Durante una jornada sobre bioinsumos realizada en Villa Mercedes, el especialista Daniel Adamini destacó en una entrevista con El Semiárido el avance de las tecnologías biológicas en el agro argentino. Con experiencia en distintas regiones del país, aseguró que la transición hacia sistemas productivos con menor dependencia de insumos químicos es posible mediante un manejo integral que combine asesoramiento técnico, análisis de suelos y aplicación estratégica de microorganismos y biofertilizantes.
La ciudad de Villa Mercedes fue escenario de uno de los encuentros más relevantes del año en materia de agricultura sustentable. Bajo el lema “Bioinsumos para la producción agropecuaria”, especialistas, investigadores, docentes, técnicos y productores analizaron el presente y el futuro de las herramientas biológicas aplicadas a la producción agropecuaria.
La actividad se desarrolló en la Agencia de Extensión Rural (AER) Villa Mercedes del INTA y permitió intercambiar experiencias sobre el uso de microorganismos benéficos, biofertilizantes, bioestimulantes y otras tecnologías orientadas a mejorar la productividad sin comprometer la salud de los ecosistemas.
Entre los asistentes se destacó Daniel Adamini, oriundo de Pergamino, provincia de Buenos Aires, quien desde hace décadas trabaja en la difusión y aplicación de productos biológicos en distintos sistemas productivos del país y que en Villa Mercedes tiene como representante al asesor técnico y comercial ingeniero Pablo Civalero.
Según explicó, la adopción de estas tecnologías no debe entenderse como una simple sustitución de productos químicos por biológicos, sino como parte de un proceso integral de manejo agronómico.
“Hace muchos años que trabajamos para que los productores puedan reducir progresivamente el uso de agroquímicos y reemplazarlos por alternativas biológicas. Hoy estamos presentes en numerosas provincias, desde la Patagonia hasta el norte argentino, adaptando las estrategias a cada realidad productiva”, señaló.
Un enfoque integral
Adamini remarcó que el éxito de los bioinsumos depende en gran medida de una correcta planificación y del acompañamiento técnico permanente.
“Nuestro trabajo comienza con un análisis de suelo y un relevamiento de la historia productiva de cada lote. A partir de allí se diseña una estrategia para disminuir gradualmente el uso de productos químicos, con el objetivo de alcanzar, cuando las condiciones lo permiten, sistemas de producción totalmente biológicos”, explicó.
Dentro de las herramientas utilizadas mencionó endomicorrizas, bacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR), hormonas, macro y micronutrientes, además de distintos bacilos y hongos que actúan como agentes de control biológico.
Uno de los conceptos que enfatizó durante la entrevista fue que la aplicación de estos productos se orienta principalmente a la semilla y a la planta.
“Muchas veces se confunde el rol de los biofertilizantes. Nosotros trabajamos sobre la planta y la semilla. La mejora del suelo es una consecuencia del proceso productivo, no el objetivo directo de la aplicación”, aclaró.
Mejoras comprobables en el suelo
El especialista aseguró que los resultados obtenidos en distintos establecimientos demuestran beneficios concretos en la calidad de los suelos.
“En un año hemos logrado mejorar indicadores como la materia orgánica, el pH, la disponibilidad de fósforo, el contenido de azufre y la presencia de macro y micronutrientes. Son mejoras que impactan directamente en la productividad y en la sustentabilidad del sistema”, afirmó.
Adamini destacó además que el acompañamiento técnico forma parte esencial de la propuesta de trabajo.
“Vendemos productos, porque somos una distribuidora, pero todos nuestros clientes reciben asesoramiento sin costo adicional. Somos exigentes con el manejo porque sabemos que la mayoría de los fracasos no se deben a los productos, sino a una aplicación incorrecta”, sostuvo.
Con más de cuatro décadas de experiencia vinculadas a la biología aplicada al agro, recordó que comenzó a trabajar con microorganismos en 1979, participando de experiencias pioneras relacionadas con Azospirillum, Pseudomonas y Bacillus thuringiensis.
“Muchas veces se dice que los biológicos no funcionan, cuando en realidad el problema está en el manejo. Por eso insistimos tanto en la capacitación y el acompañamiento de quienes utilizan los productos en el campo”, señaló.
Nuevos desarrollos biológicos
La expansión del enfoque biológico no se limita únicamente a los cultivos extensivos. Adamini adelantó que actualmente trabajan en proyectos innovadores vinculados a alimentos diferenciados.
Entre ellos destacó la próxima presentación de lo que definió como el primer vino elaborado bajo un esquema biológico integral.
“En agosto vamos a presentar un Chenin Blanc producido en San Rafael, Mendoza, bajo criterios completamente biológicos. También estamos avanzando con las primeras muestras de aceite de oliva extra virgen biológico”, reveló.
La iniciativa busca generar productos con valor agregado y diferenciación comercial, capaces de responder a una demanda creciente de consumidores interesados en alimentos obtenidos mediante prácticas más sostenibles.
“La meta es que todo aquello que produzca un forraje, un fruto o una semilla pueda desarrollarse bajo esquemas biológicos. Eso permitirá que el productor obtenga un reconocimiento económico adicional por ofrecer un producto de mayor calidad ambiental”, indicó.
Derribar prejuicios
Pese al crecimiento sostenido del sector, el especialista considera que todavía existen barreras vinculadas al desconocimiento.
“Siguen existiendo prejuicios porque hay mucha gente que no conoce realmente cómo funcionan los productos biológicos. Por eso es fundamental capacitarse, asesorarse y probar en el campo”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que el factor más importante no es el producto en sí mismo, sino la forma en que se utiliza.
“Lo fundamental es el uso correcto. Nosotros buscamos trabajar directamente con quienes realizan la siembra, la curación de semillas o las aplicaciones. Son ellos quienes determinan el éxito de la tecnología”, explicó.
Para Aadamini, el crecimiento de los bioinsumos representa una transformación profunda en la agricultura moderna. Una tendencia que, lejos de ser pasajera, se consolida como una de las principales herramientas para responder a los desafíos productivos, ambientales y económicos que enfrenta el sector agropecuario.
“La agricultura biológica dejó de ser una opción complementaria. Hoy es una herramienta estratégica para producir más, cuidar los recursos y generar sistemas verdaderamente sustentables”, concluyó.











