Una investigación científica de San Luis busca aportar información inédita sobre la calidad del agua en represas ganaderas y su relación con el paisaje del Chaco Árido, una región donde el recurso hídrico define la viabilidad productiva. La licenciada en Ciencias Biológicas Victoria Petit, becaria doctoral del CONICET, desarrolla un estudio que promete ofrecer herramientas concretas para productores ganaderos y organismos técnicos.
Graduada en la Universidad Nacional de San Luis y actualmente doctoranda en Biología en la misma institución, Petit centra su tesis en un tema estratégico para la producción extensiva, como el impacto de la ganadería sobre el funcionamiento ecohidrológico de las represas y la calidad del agua en ambientes áridos.
Su investigación aborda un problema que atraviesa a gran parte del oeste argentino y que adquiere especial relevancia en el territorio puntano, donde el Chaco Árido encuentra uno de sus límites geográficos.
El área de estudio se ubica en el extremo occidental del Chaco Árido, una vasta región que se extiende desde sectores de Bolivia y Paraguay hasta provincias argentinas como La Rioja y San Luis, con pequeñas porciones en Córdoba. En el territorio puntano, esta zona se caracteriza por precipitaciones escasas, suelos particulares y una fuerte dependencia de represas rurales y acueductos para sostener la ganadería.
En ese contexto, la tesis doctoral de Petit se estructura en tres grandes ejes: la eficiencia hídrica de las represas, el efecto del ganado sobre el paisaje y la calidad del agua disponible para consumo animal.
“El objetivo es entender cómo funcionan las represas desde distintos aspectos, cómo se llenan, cómo influye el ganado en el terreno y qué calidad tiene el agua que consumen los animales”, explicó la investigadora durante una entrevista con El Semiárido.
Uno de los puntos centrales del trabajo es el análisis comparativo entre el agua proveniente del acueducto, alimentado por el dique Nogolí, y la almacenada en represas distribuidas en distintas localidades del oeste provincial.
Para desarrollar su estudio, Petit tomó muestras en cinco puntos estratégicos del sistema de acueductos que abastecen a zonas ganaderas del noroeste de San Luis. Entre las localidades relevadas se encuentran Chosmes, La Calera, Alto Pencoso, Desaguadero, también conocida como Cabeza de Vaca, y el área de Naranjo Esquino.





Además, la investigación incluyó muestreos en represas rurales cercanas a esas localidades, con un promedio de tres estructuras por zona. En total, se analizaron decenas de muestras correspondientes a distintas épocas del año, con el objetivo de evaluar el comportamiento del agua tanto en períodos húmedos como secos.
El trabajo incluyó también la toma de muestras en el río Nogolí antes y después del dique, lo que permitió comparar las condiciones del agua en su ingreso y salida del sistema.
Los análisis realizados fueron de tipo fisicoquímico, orientados específicamente a determinar la aptitud del agua para consumo ganadero, un aspecto fundamental en regiones donde el bienestar animal depende directamente de la disponibilidad hídrica.
Resultados que confirman percepciones del productor
Uno de los hallazgos más significativos del estudio, aún en proceso de publicación, confirma una percepción ampliamente extendida entre productores, que, en muchos casos, el agua de represa presenta condiciones favorables para el ganado.
Según los primeros resultados, el agua acumulada en represas suele contener ciertos niveles de sales naturales que resultan beneficiosos para la nutrición animal, reduciendo en algunos casos la necesidad de suplementación con bloques minerales.
“Muchos productores nos decían que notaban diferencias en el estado de los animales cuando bebían agua de represa, y los análisis muestran que esa percepción tiene fundamentos”, señaló Petit.
Este fenómeno se evidenció con mayor claridad durante 2024, considerado particularmente seco en la región. La baja disponibilidad de lluvias provocó una disminución notable en los niveles de los diques, lo que afectó la calidad del agua transportada por los acueductos.
Durante ese período, la escasa altura del nivel de agua en el dique favoreció la remoción de sedimentos del fondo, generando condiciones menos favorables en comparación con el agua almacenada en algunas represas locales.
Un año seco que dejó huellas en el campo
La campaña 2024 representó un escenario extremo que permitió observar el comportamiento de las represas en condiciones críticas. La escasez de lluvias impidió que muchas estructuras se recargaran adecuadamente, lo que derivó en la pérdida de puntos de muestreo en zonas donde las represas se secaron completamente.
“Para que las represas se llenen se necesitan lluvias intensas que generen escurrimientos. Ese año hubo precipitaciones muy pequeñas, que no alcanzaron para acumular agua”, explicó la investigadora.
Esta situación obligó a numerosos productores a depender exclusivamente del acueducto durante los meses más críticos, evidenciando la importancia de contar con múltiples fuentes de abastecimiento.
