La 24ª Prueba Pastoril de Angus Centro completó en Huelucan, Buena Esperanza, su tercera y última jura fenotípica. De los 70 reproductores que comenzaron el desafío de 300 días quedaron 48, tras superar una exigente selección. San Jorge obtuvo el mejor toro, mientras que El Viejo Zorzal, de Villa Mercedes, alcanzó el segundo puesto. Ahora, la atención se traslada al remate que se realizará en Río Cuarto.
La 29ª Prueba Pastoril de Angus Centro entró en su etapa decisiva. En el establecimiento Huelucan, del Grupo Tigonbu, ubicado en Buena Esperanza, se desarrolló la tercera y última jura fenotípica de una competencia que se extiende durante 300 días y que busca poner a prueba a los reproductores bajo condiciones reales de producción.
El cierre dejó definidos a los animales destacados de esta edición y abrió la cuenta regresiva hacia la subasta que se realizará en Río Cuarto. La competencia comenzó con 70 toros y solamente 48 llegaron a esta instancia, una reducción que refleja el nivel de exigencia aplicado durante el proceso de selección.
El máximo reconocimiento fue para un reproductor de la cabaña San Jorge, de Pablo Maron, de Etruria, Córdoba. El segundo mejor toro correspondió a El Viejo Zorzal, de Nicolás Cavigliasso, de Villa Mercedes, San Luis, mientras que el tercer puesto quedó para la cabaña El Potro, de Córdoba.
Además de la clasificación fenotípica, la prueba distinguió diferentes características productivas. La cabaña 14 de Abril, de Teodelina, obtuvo la mención por grasa intramuscular; El Potro se destacó por la mejor ganancia diaria de peso; Paima, de sucesores de Osvaldo Otero, consiguió el reconocimiento en índice de calidad de carne medido mediante ecografía; y Las Coloradas, de la familia Falco, sobresalió en el índice reproductivo.
Para Alejandro Guiroy, presidente de Angus Centro, uno de los valores centrales de la prueba está precisamente en la intensidad de la selección.
Los 70 animales que ingresaron inicialmente debieron atravesar diferentes evaluaciones hasta quedar reducidos a 48. El objetivo, explicó, es que la prueba se consolide como una referencia para los reproductores que posteriormente salen a la venta en la región.
La selección, además, no se limita a la apariencia exterior del animal. A las evaluaciones fenotípicas se suman mediciones de calidad seminal, características vinculadas al área de ojo de bife y otros parámetros que permiten construir una evaluación integral del reproductor.
Ese sistema es uno de los pilares sobre los que Angus Centro sostiene la trayectoria de la prueba. Según Guiroy, a lo largo de los años pasaron más de 1.100 toros y la organización no recibió reclamos por los reproductores comercializados, un antecedente que vinculó directamente con los criterios aplicados durante la selección.











Un Angus pensado para campos exigentes
La localización de la prueba en Buena Esperanza le otorga una particular relevancia para San Luis. Los animales permanecen durante meses en condiciones pastoriles y deben demostrar capacidad de adaptación, desplazamiento, estructura y funcionalidad.
La raza Angus, además, continúa teniendo presencia creciente en ambientes productivos muy diferentes. Durante la jornada se destacó particularmente su capacidad maternal y adaptación, desde la Cuenca del Salado hasta regiones semiáridas.
Para los productores puntanos, ese aspecto adquiere especial importancia porque buena parte de la ganadería provincial se desarrolla sobre grandes extensiones y ambientes donde la rusticidad, la capacidad de caminar y la durabilidad del reproductor son características fundamentales.
Fabián Otero, vicepresidente de la Asociación de Criadores de Angus, consideró que los toros surgidos de esta prueba tienen condiciones especialmente apropiadas para los establecimientos ganaderos de San Luis.
Los reproductores llevan alrededor de diez meses adaptándose al ambiente, no fueron confinados y están acostumbrados a desplazarse en condiciones pastoriles. Según Otero, son características que los hacen particularmente interesantes para “campos grandes” y ambientes duros como los que predominan en numerosas zonas ganaderas puntanas.
La relación de la prueba con la provincia ya se reflejó en las ventas anteriores. De acuerdo con Otero, en la subasta del año pasado entre 16 y 17 reproductores terminaron en establecimientos de San Luis. La expectativa es que nuevamente haya compradores puntanos interesados en incorporar esta genética.
Una prueba que no perdona
Uno de los aspectos que diferencia al sistema pastoril es que no todos los reproductores que comienzan llegan al remate.
De los 70 toros ingresados en esta edición quedaron 48. En el camino hubo animales que sufrieron lesiones, otros que no respondieron estructuralmente como se esperaba y ejemplares que no lograron superar los índices establecidos.
La exigencia se mantiene incluso hasta las horas previas a la venta. Angus Centro estableció que cualquier reproductor que al momento del remate no esté en condiciones de prestar servicio inmediatamente será retirado.
“No vendemos un toro con un problemita que se tiene que curar. Si no está apto para dar servicio, lo retiramos”, explicó Otero al describir uno de los criterios que, según la entidad, permitió sostener durante años la prueba sin reclamos posteriores.
El vicepresidente de Angus fue incluso más lejos al evaluar la calidad alcanzada en esta edición y consideró que los 48 ejemplares que llegaron al tramo final conformaron la mejor torada de los últimos años de la prueba.
La última jura estuvo a cargo de Manuel Olarra, quien participó por primera vez junto a su padre. El jurado destacó el nivel general de los animales y el trabajo realizado desde la selección inicial en las cabañas hasta el manejo desarrollado durante la prueba.
En la evaluación se observaron especialmente los desplazamientos, volumen, adaptación al sistema, ancho, armonía general, calidad racial y corrección de las líneas de los reproductores.








Pablo Maron, responsable de la cabaña cordobesa San Jorge, expresó su satisfacción por el resultado y puso el acento en el trabajo que existe detrás de cada reproductor, tanto de quienes participan directamente en la prueba como de las personas que permanecen trabajando en los establecimientos.
Con la jura fenotípica terminada, el desafío todavía no concluyó. Queda por delante casi un mes hasta la comercialización y los toros deberán conservar las condiciones que les permitieron llegar hasta esta instancia.
Para Angus Centro, el sistema busca que el comprador no se lleve solamente un reproductor visualmente atractivo, sino un animal que haya demostrado durante meses adaptación, funcionalidad y capacidad para desenvolverse bajo condiciones pastoriles.
La experiencia también trascendió a la región. Angus Centro fue impulsora de este tipo de evaluaciones y posteriormente se organizaron pruebas similares en otras zonas del país, entre ellas el Litoral, Patagonia, La Pampa y Buenos Aires. Para la entidad, estos encuentros no solo aportan información genética y de manejo, sino que fortalecen el intercambio entre las cabañas participantes.
Para San Luis, la definición tiene un ingrediente adicional. Una prueba de 300 días realizada en Buena Esperanza permite observar a los reproductores en un ambiente que guarda relación directa con las condiciones que encontrarán posteriormente en muchos establecimientos ganaderos de la provincia.
Los 48 toros que atravesaron el filtro ya superaron buena parte del desafío. Ahora deberán llegar en condiciones al último examen, el momento en que los productores levanten la mano en Río Cuarto y decidan qué genética incorporar a sus rodeos.
El final de la competencia tuvo la visita especial de estudiantes del ultimo año de Ingeneria Agronómica de la Universidad Nacional de San Luis, que llegaron acompañados por el medico veterinario y docente de la catedra Selección de Bovinos para Carne José Puigdellibol.
















Fotos: José Sombra – sanluisconelcampo.







