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Agua disponible, pero con riesgos: el desafío de la campaña agrícola 2026/27

La campaña agrícola 2026/27 comenzará con una favorable disponibilidad de agua en buena parte de la Pampa Interior y sus bordes, aunque el escenario también presenta riesgos asociados a los excesos hídricos. Según un informe elaborado por profesionales del INTA y del GEA-CONICET-UNSL, el manejo de cada lote será determinante para transformar la humedad disponible en mayor productividad y evitar anegamientos.

El documento señala que gran parte de la región iniciaría la primavera con entre 80% y 100% de recarga de agua útil en los perfiles del suelo. Esta situación reduce el riesgo de sequía durante las primeras etapas de los cultivos y, en ambientes de buen potencial, permite pensar en estrategias orientadas a maximizar los rendimientos.

La napa freática también puede convertirse en una reserva adicional. Cuando se encuentra a una profundidad accesible —en términos generales, hasta unos tres metros—, los cultivos pueden aprovechar el ascenso capilar para sostenerse durante períodos temporarios sin lluvias. Sin embargo, el beneficio depende del tipo de suelo, la posición en el paisaje y la capacidad de las raíces para acceder a esa humedad.


El escenario climático previsto para la campaña está asociado a condiciones de El Niño. Históricamente, este fenómeno aumenta las probabilidades de precipitaciones superiores al promedio en algunos sectores de la región, especialmente hacia el este y durante la primavera y el comienzo del verano. No obstante, el informe advierte que esta señal no garantiza lluvias abundantes en todos los lugares.

La mayor disponibilidad de agua también podría favorecer la intensificación productiva mediante cultivos de cobertura, cultivos de invierno y esquemas de doble cultivo. Estas alternativas permiten generar más biomasa o cosecha y, en determinados ambientes, contribuir al consumo de agua y al manejo de napas cercanas.

El riesgo de los excesos

La principal amenaza hídrica para la campaña estará vinculada con los excesos de agua. Las zonas bajas o muy planas y los sectores con napas próximas a la superficie son los más expuestos a la pérdida de piso, los anegamientos y, en situaciones severas, las inundaciones.

El riesgo aumenta porque muchos perfiles ya se encuentran bien abastecidos de humedad y, por lo tanto, tienen menor capacidad para absorber nuevas precipitaciones. De acuerdo con el informe, una lluvia de entre 30 y 50 milímetros sobre suelos húmedos puede hacer ascender la napa entre 15 y 30 centímetros, y hasta 50 centímetros en posiciones bajas o sobre suelos de textura más fina.

La abundancia de agua, entonces, puede representar una ventaja en un ambiente y una amenaza en otro. Mientras los lotes de buena aptitud y bajo riesgo de anegamiento pueden aprovechar la humedad para buscar mayores rindes, los sectores con napa superficial requieren decisiones más conservadoras y un monitoreo permanente.

San Luis, entre dos escenarios

En San Luis, el área comprendida directamente por el informe corresponde principalmente al este provincial, ubicado en el borde occidental de la Pampa Interior y en transición hacia el Semiárido Central. Allí, el panorama también combina oportunidades productivas con riesgos, aunque la influencia de las lluvias asociadas a El Niño tiende a perder intensidad hacia el oeste.

Para el trimestre octubre-diciembre se proyectan mayores probabilidades de precipitaciones superiores a las normales en parte de la región. Entre noviembre y enero, en cambio, esa señal sería más fuerte hacia el noreste, mientras que hacia el oeste las lluvias presentarían mayores probabilidades de ubicarse dentro de los valores normales.

El informe identifica, además, algunos sectores próximos a la latitud de Villa Mercedes con valores de vegetación inferiores a los históricos, aunque las anomalías son menos frecuentes que en las áreas ubicadas más hacia el este. Esta información refuerza la necesidad de analizar las condiciones particulares de cada zona y evitar generalizaciones para toda la provincia.

Desde el punto de vista productivo, hacia el oeste las decisiones deberían ser más cuidadosas y adaptadas a cada ambiente. En suelos con buen potencial y adecuada disponibilidad de agua, los planteos de mayor rendimiento podrían apoyarse principalmente en siembras tardías, mientras que una proporción de siembras tempranas permitiría diversificar riesgos. El adelanto excesivo de la implantación, sin embargo, puede aumentar la exposición a heladas tardías y a emergencias desparejas por bajas temperaturas.

El ambiente define la estrategia

El informe plantea que la campaña no debe interpretarse simplemente como un período de “mucha agua” y buenas perspectivas. La misma condición hídrica puede reducir la probabilidad de sequía, permitir mayores rendimientos y, al mismo tiempo, aumentar el riesgo de anegamiento en determinadas posiciones del relieve.

Por eso, la estrategia deberá definirse lote por lote, considerando la cantidad de agua almacenada en el perfil; la profundidad y evolución de la napa freática; el tipo de suelo y su capacidad de almacenamiento; la posición del lote dentro del paisaje; la cobertura vegetal; la evolución efectiva de las lluvias y la fecha de siembra y el cultivo elegido.

Para el este de San Luis, el desafío será aprovechar la buena disponibilidad hídrica sin asumir que el escenario de El Niño garantiza precipitaciones abundantes durante toda la campaña. El monitoreo de los lotes y la capacidad de ajustar las decisiones serán claves para capturar el potencial productivo y reducir los riesgos asociados tanto a los déficits como a los excesos de agua.