La distinción como Profesora Destacada 2026 del Departamento de Ciencias Agropecuarias de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias (FICA) de la Universidad Nacional de San Luis encuentra en la ingeniera agrónoma Silvia Liliana Bonivardo una historia de vocación, compromiso y pertenencia. A punto de cumplir 39 años de labor docente y en la etapa final de una extensa carrera universitaria, la profesional fue reconocida por una trayectoria marcada por la formación de generaciones de ingenieros agrónomos, la investigación aplicada a la sanidad vegetal y una permanente vinculación con la producción agropecuaria.
Egresada de la propia Universidad Nacional de San Luis, Bonivardo desarrolló gran parte de su actividad académica en las áreas de Zoología Agrícola y Protección Vegetal, acompañando la evolución de la agronomía desde enfoques centrados en el control de plagas hasta los actuales desafíos de la sustentabilidad, las buenas prácticas agrícolas y las nuevas tecnologías aplicadas al agro. Su recorrido profesional también estuvo estrechamente ligado al trabajo productivo familiar, una experiencia que le permitió trasladar al aula los problemas reales del campo y fortalecer el vínculo entre el conocimiento científico y las necesidades de los productores.
En esta entrevista con El Semiárido, la docente reflexiona sobre los cambios experimentados por la sanidad vegetal durante las últimas décadas, el papel de la universidad en la formación de profesionales comprometidos con el ambiente y la producción, y los valores que guiaron su carrera. Con emoción, también repasa el significado de este reconocimiento institucional, que llega en momentos en que se prepara para cerrar una etapa fundamental de su vida profesional, dejando como legado la pasión por la enseñanza, el aprendizaje permanente y el compromiso ético con la sociedad y el sector agropecuario.
¿Qué significa para usted haber sido elegida Profesora Destacada del Departamento de Ciencias Agropecuarias?
Es una enorme emoción y un profundo honor. Más allá de la distinción en sí misma, la valoro especialmente porque proviene de la institución en la que me formé profesionalmente y a la que he dedicado 39 años de mi vida docente, que se cumplen precisamente en este mes de julio. Lo siento como un reconocimiento al trabajo cotidiano, al compromiso permanente con los estudiantes, que son la razón de ser de nuestra tarea, y al camino compartido con colegas que me han acompañado a lo largo de todos estos años. Con muchos de ellos hemos construido vínculos que trascienden lo laboral y que hoy considero parte de mi familia. Además, este reconocimiento llega en una etapa muy especial de mi vida, mientras me encuentro transitando el cierre de mi carrera docente y próxima a la jubilación. Por eso tiene para mí un significado profundamente emotivo: representa una forma hermosa de culminar una etapa que ha marcado mi vida personal y profesional, y que llevaré siempre en mi corazón
¿Cómo recuerda sus primeros pasos como docente en la UNSL?
Los recuerdo con mucho entusiasmo, pero también con los nervios propios de quien da sus primeros pasos en la docencia. Comencé siendo aún estudiante, luego de cursar tercer año y desempeñarme como ayudante alumna en la asignatura Zoología Agrícola, asumiendo el desafío de enseñar mientras continuaba mi propia formación. Tuve la enorme fortuna de contar con docentes y referentes que marcaron profundamente mi trayectoria, entre ellas las Ingenieras Teresita Pagnone y Angélica Martínez, quienes me brindaron su confianza, orientación y ejemplo. De ellas aprendí no solo conocimientos disciplinares, sino también valores fundamentales como el compromiso, la responsabilidad, la dedicación y el respeto por los estudiantes. Aquellos primeros años fueron una etapa de intenso aprendizaje y crecimiento, tanto en lo profesional como en lo personal. Con el tiempo, intenté transmitir a mis propios alumnos muchas de las enseñanzas y valores que recibí de mis formadoras, convencida de que la docencia se construye también a partir del ejemplo y la generosidad de quienes me precedieron.

¿Qué cambios ha visto en la enseñanza de la Sanidad Vegetal en estos casi 40 años?
La evolución ha sido enorme. Hemos pasado de una enseñanza centrada principalmente en la identificación y control de plagas, enfermedades y malezas, a una visión mucho más integral de la Sanidad Vegetal, en la que cobran especial importancia la sustentabilidad de los sistemas productivos, el manejo integrado, la conservación ambiental y el uso responsable de los insumos agrícolas. En este proceso, las Buenas Prácticas Agrícolas han adquirido un rol fundamental, promoviendo una producción más eficiente, segura y respetuosa del ambiente, de la salud de las personas y de la calidad de los alimentos. Hoy buscamos que los futuros ingenieros agrónomos comprendan que las decisiones sanitarias deben contemplar no solo la eficacia técnica, sino también sus implicancias económicas, sociales y ambientales. Además, contamos con herramientas de diagnóstico, monitoreo y análisis impensadas décadas atrás, como la agricultura de precisión, los sistemas de información geográfica, el monitoreo remoto, la inteligencia artificial y los bioinsumos. Sin embargo, más allá de los avances tecnológicos, sigue siendo fundamental desarrollar en los estudiantes la capacidad crítica, el criterio profesional y la responsabilidad ética necesarios para tomar decisiones adecuadas en escenarios cada vez más complejos.
