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Récord histórico de trigo en San Luis: un lote bajo riego superó los 8.100 kilos por hectárea en Cortaderas

La cosecha de trigo del establecimiento Balcón del Sol, ubicado entre Cortaderas y Santa Martina, en el noreste de la provincia de San Luis, quedará marcada como un hito productivo para el cereal en territorio puntano. En un ambiente típicamente semiárido, un lote de 60 hectáreas bajo riego por pivot central alcanzó un rendimiento promedio final superior a los 8.100 kilos por hectárea (81 quintales), el registro más alto del que se tenga conocimiento en la provincia.

Detrás de este resultado excepcional hubo planificación, inversión, trabajo en equipo y un manejo agronómico integral pensado desde el inicio para expresar el máximo potencial del cultivo. Así lo explicó a El Semiárido el ingeniero agrónomo Martín Ibarra, responsable técnico del planteo, quien destacó que el logro va mucho más allá de un número destacado en la planilla de cosecha.

“Estamos muy contentos con el resultado logrado, no solo por el número, sino por todo el proceso que hubo detrás”, señaló Ibarra. “Este trigo nació de una apuesta concreta de cinco Marías que confiaron en el cultivo y en el sistema productivo”.


El planteo productivo fue el resultado de un trabajo articulado entre distintos actores. Renovales Group, bajo la coordinación operativa de Marcos Gassman, estuvo a cargo de los servicios, mientras que el diseño y seguimiento técnico se realizó desde Filocampo, el sello profesional de Ibarra.

Para el ingeniero agrónomo, el logro tiene además un valor personal especial: “Es el primer cultivo que hacemos bajo este esquema integral y salió bien. Eso refuerza la idea de que, cuando el sistema está bien pensado y ejecutado, los resultados llegan”.

El lote, antecedido por maíz destinado a producción de semilla, cerró la cosecha con un promedio que superó los 8.000 kilos por hectárea, una cifra inédita para San Luis y muy poco frecuente incluso en regiones trigueras tradicionales del país.

“El valor promedio del resultado final es sin duda muy alto y poco frecuente para la provincia, pero no puede considerarse un hecho casual”, explicó Ibarra. “Cuando se analizan las condiciones del ciclo y el manejo agronómico aplicado, el resultado es totalmente explicable y consistente”.

El eje central del planteo fue el manejo del agua, un factor determinante en ambientes semiáridos. Durante todo el ciclo, el cultivo contó con disponibilidad hídrica adecuada en los momentos fisiológicos clave.

La implantación se realizó con un perfil de suelo bien cargado, gracias a la recarga ocurrida en otoño tras un verano extremadamente seco. A partir de allí, el trigo nunca atravesó situaciones de estrés hídrico, acompañando cada etapa crítica: macollaje, encañazón, antesis y llenado de granos.

A las lluvias naturales se sumó el aporte estratégico del riego. Tras la siembra, realizada el 9 de julio, el cultivo recibió 12 milímetros a los dos días. En agosto se registraron unos 40 milímetros y en septiembre otros 40, además del agua aplicada por el sistema de riego.

Clima alineado y temperaturas favorables

El clima también jugó a favor. “Fue un invierno llovedor para la zona y, además, durante el llenado se dieron temperaturas más frescas de lo habitual”, explicó Ibarra, en diálogo permanente con su referente en ecofisiología y clima, Jorge Mercau.

Estas condiciones permitieron un llenado prolongado, con buen peso de grano, potenciando el rendimiento final del cultivo.

Desde lo agronómico, el objetivo fue claro desde el inicio, un trigo de alto rendimiento. Para eso se trabajó con alta densidad de siembra, fertilización nitrogenada en dos momentos (siembra y macollaje), fósforo como arrancador, ajustado a un objetivo de rinde elevado, control temprano y eficiente de malezas y protección sanitaria para prevenir enfermedades foliares.

“Hacer un cultivo bajo riego es caro”, reconoció Ibarra: “Tiene el costo adicional del agua y de la energía, además de mayores dosis de fertilizantes y más semilla. Por eso, para que sea rentable, es indispensable lograr muy buenos resultados”.

Otro aspecto clave fue la calidad del suelo y su actividad biológica. En el lote se observó una presencia destacada de lombrices, algo poco habitual en ambientes semiáridos.

“Esa actividad biológica, junto con sistemas radiculares profundos y sanos, permite que el cultivo aproveche plenamente el agua y los nutrientes disponibles y sostenga el crecimiento sin interrupciones”, explicó el técnico.

Con la cosecha aún en etapa de análisis fino, con mapas de rendimiento, evaluación climática detallada y ajustes técnicos, los 81 quintales por hectárea comienzan a cobrar pleno sentido.

“No se explican solo por la espiga”, remarcó Ibarra. Y añadió que “se explican por lo que ocurrió debajo del suelo y por un manejo integral pensado desde el inicio para alto rendimiento”.

En cuanto a antecedentes, el ingeniero agrónomo fue claro: “No tengo registro de rendimientos de este calibre en la provincia. El año pasado habíamos hecho trigo bajo riego, pero era un candeal, que rinde menos que los panaderos, y estuvo en 5.500 kilos, que ya era muy bueno. Pero esto es otra dimensión”.

Para cerrar, Ibarra destacó la importancia de dar visibilidad a este tipo de experiencias. “Estos eventos merecen ser difundidos. Los 81 quintales no se explican por una decisión puntual, sino por un sistema que funcionó de principio a fin y por un equipo que trabajó coordinadamente para lograrlo”.

En un contexto donde el trigo suele enfrentar limitantes climáticas y productivas en San Luis, la cosecha récord de Balcón del Sol demuestra que, con tecnología, conocimiento y planificación, incluso los ambientes más desafiantes pueden alcanzar niveles de rendimiento comparables con las mejores zonas trigueras del país.

Datos técnicos

– Trigo ciclo corto variedad Alerce de Don Mario.

– ⁠Densidad de siembra 200 kg/ha con tratamiento a la semilla para enfermedades y bioestimulantes.

– ⁠Fertilización a la siembra 70 kg de superfosfato triple + 150 kg de urea aplicados al voleo con riego por detrás y otros 150 kg de urea aplicados en el la etapa de macollaje.

– ⁠Buen control de malezas desde el inicio (lote impecable).

– ⁠Tratamiento con fungicida en hoja bandera.

– ⁠300 mm de riego.

– ⁠Seguimiento constante de agua útil con barreno,