En la provincia de San Luis, la erosión hídrica y eólica sigue siendo una de las principales amenazas para la sostenibilidad de los sistemas agrícolas. Suelos con texturas franco-arenosas y ambientes semiáridos facilitan la pérdida de partículas por viento y agua, generando un círculo vicioso de degradación, pérdida de fertilidad y menor productividad. A pesar de que existen soluciones probadas, la adopción de estas prácticas es todavía incipiente en la región.
En el último Congreso Aapresid (agosto 2025), investigadores de INTA San Luis y la Universidad Nacional de San Luis presentaron el trabajo “¿Qué eficiencia tienen los cultivos de servicios contra la erosión hídrica y eólica?”, firmado por Pablo Peralta, Juan Colazo y Juan Leporatti. Allí se dieron a conocer los resultados de ensayos a campo con centeno (Secale cereale) como cultivo de servicio en lotes de soja cercanos a Villa Mercedes.
Los resultados fueron contundentes: los cultivos de servicio redujeron en promedio un 75% la erosión hídrica y un 88% la erosión eólica, en comparación con parcelas sin cobertura. Incluso en terrenos con diferentes pendientes, el efecto protector del centeno fue evidente, actuando como trampa de sedimentos y anclando el rastrojo en superficie. Cuando hubo presencia de vegetación viva, las tasas de erosión se volvieron prácticamente insignificantes.
El documento también remarcó que estos ensayos se apoyan en una línea de investigación previa en la región, que incluye metodologías estandarizadas de medición de erosión en campo (Carfagno et al., 2018 para erosión hídrica y Fryrear, 1986 para eólica), reforzando la solidez de los resultados. En este sentido, los trabajos actuales representan una continuidad y actualización de estudios previos, adaptados a las condiciones semiáridas de San Luis.


El estudio demostró, además, que los cultivos de servicio no modifican de inmediato la infiltración de agua en suelos arenosos, donde la textura domina sobre la acción radicular. Sin embargo, sí brindan un beneficio clave: la protección física del suelo frente al impacto de la lluvia y la fuerza del viento. En los ensayos, el centeno alcanzó coberturas superiores al 60% y aportes de biomasa de hasta 3.200 kg por hectárea, superando los umbrales recomendados para el control de los procesos erosivos.
A pesar de estas evidencias, la incorporación de cultivos de servicio en San Luis aún enfrenta barreras. Muchos productores los perciben como un costo extra o temen a la competencia por agua en un ambiente con lluvias limitadas. Sin embargo, los datos de INTA confirman que su aporte a la sostenibilidad supera ampliamente a los riesgos: reducen la erosión entre un 70 y un 90%, mejoran la resiliencia del suelo y permiten conservar la base productiva a largo plazo.
La falta de adopción de estas prácticas en la provincia refleja un desafío cultural y técnico. Es necesario un mayor trabajo de extensión, políticas de incentivo y generación de experiencias locales que demuestren su impacto económico además del ambiental. El documento presentado en el Congreso Aapresid 2025 es una prueba clara de que la tecnología está disponible y que los beneficios son inmediatos, pero todavía falta dar el salto desde la investigación a la práctica.
En un contexto donde el cambio climático intensifica los eventos extremos, pensar la agricultura sin cultivos de servicio es dejar el suelo expuesto a un deterioro irreversible. La experiencia de San Luis muestra que las soluciones existen, están a la mano, y que el verdadero reto es lograr que los productores las adopten antes de que la erosión termine por cobrarnos una factura demasiado alta.