¿Cuál considera que ha sido su mayor aporte académico en Zoología Agrícola y Protección Vegetal?
Creo que mi principal aporte ha sido contribuir a la formación de profesionales capaces de comprender la complejidad de los agroecosistemas y de tomar decisiones responsables frente a los problemas sanitarios que afectan a los cultivos. También me enorgullece haber participado activamente en proyectos de investigación vinculados con la sanidad vegetal de nuestra región, generando conocimiento aplicable a los sistemas productivos locales y contribuyendo a fortalecer el vínculo entre la universidad y el sector agropecuario. Por otra parte, he tenido la oportunidad de transferir y aplicar muchos de esos conocimientos en el ámbito productivo, tanto en nuestra explotación familiar como asesorando y trabajando junto a productores de la región. Esa interacción permanente con la realidad del campo me permitió enriquecer mi actividad docente e investigadora, aportando experiencias concretas, problemas reales y soluciones adaptadas a las condiciones de producción. Considero que uno de mis mayores logros ha sido precisamente integrar la docencia, la investigación y la práctica profesional, procurando que el conocimiento generado en la universidad tenga un impacto real en los sistemas productivos y que, a su vez, las demandas del sector productivo contribuyan a orientar nuestras actividades de enseñanza e investigación.
¿Qué desafíos enfrentan hoy los estudiantes de Ingeniería Agronómica en relación con la sanidad vegetal?
El principal desafío es comprender que los problemas sanitarios son cada vez más complejos y requieren una mirada interdisciplinaria. Deben enfrentarse a nuevas plagas, resistencia a fitosanitarios, cambios climáticos y demandas sociales vinculadas a la producción sostenible. Esto exige actualización permanente y una sólida formación científica.
¿Cómo logra transmitir a sus alumnos la importancia de actuar con responsabilidad frente a plagas y problemas ambientales?
Intento mostrarles que cada decisión técnica tiene consecuencias productivas, económicas, sociales y ambientales. Siempre procuré vincular la teoría con situaciones reales, fomentando el análisis crítico, la observación, la capacidad de diagnóstico y la reflexión ética frente a los problemas sanitarios. Además, les transmito que muchas de las decisiones relacionadas con la protección vegetal forman parte de las actividades reservadas al título de Ingeniero Agrónomo de manera estricta y, por lo tanto, conllevan una gran responsabilidad profesional. La recomendación e implementación de estrategias de manejo, el uso responsable de fitosanitarios, la protección de los recursos naturales y la producción de alimentos seguros requieren conocimientos técnicos sólidos, pero también un fuerte compromiso ético con la sociedad y el ambiente. Formar ingenieros agrónomos implica no solo brindar herramientas científicas y tecnológicas, sino también contribuir a la formación de profesionales conscientes de su rol, capaces de tomar decisiones responsables que compatibilicen productividad, sustentabilidad y bienestar social.



¿De qué manera su experiencia como productora complementa su labor docente?
La actividad productiva me permite mantener un contacto permanente con la realidad del sector agropecuario. Eso me ayuda a comprender mejor los desafíos que enfrentan los productores y a trasladar experiencias concretas al aula. Considero que la combinación entre la formación académica y la práctica productiva enriquece enormemente la enseñanza.
¿Qué aprendizajes del campo lleva al aula y qué conocimientos de la universidad aplica en su explotación familiar?
El campo me recuerda todos los días que las soluciones simples rara vez existen y que cada situación productiva requiere observación, análisis, experiencia y capacidad de adaptación para una adecuada toma de decisiones. Los sistemas agropecuarios son dinámicos y complejos, por lo que aprender a interpretar cada contexto resulta tan importante como el conocimiento técnico en sí mismo. Al aula intento llevar esa visión práctica y realista, acercando a los estudiantes situaciones concretas que les permitan comprender cómo se aplican los conceptos teóricos en condiciones reales de producción. Considero que esa integración entre teoría y práctica enriquece el proceso de enseñanza y facilita la formación de profesionales con una mirada más amplia y crítica. Por otra parte, los conocimientos científicos y técnicos adquiridos a lo largo de mi formación universitaria y el transcurrir académico han sido fundamentales para la gestión de la explotación familiar. Me han permitido fundamentar las decisiones productivas con criterios técnicos, evaluar alternativas, minimizar riesgos y avanzar hacia sistemas más eficientes y sustentables. Sin duda, la universidad me brindó las herramientas necesarias para afrontar los desafíos del campo con mayor seguridad, confianza y capacidad de análisis al momento de tomar decisiones.
