
Ayer martes 13 de octubre los pueblos originarios que forman parte de la Alianza de Guardianes Indígenas de América del Sur y México (AGIASyM), presentaron a la sociedad su manifiesto durante un encuentro realizado por plataforma digital
Con las similitudes de la masa del pan, cuya levadura aumenta su tamaño y cuando más tiempo se deja, más crece, la Alianza de Guardianes Indígenas de América del Sur y México (AGIASyM) ayer llegó a su primer punto culminante al presentar en sociedad el manifiesto que perfila la actividad futura de numerosos pueblos originarios latinoamericanos. La diferencia con el pan, hasta ahora, es que el crecimiento es compacto, no ha dejado espacios de aire.
El pueblo pre existente de San Luis Huarpe Pynkanta ha promovido, sostenido y agrupado a numerosas comunidades originarias, distribuidas por toda la geografía de América Central y del Sur, para crear un espacio que está en construcción conformado por indígenas, sin mediación blanca, y es para luchar por sus reclamos.
Esta construcción marca el «nuevo Grito de Libertad» a través del lanzamiento formal de AGIASyM -en contraposición con el «último grito» tradicional- como una nueva energía para amplificar el reclamo por los derechos de los pueblos indígenas y la construcción de un camino conjunto en la América.
La fecha elegida para la presentación del manifiesto no fue casual. Concuerda con el recordatorio del 12 de octubre. Pero el trabajo se inició a mediados de julio mediante la realización de un congreso virtual que se extendió durante dos días, además de un ciclo de ocho conversatorios durante todo el mes de agosto.
Este amasado lento, de carácter asambleario para todos los pueblos participantes, les permitió dialogar y acordar comunitariamente sobre la base de una serie de necesidades que son comunes hacia todos los puntos cardinales.
Entre otros temas, se reclama el respeto y la aplicación de leyes nacionales y tratados internacionales; la propiedad comunitaria, restitución de territorios y sitios sagrados; el reconocimiento y la protección de las prácticas de la Espiritualidad Indígena, sus Instituciones, Autoridades y prácticas ancestrales; los derechos a la educación indígena, la práctica de la medicina ancestral y la propia soberanía alimentaria.
A estos se suman la creación de nuevas normas que respalden «nuestro derecho a convivir en Paz con la Naturaleza y que los Estados cumplan con sus responsabilidades con la creación y diseño de políticas públicas», acordes con la realidad indígena y con la participación indígena en su confección.
Con la masa ya leudada, en el encuentro a través de la plataforma zoom mantenido ayer se concluyó con la cocción en el horno de la asamblea y cada pueblo leyó el manifiesto en su lengua, pilar de reivindicación junto al sostenimiento de la cultura; dos elementos que fortalecen la acción en los territorios.
El diálogo se extendió durante cuatro horas. Nadie, ni siquiera quienes participamos desde afuera para la cobertura periodística del acontecimiento, se quedó sin hablar.
La historia ha comenzado hace mucho tiempo. Las frustraciones son demasiadas. Por eso la voluntad de renovarse y de impulsar nuevas formas para el reclamo son muy válidas, más aún en un mundo y un sistema instituido que hace agua por todas partes. Si se hubiera seguido la sabiduría de los ancestros indígenas no se hubiese llegado al punto en el cual estamos transitando. Al menos en cuanto a equidades sociales y enfermedades pandémicas, como los más visibles de este momento histórico.
Construcción asamblearia
Después de transitar por los pueblos para debatir, proponer y modificar, tanto la asamblea de los pueblos originarios de América del Sur y México, cuanto su Manifiesto, quedaron redactados así:
La Asamblea de Guardianes Indígenas de América del Sur y México, reunidos en Tau-Tau /Asamblea, a los 21 días del mes de Julio del año 2020:
Manifestamos con dolor y con el gran espíritu de lucha que nos caracteriza, sin perder la esperanza, que nuestros derechos continúan siendo mancillados y vulnerados por el proceso de colonización global que nos subsume hace más de 500 años a una cultura ajena, que silenció nuestras lenguas, nos alejó de nuestros territorios para explotarlos en su favor, despreció nuestros saberes y negó nuestra preexistencia sobre la América del Sur y México.
Hemos sobrevivido a este proceso inhumano y arrollador, resistiendo en la oralidad y la práctica de las costumbres, al avance del pensamiento único del poder y su destructiva forma de construirse sobre la memoria de nuestros pueblos.
Hemos resistido y luchado, conservando el camino de los ancestros, sin odio y con dignidad hemos señalado a los diferentes gobiernos, en todas las épocas y bajo todas las circunstancias la desigualdad a la que históricamente fuimos sometidos.
