«Una persona que está produciendo desde la agroecología no puede convivir con alguien al lado que esté fumigando»; «leyes hay, falta protección»; desde la Dirección de Agroecología lo primero que se debe hacer es «visibilizar» la actividad. Trabajar con aquéllos que «entienden que hay que cambiar este modelo». Todas estas definiciones recortadas pertenecen a Eduardo Cerdá, Referente y promotor histórico de la agroecología en el país y futuro director nacional de Agroecología del Ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca de la Nación.
El profesional ha desarrollado su trabajo en municipios, la universidad y armó la red Renama que es la red de municipios que trabajan por la agroecología, entre otras numerosas actividades emprendidas. El lunes participó de un conversatorio que llevó como título «Diálogos por la Agroecología», impulsada desde el Inaes, INTA y Senasa.
Junto a él estuvieron profesionales y productores con experiencias en el trabajo por la agroecología dentro del país. En esta publicación seleccionamos sólo la exposición de Eduardo Cerdá por dos motivos: por su contenido y porque será el primer director de Agroecología. Por primera vez el Ministerio de Agricultura de la Nación incorpora esta disciplina como política de Estado con nombre propio.
En sucesivas publicaciones iremos reproduciendo las exposiciones de los protagonistas de esta charla.
Recordó los inicios de su trabajo en la ciudad de Tres Arroyos, cuando en ese municipio dentro de su plan estratégico se aplicó un modelo agroecológico, del cual Eduardo Cerdá era su director. Comentó que los productores veían que los costos iban subiendo y que el modelo predominante, «con bastante química», generaba un desplazamiento de productores, a cargo de grupos empresarios.
Ante esta realidad se decidió avanzar en un modelo sustentado en la agroecología, como un modelo de salud, prevención, como una forma de producir alimentos sanos, de calidad y sin deteriorar el medio ambiente.
Reconoció que en ese momento les resultó difícil dar los primeros pasos. El primer libro que publica la Universidad de La Plata, a través de Santiago Sarandón -otro referente de la agroecología en el país- dio un impulso fuerte para contar con bibliografía. A ello se sumó que entre productores y unidades académicas se vincularon para hacer trabajos científicos y demostrar que se podían bajar costos y conseguir rendimientos sin deteriorar los recursos.
Al pasar el tiempo y ver el problema más fuerte del uso de los agroquímicos, con la contaminación, las enfermedades, hizo que la sociedad civil como los pueblos fumigados, médicos, universidades, «pusieran técnicos para que demostraran que esas moléculas dando vueltas por el medio ambiente complicaban nuestras vidas».
En ese momento varios municipios se enfrentaron con el problema que los vecinos comenzaron a reclamar que las fumigaciones se realizaran más lejos de las poblaciones y que hubiera un límite de acercamiento.
Explicó que en experiencias piloto que se realizaron en algunos campos permitió explicar a los productores que se podía producir de otra manera.
«Fue así como con los municipios de Gualeguaychú y de Guaminí comenzamos a hacer experiencias agroecológicas», destacó Cerdá. consideró que esa medida tomada por las comunas fue muy importante para el desarrollo de la agroecología.
Se armaron grupos de productores y las hectáreas trabajadas fueron en ascenso permanente. Se hizo una red nacional e internacional de agroecología. «Estamos superando los 30 municipios, las cien mil hectáreas demostrando que se puede producir de otra manera, rompiendo mitos, es un panorama lindo para recorrer».

En una faz conceptual de su exposición afirmó que trabajar desde la perspectiva agroecológica implica «un cambio de paradigma, no menor, porque es salir de una concepción de monocultivo, para entender que producimos alimentos y que ese alimento nos construye como personas».
«Si entendemos que cuatro holding de empresas manejan el 75% de la facturación mundial de agroquímicos y de semillas; que tres empresas tienen toda la genética aviar; que tres empresas tienen el 50% de la genética porcina y que siete empresas manejan todo internet; a esa concentración, la agroecología propone la diversidad», definió en forma contundente Cerdá.
Fundamentó que el suelo va a estar fértil si está diverso, sembrado con muchos cultivos, si hay rotación, variedades, si hay agricultores que vayan al campo. «Este proceso necesita tiempo», dijo.
Desde la Dirección de Agroecología que va a estar a su cargo, consideró que lo primero que debe hacer es «visibilizar» la actividad porque hay mucha gente haciendo agroecología y este crecimiento fue pasando por diferentes estamentos, desde la órbita municipal, a la provincial y nacional.
En esa visibilización, amplió que se debe trabajar en la relación con los institutos de investigación, con las facultades. Sobre éstas, dijo que sólo tres facultades en el país enseñan agroecología. «Por qué esta situación si la agricultura es el saber de la Pachamama, del campo?» se preguntó Cerdá.
Reiteró en su concepto que se debe trabajar sobre la «diversidad» y que se debe desandar un modelo como único. Dentro de la diversidad amplió que debe abarcar a todos los órdenes: «de género, respetando todas las especies y respetando el concepto de casa común, y que nos salvamos colectivamente».
otro aspecto que consideró clave trabajar es en la «protección». ¿Cómo lo explica? Señaló que hay un respaldo legal muy grande, entre la Constitución y las leyes, como la Ley de ambiente 25675, que dice que debemos cuidar los bienes comunes. «Leyes hay», afirmó, y agregó que «falta protección».
«Una persona que está produciendo desde la agroecología no puede convivir con alguien al lado que esté fumigando. Es una falsa ilusión que se puede controlar las gotas o los agroquímicos», sentenció.
En su información a los participantes del conversatorio, explicó que se pasó de 38 millones de litros de agroquímicos en los años ’90, a 500 millones. Destacó, además, que la superficie cultivada sólo se duplicó. En consecuencia, dijo, que debe haber un programa de disminución de uso de agroquímicos.
De esa forma se favorecería el balance comercial porque todos los productos que se utilizan son importados.
Afirmó que la premisa es saber «qué tipo de modelo agropecuario necesitamos». Para ello va a impulsar desde la Dirección de Agroecología un plan participativo federal para discutir en todo el territorio ese modelo. «Ojalá lo podamos hacer en todos los lugares y con aquéllos que tienen ganas de entender que hay que cambiar este modelo».
Si desea ver «Diálogos por la Agroecología» completo, haga clic en este enlace:
«Diálogos por la Agroecología» en el marco del convenio INAES-INTA-SENASA.