¿Cómo vive el hecho de que su esposo e hijos continúen la tradición productiva?
Con mucho orgullo, gratitud y satisfacción. La producción agropecuaria forma parte de nuestra historia familiar, de nuestros valores y de nuestra forma de vida. Por eso, ver que las nuevas generaciones desean continuar ese camino resulta profundamente gratificante. Más allá de la continuidad de una actividad productiva, valoro especialmente la decisión de mis hijos de involucrarse, comprometerse y acompañar este proyecto familiar. En un contexto en el que muchas veces los jóvenes eligen otros horizontes, que ellos hayan decidido mantenerse vinculados al campo representa para mí un reconocimiento al esfuerzo realizado durante tantos años por mis padres y por nosotros, además de una muestra de confianza en el futuro de la actividad agropecuaria. Asimismo, cada uno aporta nuevas miradas, conocimientos, experiencias y energías, enriqueciendo el trabajo cotidiano y permitiéndonos afrontar los desafíos actuales con una visión renovada. Creo que la combinación entre la experiencia acumulada por quienes iniciamos el camino y el entusiasmo de las nuevas generaciones es fundamental para seguir creciendo, innovando y adaptándonos a las exigencias del sector agropecuario actual. Como madre y como productora, es una enorme satisfacción saber que aquello que comenzaron mis padres y que hoy continuamos junto a mi esposo tendrá continuidad, no solo como emprendimiento productivo, sino también como un espacio de encuentro familiar, de aprendizaje compartido y de construcción de un proyecto común que trasciende lo económico y forma parte de nuestra identidad.



Usted es reconocida como ejemplo de resiliencia y pertenencia. ¿Qué significa para usted esa valoración?
Es una valoración que me emociona profundamente porque está vinculada con aspectos humanos que considero esenciales en la vida y en el ejercicio de la profesión. La resiliencia implica seguir adelante frente a las dificultades, aprender de los desafíos, adaptarse a los cambios y mantener el compromiso con aquello que uno ama y en lo que cree. Personalmente, no concibo otra manera de transitar la vida. Por otra parte, la pertenencia representa el profundo vínculo que he construido a lo largo de los años con esta institución, que fue mi lugar de formación, de trabajo y de crecimiento personal y profesional. También refleja los lazos forjados con colegas, no docentes y estudiantes, con quienes he compartido gran parte de mi vida. Siento un enorme respeto y cariño por los estudiantes, porque siempre los he considerado la razón de ser de nuestra tarea. Son ellos quienes nos desafían permanentemente a seguir aprendiendo, actualizándonos y dando lo mejor de nosotros mismos. Por eso, que se me reconozca por valores como la resiliencia y la pertenencia es, sin duda, uno de los reconocimientos más significativos que puedo recibir.
¿Qué mensaje le daría a las nuevas generaciones de ingenieros agrónomos que hoy se forman en la UNSL?
Les diría que aprovechen cada oportunidad de aprender, que mantengan la curiosidad y que nunca pierdan la capacidad de escuchar y observar. La agronomía es una profesión apasionante porque combina ciencia, producción y compromiso social. Necesitamos profesionales preparados técnicamente, pero también sensibles a las necesidades de la sociedad y al cuidado del ambiente.
¿Cómo imagina el futuro de la Sanidad Vegetal y el rol de la universidad en ese camino?
Imagino una Sanidad Vegetal cada vez más apoyada en tecnologías de precisión, inteligencia artificial, monitoreo remoto y herramientas biológicas. Sin embargo, ninguna tecnología podrá reemplazar el criterio profesional ni la comprensión integral de los agroecosistemas. En ese contexto, la universidad seguirá teniendo un rol fundamental: formar profesionales críticos, generar conocimiento y contribuir al desarrollo de sistemas productivos más sostenibles y resilientes.
“La universidad me dio una profesión, una vocación y una forma de entender el compromiso con la sociedad. Me brindó la oportunidad de crecer, de aprender, de enseñar y de compartir gran parte de mi vida con personas queridas.
Si algo deseo dejar como legado, es la pasión por el aprendizaje permanente, el amor por la docencia y el profundo respeto por nuestra profesión. También la convicción de que el conocimiento solo adquiere verdadero valor cuando se pone al servicio de los demás, actuando siempre con responsabilidad, compromiso, ética y vocación.
Ser Ingeniera Agrónoma y docente universitaria ha sido mucho más que una actividad laboral: ha sido una forma de vida, una elección que volvería a hacer una y mil veces”.

La profesional en su campo.
La Ing. Silvia Bonivardo representa la unión entre ciencia y práctica productiva, con una vida dedicada a la docencia y al campo. Su reconocimiento como Profesora Destacada 2026 es también un homenaje a la vocación, la constancia y el compromiso con la comunidad universitaria y agropecuaria.