De hecho, una de las recomendaciones que surge de los primeros análisis coincide con la experiencia productiva, mantener tanto represas como acceso a acueductos constituye una estrategia fundamental para enfrentar años climáticamente adversos.
Otro de los aspectos innovadores de la investigación es el análisis del impacto del ganado sobre el terreno y su relación con el llenado de represas.
Petit explicó que el tránsito repetido de los animales genera senderos compactados que modifican la infiltración del agua y favorecen la formación de escurrimientos superficiales. Estos canales naturales pueden conducir el agua hacia las represas, facilitando su llenado.
Para estudiar este proceso, la investigadora instaló cámaras trampa en caminos utilizados por el ganado, junto con dispositivos de medición que permiten calcular la profundidad y el caudal del agua durante eventos de lluvia.
A través de estos registros, se busca determinar cuánto volumen de agua llega a las represas y cómo influyen las condiciones del terreno en ese proceso.
“Estamos midiendo el flujo y la turbidez del agua cuando se forman las avenidas. Eso permite entender el rol positivo que puede tener el ganado en la dinámica del paisaje”, explicó.




Tecnología satelital para analizar décadas de cambios
El estudio incorpora además herramientas de análisis satelital que permiten evaluar transformaciones en el paisaje a lo largo del tiempo. Mediante imágenes históricas, Petit planea comparar represas activas, con presencia de ganado, con otras que han sido abandonadas durante al menos una década.
El objetivo es identificar diferencias en la vegetación, el escurrimiento y la capacidad de almacenamiento hídrico.
La información satelital, combinada con datos de sensores pluviométricos y registros de campo, permitirá reconstruir la evolución del entorno y estimar la eficiencia de las represas a lo largo de los años.
“Podemos comparar hasta 25 años de datos, lo que nos da una perspectiva muy amplia sobre cómo cambia el paisaje en función del uso del suelo”, detalló.
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es su orientación práctica. La información generada no solo tendrá valor académico, sino que también permitirá optimizar el manejo del agua en establecimientos ganaderos.
Los datos obtenidos sobre calidad hídrica, comportamiento del terreno y eficiencia de almacenamiento podrán servir como base para decisiones productivas, especialmente en regiones donde el agua constituye un recurso crítico.
Sin embargo, la generación de esta información implica costos elevados. Cada análisis de laboratorio representa una inversión significativa, lo que obligó a establecer acuerdos de colaboración con instituciones científicas.
El procesamiento de las muestras se realizó en el LAQUAA (Laboratorio de Química Analítica Ambiental) de la Universidad Nacional de San Luis, mediante un esquema de cooperación que permitió sostener el proyecto.
“Sin el apoyo del laboratorio y la universidad, hubiera sido imposible analizar esa cantidad de muestras”, reconoció Petit.
El doctorado comenzó en agosto de 2024 y se encuentra actualmente en su segunda etapa. La planificación contempla la recopilación de datos durante tres años consecutivos, especialmente en lo referido a eficiencia hídrica y comportamiento del paisaje.
El capítulo relacionado con calidad de agua, debido a su alto costo, se desarrolló durante un solo año, aunque su impacto se considera clave dentro del conjunto de la investigación.
Según el cronograma previsto, el proyecto aún demandará varios años de trabajo hasta su finalización, incluyendo el procesamiento de datos, el análisis estadístico y la redacción final de la tesis.
Sin embargo, los resultados preliminares ya permiten anticipar un aporte significativo para el conocimiento científico y la gestión productiva en regiones áridas.
Información valiosa para un territorio desafiante
En territorios donde la ganadería depende de la disponibilidad hídrica, contar con datos precisos puede marcar la diferencia entre la sustentabilidad y la crisis productiva.
El trabajo de Victoria Petit representa un ejemplo de ciencia aplicada al territorio, con impacto directo en la actividad rural y en la planificación del uso del agua.
Además, contribuye a visibilizar la importancia de las represas rurales como infraestructura clave en sistemas productivos extensivos, muchas veces subestimadas frente a soluciones más modernas.
En una región donde cada lluvia cuenta y cada reserva de agua puede determinar el destino de un rodeo, la generación de conocimiento científico se convierte en una herramienta estratégica.
Y en ese camino, investigaciones como la que se desarrolla desde San Luis no solo amplían el conocimiento académico, sino que también fortalecen la capacidad de adaptación del sector ganadero frente a un clima cada vez más exigente.
Además, cuentan con un canal de YouTube de divulgación, el de @RepresasPuntanas y el Instagram que es similar, donde suben contenido relacionado a las represas.
Fotos: gentileza de Victoria Petit.











