dejaron en evidencia un cambio de ánimo entre productores, criadores e inversores.

Para Roberto Mondino, director de Alfredo S. Mondino Consignatarios y uno de los principales referentes de la comercialización ganadera del país, los remates desarrollados durante la Semana Angus fueron mucho más que una sucesión de ventas exitosas. Constituyeron una radiografía de la ganadería que viene y una muestra de confianza hacia el futuro.


«Hoy ya no estamos discutiendo si la ganadería tiene futuro. Estamos viendo cómo crecer, cómo invertir y cómo producir más carne», resumió.

La Semana Angus se ha transformado en uno de los eventos más importantes del calendario ganadero argentino. Nació como una celebración del centenario de la Asociación Argentina de Angus y terminó consolidándose como una cita obligada para criadores, cabañeros y productores de todo el país.

La quinta edición confirmó esa tendencia. Más de mil reproductores participaron de las exposiciones y concursos, con una calidad genética que sorprendió incluso a los especialistas más experimentados.

«Las cabañas quieren estar, competir y medirse. Lo que vimos en Palermo fue extraordinario. La calidad genética que mostró la raza Angus es impresionante», señaló Mondino.

Pero más allá de las pistas de exposición, el verdadero termómetro estuvo en los remates.

Uno de los segmentos más destacados fue el concurso y remate de hacienda para faena, donde se comercializaron alrededor de 2.300 novillos y vaquillonas Angus provenientes de la región pampeana.

Según explicó Mondino, este espacio se consolida año tras año y permite mostrar el resultado final de los programas de mejoramiento genético desarrollados por cientos de productores.

Los precios obtenidos reflejaron un mercado firme y ordenado. Los novillos de exportación se ubicaron entre los 7.900 y los 8.100 pesos por kilo, mientras que las mejores vaquillonas alcanzaron valores de hasta 8.700 pesos.

«Después de una fuerte suba, los precios encontraron un punto de equilibrio. Se acomodaron y se consolidaron. Eso es muy importante porque le da previsibilidad a toda la cadena», explicó.

Para los operadores del mercado, la estabilidad actual representa una señal positiva. Si bien la industria exportadora enfrenta desafíos derivados del tipo de cambio y la competencia internacional, los valores del ganado gordo continúan mostrando niveles históricamente atractivos.

La otra gran noticia llegó desde la invernada.

Durante la Semana Angus se comercializaron más de 10.000 machos y miles de hembras en distintos segmentos. Los terneros mostraron una firmeza destacable, especialmente aquellos de entre 180 y 220 kilos, que se ubicaron en torno a los 6.500 a 7.000 pesos por kilo.

Sin embargo, el dato que más entusiasmo generó fue el desempeño de las terneras Angus certificadas.

Se trata de un programa impulsado por la Asociación Argentina de Angus que busca identificar y valorizar hembras con alto potencial genético para incorporarlas a rodeos de cría.

En esta oportunidad se comercializaron unas 500 terneras certificadas, que lograron precios de entre 7.000 y 7.700 pesos por kilo, superando claramente los valores de otras categorías equivalentes.

Para Mondino, la respuesta del mercado fue contundente.

«Es una señal extraordinaria. Cuando se armó un bloque exclusivo para estas terneras apareció la verdadera demanda. La gente está buscando genética y está dispuesta a pagar por ella», afirmó.

La creciente valorización de las hembras constituye uno de los fenómenos más relevantes de la actualidad ganadera.

Durante años, vacas con cría, vacas vacías y vaquillonas preñadas llegaron a comercializarse con diferencias mínimas de precio. Hoy la situación es completamente distinta.

Las vaquillonas seleccionadas para reproducción alcanzan valores cercanos a los tres millones de pesos por cabeza, mientras que las mejores vacas también registran una demanda sostenida.

«Lo que está ocurriendo es que el productor está pensando en el futuro. Está reteniendo hembras, comprando vientres y apostando a aumentar su capacidad productiva», sostuvo Mondino.

