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Los bioinsumos ganan terreno y marcan el camino hacia una nueva revolución productiva

Especialistas, investigadores, empresas y productores participaron en Villa Mercedes de una jornada técnica que puso en el centro de la escena el potencial de los bioinsumos para mejorar la productividad, reducir costos, recuperar la salud de los suelos y enfrentar los desafíos del cambio climático. El encuentro dejó una conclusión contundente, el futuro de la producción agropecuaria dependerá de sistemas cada vez más biológicos, integrados y sustentables.

La ciudad de Villa Mercedes se convirtió en escenario de uno de los encuentros más relevantes del año en materia de agricultura sustentable. Bajo el lema “Bioinsumos para la producción agropecuaria”, especialistas de distintos puntos del país coincidieron en señalar que el desarrollo de tecnologías biológicas aplicadas al agro ya no representa una alternativa complementaria, sino una herramienta estratégica para garantizar la productividad, la rentabilidad y la sostenibilidad de los sistemas productivos.

La jornada se desarrolló en la Agencia de Extensión Rural (AER) Villa Mercedes del INTA y reunió a investigadores, docentes universitarios, empresarios, técnicos y productores interesados en conocer los avances científicos y las experiencias concretas vinculadas con la utilización de microorganismos, biofertilizantes, bioestimulantes y otras herramientas biológicas.


La actividad fue organizada en el marco del Proyecto Estructural 007 del INTA “Fortalecimiento de los entramados alimentarios de la agricultura familiar con enfoque territorial”, junto con la Red de Agroecología del INTA (REDAE), la Universidad Nacional de San Luis, la Universidad Nacional de La Pampa y diversas instituciones públicas y privadas comprometidas con el desarrollo de tecnologías biológicas.

A lo largo de la jornada, los participantes coincidieron en que la agricultura atraviesa un proceso de transformación profunda. Actualmente, cerca del 50 por ciento de la superficie agrícola argentina utiliza algún tipo de bioinsumo, principalmente inoculantes biológicos destinados a mejorar la nutrición de los cultivos.

Sin embargo, el desafío que se presenta hacia adelante es mucho más amplio. La expansión del biocontrol de plagas, la bioestimulación vegetal y la regeneración biológica de los suelos aparecen como los próximos pasos de una revolución tecnológica que busca compatibilizar productividad y cuidado ambiental.

Los especialistas remarcaron que los bioinsumos no vienen a reemplazar totalmente a los fertilizantes o fitosanitarios convencionales, sino a complementarlos dentro de estrategias de manejo integradas que permitan optimizar recursos y disminuir impactos negativos sobre el ambiente.

El suelo vivo

Uno de los conceptos más repetidos durante el encuentro fue la necesidad de recuperar la visión del suelo como un ecosistema vivo.

Investigadores, técnicos y productores destacaron que la fertilidad no debe entenderse únicamente como disponibilidad de nutrientes, sino también como la capacidad biológica del suelo para sostener procesos naturales que favorezcan el crecimiento de los cultivos.

En este contexto, los microorganismos adquieren un papel central. Hongos, bacterias y otros organismos microscópicos participan activamente en la solubilización de nutrientes, la fijación biológica de nitrógeno, la descomposición de materia orgánica y la protección de las plantas frente a enfermedades y condiciones adversas.

Según se explicó durante las exposiciones, muchas de estas herramientas permiten movilizar nutrientes que ya se encuentran presentes en el suelo, reduciendo la necesidad de incorporar insumos externos y mejorando la eficiencia de los sistemas productivos.

Los expositores coincidieron en señalar que el creciente interés por los bioinsumos responde tanto a cuestiones económicas como ambientales.

El aumento sostenido de los costos de los fertilizantes tradicionales, especialmente de aquellos basados en fósforo, ha impulsado la búsqueda de alternativas que permitan mejorar la eficiencia de uso de los nutrientes.

Al mismo tiempo, el cambio climático impone nuevas exigencias a los sistemas agrícolas. Sequías prolongadas, olas de calor y eventos extremos generan pérdidas crecientes en los cultivos, por lo que los bioestimulantes y microorganismos promotores del crecimiento aparecen como herramientas capaces de aumentar la tolerancia de las plantas frente a estas situaciones.

