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De Buena Esperanza a China: Tigonbu dio el salto al Wagyu y abrió una nueva etapa para la carne de San Luis

El Grupo Tigonbu, propietario del establecimiento Huelucan, comenzó a producir Wagyu sobre vientres Angus propios, llevó los novillos hasta unos 800 kilos y concretó un primer envío de carne a China. Ocho animales fueron faenados en Córdoba y la mercadería viajó por avión al mercado asiático. Tras los resultados iniciales, la empresa familiar prepara una nueva etapa, con la expectativa de avanzar hacia embarques en contenedores. El proyecto representa un nuevo salto productivo para una firma que desde hace más de medio siglo apuesta por la ganadería y la genética en el sur de San Luis.

En el extremo sur de San Luis, una empresa familiar que lleva más de medio siglo apostando por la ganadería decidió subir otro escalón en la cadena de valor. Ya no se trata solamente de producir hacienda, incorporar genética o terminar novillos pesados para exportación. El nuevo desafío del Grupo Tigonbu es producir carne Wagyu desde Buena Esperanza y colocarla en uno de los mercados más grandes del mundo, como China.

El proyecto se desarrolla en Huelucan, establecimiento ubicado sobre la Ruta Nacional 148 y conocido también por ser escenario de la Prueba Pastoril “Test del Río Quinto” de Angus Centro. Allí, durante la final de la 29ª jura fenotípica, El Semiárido recorrió junto con los propietarios de la empresa, el jurado y cabañeros de San Luis los corrales donde se encuentran los novillos Wagyu.

Los animales son producto de una experiencia que combina dos mundos genéticos, semen argentino de Wagyu, raza originaria de Japón y reconocida internacionalmente por la calidad y marmoleo de su carne, utilizado sobre vacas Angus pertenecientes al propio rodeo de la empresa.

La apuesta ya superó la etapa experimental. Tigonbu concretó la faena de los primeros ocho animales y exportó su carne a China. Ahora, luego de evaluar los resultados de ese envío inicial, la empresa se prepara para intentar dar un paso de mayor escala.

De un Angus Colorado en 1970 al Wagyu

Para entender cómo Tigonbu llegó hasta aquí hay que retroceder más de medio siglo.

Nelson Alberto González, de 82 años, es continuador de la empresa fundada por su padre, Nelson Roberto González. Actualmente, Gastón Alberto González, hijo de Nelson, está al frente de la compañía y representa una nueva generación dentro de la empresa familiar.

La relación de la familia con la genética bovina tiene raíces profundas. Gastón González recordó que en 1970 su abuelo compró el primer toro Angus Colorado y que desde entonces la empresa mantuvo una apuesta permanente por la raza, los animales y la incorporación de genética.

“Siempre apostamos a eso, siempre invertimos en tecnología, en genética”, resumió al describir un recorrido productivo que ya supera los 50 años.

La estrategia fue evolucionando con el tiempo. La búsqueda se concentró en encontrar animales capaces de adaptarse a las condiciones productivas de la región y, paralelamente, incorporar herramientas que permitieran medir, seleccionar y mejorar los resultados.

Esa historia explica en parte el desembarco en Wagyu. No aparece como un proyecto aislado, sino como otro escalón dentro de una estrategia que durante décadas buscó agregar genética y mejorar la calidad de los animales.

El salto hacia animales más pesados

El cambio también está relacionado con la posibilidad de llevar esa genética hasta su máxima expresión productiva.

Según explicó Gastón González, durante mucho tiempo la inversión realizada en mejoramiento genético encontraba una limitante cuando los animales debían comercializarse con bajos pesos. La posibilidad de producir hacienda pesada destinada a exportación modificó esa ecuación.

“Hoy este contexto hace que podamos sacar lo máximo de la genética de los animales en pesos que realmente valen la pena”, señaló.

Actualmente, entre hacienda propia y animales en hotelería, Tigonbu maneja alrededor de 6.000 cabezas en terminación, de acuerdo con lo señalado por González durante la entrevista. La producción convencional destinada a exportación sale con aproximadamente 500 kilos.

Pero los Wagyu llevaron esa estrategia mucho más lejos, ya que la empresa está terminando animales que alcanzan alrededor de 800 kilos.