Hoy reunidos en Asamblea, bajo la protección del Gran Espíritu, iluminados por el Sol y la Luna, nuevamente, elevamos nuestras voces a los Estados y sus gobiernos para definir una coexistencia fundamentada en el respeto a nuestros derechos y a la libre determinación, a la diversidad social y cultural y les decimos que estamos dispuestos a luchar por ello.
El ser eurocéntrico que impregna las representaciones políticas, ha reconocido en sus normas constitucionales, nacionales e internacionales, nuestra preexistencia y vigencia, pero no las ha puesto en práctica, por lo que se ha convertido en letra muerta en muchos países, privándonos de derechos elementales que son parte de nuestra identidad y nuestra cultura.
Como guardianes de los elementos naturales de las comunidades indígenas, hacemos un llamado en unidad para proteger a nuestra madre naturaleza y sus elementos, favorables para el equilibrio del planeta entero, provistos de espíritu y conciencia, elementos vivos y latentes como son el Agua, la Tierra, el Viento y el Fuego.
Hemos sobrevivido a distintas pandemias. Aún así, la del Covid-19, ha revelado el racismo y la desigualdad que existe, inclusive en las políticas estatales y de Gobierno y lejos de distanciarnos nos ha convocado de forma global, en defensa de la vida y respeto a nuestra sabiduría ancestral.
Este manifiesto es una forma de expresar que se deben garantizar nuestras prácticas comunitarias de vida, de medicina ancestral que están contribuyendo a combatir la actual pandemia, en la acción y fuera del discurso del solo reconocimiento.
Ya han diezmado a nuestros pueblos, en otras épocas, a través, de sembrar pestes en las comunidades, instalándose, con ropas y gente infectada, hechos que no olvidamos y de los que hemos aprendido.
Manifiesto:
La Asamblea de Guardianes Indígenas de América del Sur y México, reunidos en Tau-Tau /Asamblea, a los 21 días del mes de Julio del año 2020:
Toda la humanidad, debe reconocer en los pueblos indígenas o pueblos originarios o preexistentes su saber ancestral y desde allí retomar el camino a un bienestar colectivo y no individual, sumándose al pacto por la vida de nuestros pueblos que está promoviendo El Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y El Caribe (FILAC).
Por ello, reclamamos:
- Respeto a la leyes constitucionales de los diferentes países que apoyan el Buen Vivir de nuestras Comunidades Pueblos Naciones Preexistentes Indígenas y a las normas internacionales como el Convenio 169 de la OIT (artículos 6 y 7).
- Pedir a los Estados que no reconocieron el Convenio 169, que lo hagan con urgencia.
- Propiedad comunitaria, restitución de territorios y sitios sagrados, (Art. 14 OIT).
- Reconocimiento y protección de las prácticas de la Espiritualidad Indígena, sus Instituciones, Autoridades y prácticas ancestrales. (art. 5 y 12 de ONU y art. Xlll de la OEA).
- Creación de nuevas normas que respalden nuestro derecho a convivir en Paz con la Naturaleza, de acuerdo a la realidad de cada territorio, para que cada País y Estado impulsen modelos de desarrollo económicos que no perjudiquen el Buen Vivir de los Pueblos y Naciones preexistentes.
- Que los Estados cumplan con sus responsabilidades con la creación y diseño de políticas públicas, acordes a su realidad, en cuanto a los derechos humanos fundamentales: Salud, Educación, Alimentación, Infraestructuras en las comunidades, con la amplia participación protagónica, de los pueblos indígenas, tanto en su diseño como es su implementación.
- Derecho a la Educación Indígena en todos sus niveles y en todos los territorios de la Patria Grande.
- Derecho a la práctica y el respeto por nuestra Medicina Ancestral.
- Derecho a nuestra Soberanía Alimentaria.
Pueblos Nación Preexistentes:
Atacama, Kilmes, Wichi, Guaraní, Comechingon, Kolla, Lule, Diaguita, Charrua,Tastil, QOM, Rankel, Mapuche, Chicha, Huarpe Pynkanta, Consejo Nacional Diaguita de Chile, Cabildo Yanacona de Santiago de Cali, Nasa Amazonia de Colombia, Quechua Wanka de Perú, Pemon Arekuna, Yekuana, Wayuu de Venezuela, Kichwa Kayambi, Kichwa Pataza Ecuador,Terena de Brasil, Charrúa de Uruguay, Maya, Consejo Supremo Tarahumara de México.