Otro aspecto destacado fue la importancia de estas tecnologías en zonas periurbanas, donde las restricciones para la aplicación de agroquímicos convencionales limitan las alternativas de manejo. Debido a su baja o nula toxicidad, los bioinsumos representan una opción viable para mantener la producción sin comprometer la convivencia con las comunidades cercanas.

Uno de los paneles centrales estuvo dedicado a las experiencias regionales de manejo y validación de bioinsumos.

La mesa estuvo integrada por la Ing. Agr. (Mgter.) Teresa Ruiz, representante de AsFE; Franco Ziraldo Tumini, de Bactools Biotech; la Ing. Agr. María Clara Mediavilla, del INTA Bordenave; Guillermo Cismondi, productor de Tilisarao; y el Ing. Agr. Pablo Civalero, de Bioinsumos VM.

Representantes de empresas, técnicos del INTA y productores compartieron resultados obtenidos en diferentes sistemas productivos, mostrando cómo estas tecnologías pueden traducirse en mejoras reales en el rendimiento, la calidad de los cultivos y la salud del suelo.

Entre los casos presentados se destacó el desarrollo del consorcio bacteriano “B4”, integrado por cuatro cepas del género Bacillus. El producto surgió tras años de investigación y selección de microorganismos nativos y logró resultados sobresalientes en el control biológico de enfermedades que afectaban a productores de tomate de la región de Cuyo.

También se expusieron ensayos realizados por el INTA Bordenave con micorrizas, biofertilizantes fermentados y fertilizantes elaborados a partir de hidrólisis de lana ovina. Los resultados mostraron mejoras en la calidad del trigo, permitiendo incluso desarrollar producciones diferenciadas destinadas a la elaboración de harina agroecológica.

Ciencia regional y problemas locales

Otro de los aspectos sobresalientes de la jornada fue la presentación de investigaciones desarrolladas por universidades y centros científicos de la región.

Especialistas de la Universidad Nacional de San Luis y de la Universidad Nacional de La Pampa mostraron avances en la identificación y utilización de microorganismos nativos adaptados a las condiciones del semiárido.

En este espacio participaron la Dra. María Gabriela Sansone, de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia de la Universidad Nacional de San Luis; la Dra. Carolina Gorlino, de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias (FICA-UNSL); la Dra. Fabiola Pagliero, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de La Pampa; y el Téc. Cristian Crespo, asesor en biofábricas de La Milpa.

Los investigadores explicaron que las cepas locales poseen ventajas comparativas frente a microorganismos importados, ya que se encuentran naturalmente adaptadas a las condiciones climáticas, edáficas y ambientales de cada territorio.

En este sentido, se presentaron trabajos vinculados a la recuperación de suelos afectados por incendios forestales, al desarrollo de biofertilizantes para viñedos y a la búsqueda de microorganismos con capacidad para mejorar la nutrición vegetal y controlar enfermedades.

Uno de los proyectos más destacados involucra estudios realizados en conjunto con viñedos de la empresa Chandon, donde se aislaron e identificaron cientos de cepas microbianas nativas para evaluar su potencial agronómico.

Del laboratorio al lote

Pese al enorme potencial de estas tecnologías, los especialistas reconocieron que aún existen desafíos importantes.

Uno de ellos es lograr que los microorganismos mantengan en el campo la misma eficacia observada en condiciones controladas de laboratorio.

Las variaciones de temperatura, humedad, competencia biológica y disponibilidad de nutrientes representan obstáculos que deben superarse para garantizar resultados consistentes a gran escala.

A esto se suman las dificultades regulatorias y financieras que enfrenta el sector. Investigadores y empresarios coincidieron en señalar que los procesos de aprobación y registro de nuevos productos biológicos suelen ser largos y complejos, retrasando la llegada de innovaciones al mercado.

También se mencionaron las dificultades para acceder a insumos biotecnológicos importados y la necesidad de fortalecer la inversión pública y privada en investigación aplicada.

Uno de los momentos más profundos del encuentro giró en torno a la soberanía de la fertilidad y la conservación de los recursos biológicos.

Desde una perspectiva agroecológica, algunos participantes advirtieron sobre el riesgo de que los microorganismos nativos sean objeto de procesos de patentamiento que limiten el acceso de los productores a recursos biológicos propios de sus territorios.

Fotos: INTA San Luis.