Ese salto de 500 a 800 kilos no representa solamente más kilos por cabeza. Supone prolongar el ciclo productivo para permitir que la genética exprese atributos de calidad que son especialmente valorados en este tipo de carne.

Los primeros Wagyu de Huelucan llegaron a China

La experiencia ya tuvo su primera prueba comercial.

Nelson González confirmó que ocho animales fueron faenados en Córdoba y posteriormente su carne fue exportada a China. Según relató, los resultados obtenidos con esa primera mercadería generaron entusiasmo dentro de la empresa.

Por tratarse de una experiencia inicial, la carne viajó por avión. El próximo objetivo es considerablemente más ambicioso, avanzar hacia un envío en contenedores, lo que permitiría comenzar a darle otra escala comercial al proyecto.

“Estamos esperando hacer una embarcación con contenedores, porque en esta oportunidad fue en avión la carne y ya la próxima va a ir en contenedores”, explicó González al describir el próximo desafío.

A sus 82 años, Nelson observa el proceso desde otro lugar. Gastón tomó la conducción y empujó el nuevo proyecto, algo que su padre destacó con orgullo durante la recorrida.

Para la familia, llegar con una carne diferenciada a mercados externos significa también recoger el resultado de décadas de inversiones.

La elección del destino tampoco es casual. Para Gastón González, China presenta una dimensión de consumo que abre posibilidades para productos de estas características.

El empresario destacó el tamaño de ese mercado y la posibilidad de encontrar allí demanda para ampliar progresivamente los envíos.

Sin embargo, el salto más significativo para Tigonbu no está solamente en exportar. Está en intentar construir desde San Luis un producto de mayor valor agregado, basado en genética, alimentación, terminación pesada y calidad de carne.

En lugar de desprenderse tempranamente del animal, la empresa busca recorrer una porción mucho mayor del ciclo y capturar el valor generado durante ese proceso.

Uno de los interrogantes era cómo responderían los Wagyu al sistema de alimentación que Tigonbu ya utiliza para su hacienda.

La experiencia dejó una conclusión interesante, que no fue necesario diseñar desde cero un esquema completamente diferente.

Gastón González explicó que se aplicó una recría más prolongada, pero después la alimentación fue esencialmente la misma que recibió el resto de los animales.

El resultado que más entusiasmo despertó fue el grado de marmoleo conseguido. Según González, los animales alcanzaron valores superiores a 7, con registros de 7, 8, 9 y hasta 10.

Ese atributo es precisamente una de las características distintivas del Wagyu y uno de los factores que explican su valorización como carne diferenciada.

El proyecto Wagyu se inserta además dentro de una estructura productiva diversificada.

Huelucan cuenta con unas 4.000 hectáreas destinadas a cultivos como maíz y soja y un feedlot con capacidad aproximada para 4.000 cabezas. El esquema combina agricultura y ganadería con producción de bioetanol y biogás, generación de energía eléctrica y térmica y aprovechamiento de subproductos agrícolas.

También dispone de una importante base forrajera, con pasturas y alfalfa durante el verano y avena y centeno en invierno. Esa estructura es precisamente la que permite que Huelucan sea sede de la prueba pastoril de Angus Centro, donde los reproductores permanecen durante meses sometidos a condiciones productivas reales.

La relación con Angus Centro también funciona como una vidriera genética para la propia empresa. Gastón González reconoció que recibir cabañas y reproductores les permite observar tendencias, analizar hacia dónde se dirige la selección de la raza y utilizar esa información para ajustar sus propias decisiones productivas.

El recorrido de Tigonbu sintetiza una transformación que excede al Wagyu.

En una región donde históricamente buena parte de la producción primaria sale del campo como granos o animales, la empresa fue integrando diferentes eslabones, como agricultura, producción forrajera, ganadería, terminación intensiva, energía y aprovechamiento de subproductos. Ahora incorpora un nuevo componente: producir una carne diferenciada con destino internacional.

El primer envío de ocho animales puede parecer pequeño frente a una estructura que maneja miles de cabezas, pero tiene otro significado. Funcionó como prueba para saber si un Wagyu producido desde Buena Esperanza podía recorrer toda la cadena, ser faenado, llegar a China y encontrar respuesta comercial.

Superada esa primera experiencia, el desafío será escalar.

Fotos: José Sombra – sanluisconelcampo.