La reducción observada en la oferta de terneras durante los remates refuerza esa interpretación.

Mientras la cantidad de machos comercializados se mantiene relativamente estable respecto de campañas anteriores, la presencia de hembras disminuye significativamente porque muchas están siendo retenidas para reposición.

Esa decisión productiva suele ser considerada uno de los indicadores más claros de expectativas positivas dentro del negocio ganadero.

Cuando los productores creen en el futuro de la actividad, conservan vientres y aumentan sus rodeos.

Y precisamente eso es lo que hoy comienza a verse en distintas regiones del país.

La genética también tuvo un capítulo destacado en los remates de campeones realizados en Palermo.

Los ejemplares premiados alcanzaron valores sobresalientes, con operaciones que reflejan la importancia creciente que adquiere la mejora genética en los sistemas de producción.

Un toro de elite comercializó el 50% de su propiedad en 90 millones de pesos, mientras que una destacada ternera alcanzó 55 millones por la mitad de su participación. Otros reproductores registraron ventas de entre 20 y 42 millones de pesos.

Más allá de las cifras, los operadores destacan el mensaje que transmiten estas inversiones.

La genética es una apuesta de largo plazo. Nadie realiza semejantes desembolsos si no confía en el futuro de la actividad.

«Se está valorando muchísimo la genética. Eso demuestra que hay un proyecto ganadero detrás. Son inversiones que se recuperan en varios años y que requieren confianza», explicó Mondino.

Otro aspecto que fortalece las expectativas es la creciente integración entre agricultura y ganadería.

En regiones tradicionalmente agrícolas, numerosos productores comienzan a analizar alternativas para transformar el maíz en carne dentro de los establecimientos.

El razonamiento económico es simple: frente a elevados costos de transporte y una creciente demanda internacional de proteínas animales, convertir granos en kilos de carne aparece como una estrategia cada vez más eficiente.

Desde La Pampa hasta Córdoba, pasando por San Luis y otras provincias productivas, se observa un renovado interés por los sistemas de recría, engorde y producción de carne de alta calidad.

«La gente está viendo cómo transformar el maíz en carne. Ya no se trata solamente de producir granos. Se trata de agregar valor dentro del campo», sostuvo.

Las perspectivas internacionales también contribuyen al optimismo.

La demanda mundial de proteínas animales continúa creciendo, mientras que los mercados muestran interés por la carne argentina, reconocida globalmente por su calidad y atributos productivos.

La apertura de nuevos destinos comerciales y las oportunidades para la exportación fortalecen un escenario que invita a pensar en una expansión sostenida.

Pero quizás el cambio más profundo sea cultural.

Según Mondino, el productor argentino ha comenzado a mirar nuevamente a la ganadería como una actividad estratégica y de largo plazo.

Las conversaciones en los remates ya no giran exclusivamente en torno a los plazos de pago o la coyuntura económica. Ahora se habla de genética, índices reproductivos, porcentajes de preñez, eficiencia de recría y calidad de vientres.

«Lo que más me entusiasma es ver que volvimos a hablar de vacas. Ver diez manos levantadas por un lote de vientres demuestra que hay confianza. Hoy la gente cuida las hembras, mira los destetes, analiza la preñez y piensa en crecer», afirmó.

Para el consignatario, la ganadería argentina atraviesa un punto de inflexión.

Los precios se estabilizan, la genética gana valor, las hembras se transforman en un activo estratégico y los productores vuelven a invertir con una mirada de largo plazo.

«Pasamos de la ilusión a la realidad. Hoy vemos una ganadería sólida, sustentable y con proyección. Todavía queda mucho por hacer, pero estamos transitando un camino muy prometedor», concluyó.

Los resultados de la Semana Angus parecen darle la razón. Detrás de cada remate, cada vientre retenido y cada inversión genética aparece una misma señal: la ganadería argentina vuelve a pensar en grande y a construir futuro.

Fotos: José Sombra – sanluisconelcampo.