Inicio San Luis Protesta en las rutas: qué dejaron las 96 horas

Protesta en las rutas: qué dejaron las 96 horas

Por Luis Orquín, presidente de la Asociación Agrícola Ganadera de Justo Daract.

Terminó una semana. No fue una semana cualquiera. Lo vio ahora todo el país. Productores agropecuarios que quieren no quedarse en casa, salir a trabajar y producir alimentos en plena epidemia. Circular por un extenso país de oportunidades para emprendedores dentro de un planeta con más de 7.400 millones de habitantes que necesitan alimentarse todos los días, cuya población sigue creciendo exponencialmente, indiferente a la limitación de los recursos naturales.

Una realidad cada vez más difícil para salvaguardar la sostenibilidad del planeta. Pero allí están los obstinados que quieren hacer realidad el milagro de la multiplicación de los panes día a día.


De otro lado está la máquina de impedir, los fabricantes de dificultades, los que son parte del problema y no de las soluciones, los que se desenmascaran todos los días como la oligarquía parasitaria ocupando sus puestos de privilegio en cargos nacionales, provinciales y gremiales.

Vimos esta semana un sector trabajador profundamente afectado por el maltrato, la prepotencia y el abuso de poder. Si, vimos a los transportistas que trabajan con nosotros, no para nosotros, y nos contaron en vivo las mil situaciones infrahumanas que deben soportar. Días enteros sin poder bajar del camión, ni acceder a comprar algo para alimentarse, beber o hacer sus necesidades más personales. Todo eso atravesando el país para llevar lo indispensable al resto de la sociedad, sin siquiera ver a su familia durante meses.

No vimos a los que durante este tiempo le quitan su aporte “obligatorio” para mantener esa estructura enquistada y parasitaria que ya sabemos y que no vale la pena ni siquiera comentar aquí.

Nos encontramos allí, al costado de las rutas. Nosotros con la celeste y blanca y ellos llenos de cansancio y hartazgo por el abuso.

Volvió entonces esa solidaridad ancestral del hombre de campo. Había que ayudarlos cuando sus protectores gremiales y políticos miraban para otro lado desde sus residencias millonarias compradas con el sudor ajeno.

Mujeres y hombres de ellos pueblos y chacras se pusieron a cocinar algo para el mediodía y la noche, para esos camioneros abandonados a su “mala suerte”.

Compartimos largas horas escuchando historias de vida que merecían quedar escritas para que no se pierdan.

Finalmente, y bajo promesas de mediadores políticos nacionales y provinciales, continuaron su largo camino. Nada estaba resuelto todavía. Solamente una leve esperanza de sensatez, cordura, sentido común y reconocimiento de los problemas.

Todo eso debería estar acompañado de voluntad, casi un milagro. La suerte está echada. La Nación se está despertando.