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“Cada gota cuenta”: Quines fue epicentro de una jornada técnica sobre eficiencia del riego y uso inteligente del agua

Con la participación de productores, técnicos, autoridades y estudiantes, el INTA organizó una jornada integral sobre “Prácticas y tecnologías en sistemas de riego”, donde se abordaron estrategias para optimizar el uso del recurso hídrico, incorporar nuevas tecnologías y fortalecer la capacitación en campo.

Con el propósito de promover el uso eficiente del recurso hídrico y difundir herramientas tecnológicas que mejoren la productividad y sostenibilidad de los sistemas agrícolas, el miércoles 5 de noviembre se realizó en Quines la jornada “Prácticas y tecnologías en sistemas de riego”, organizada por la Agencia de Extensión Rural del INTA Quines.

El encuentro reunió a productores, técnicos, representantes de instituciones y estudiantes de escuelas agrotécnicas del norte provincial. Entre los asistentes se destacaron Gustavo Del Bosco, director de Desarrollo Productivo de San Luis; Hugo Díaz Flores, presidente de la Sociedad Rural del Norte; Pedro Bidogia, gerente del Consorcio de Regantes del corredor Quines-Candelaria; y directivos de escuelas rurales y organismos locales vinculados a la producción.


Durante la apertura, Eliana Mercado, jefa de la Agencia INTA Quines, valoró el compromiso de los equipos técnicos en un contexto complejo.

“El año ha sido difícil, pero el trabajo no se detuvo —señaló—. Las agencias de INTA, junto con la experimental, continuaron día a día con sus tareas, manteniendo la asistencia técnica y generando actividades como esta. Es importante destacar el esfuerzo de mis compañeros, Jorge Santillán y Héctor Andrada, que lograron sostener la agenda de proyectos locales en riego, dentro de una cartera programática que ahora cierra un ciclo para dar paso a nuevas líneas de trabajo”.

Mercado destacó que la jornada tuvo una modalidad teórico-práctica, con un enfoque orientado a mostrar tecnologías disponibles para optimizar el uso del agua y aumentar la eficiencia de los sistemas productivos.

“Vamos a ver riego superficial, por aspersión, y sistemas más recientes como el goteo subterráneo, que ya se implementa en algunos establecimientos, especialmente en alfalfa. También veremos innovaciones como el uso de mangas, que permiten mejorar la distribución y reducir pérdidas”, explicó.

Diagnóstico del riego en la región

El técnico Héctor Andrada, del INTA Quines, presentó una caracterización detallada de los sistemas de riego del corredor Quines–Candelaria. Actualmente, en la zona se riegan unas 4.000 hectáreas mediante riego superficial, 28.000 hectáreas con pivote central, 300 hectáreas con goteo subterráneo y 125 hectáreas con goteo superficial.

Durante el encuentro, productores y técnicos compartieron experiencias y resultados de un proyecto local que viene desarrollándose desde hace dos años. Según explicó Héctor Andrada, técnico del INTA Quines, la jornada tuvo como propósito “socializar las actividades, estrategias y resultados obtenidos en la región, y fortalecer el trabajo conjunto entre el sector público y privado en el camino hacia la tecnificación y la innovación en los sistemas de riego”.

Respecto al futuro del riego en el norte de San Luis, Andrada señaló que el desafío está en mejorar la eficiencia productiva, especialmente en los sistemas bajo pivote, donde se deben priorizar cultivos de alto valor como algodón de fibra larga, trigo candeal o maíces diferenciados. “Hay que pensar qué ponemos bajo el pivote: cultivos que generen márgenes positivos y justifiquen la inversión”, afirmó.

En cuanto al riego superficial, destacó su vigencia y potencial: “Estos sistemas seguirán siendo productivos por mucho tiempo en la región, especialmente en cultivos como papa y alfalfa, que muestran buenos rendimientos y márgenes positivos”.

La jornada dejó en claro que el futuro del riego en la llanura norte de San Luis pasa por ajustar los sistemas para ganar eficiencia sin perder productividad, consolidando el trabajo colaborativo entre productores, técnicos e instituciones.

Andrada también repasó los principales cultivos bajo riego y sus rendimientos promedio: melón (20 mil plantas por hectárea), rosas (40 mil plantas/ha), papa (30 mil kg/ha, con dos cosechas anuales), algodón (3.500 ha, que abastecen el 70% de la semilla nacional), cebolla (60 mil kg/ha), alfalfa (6 a 8 cortes anuales, con hasta 8 rollos o 25 mil kg de materia seca por hectárea) y batata (28 mil kg/ha).

En su exposición, el técnico brindó pautas prácticas para mejorar la eficiencia del riego superficial, destacando la importancia de la sistematización del terreno, el control de caudales de ingreso y egreso, el mantenimiento de canales, y la capacitación del personal operario. “La eficiencia depende tanto de la infraestructura como del manejo humano —remarcó—. Medir, nivelar y mantener son tareas claves para no desperdiciar agua ni energía”.

Tecnología y planificación: la mirada desde el campo

Luego fue el turno de Jorge Santillán, técnico de la Agencia Quines, quien ofreció una descripción técnica del riego por aspersión con fuente de agua superficial, un sistema que considera un salto tecnológico para la región.

“El pivot central que vamos a visitar no toma agua de una perforación, sino de una represa alimentada por el canal del consorcio —explicó—. Es un cambio importante, porque permite reducir los costos energéticos asociados a la extracción subterránea. Pero más allá de la tecnología, la eficiencia depende de conocer bien nuestro sistema: el clima, el suelo y el cultivo. Si no sabemos cuánto agua almacenamos, cuánta necesitamos y cuánta se pierde, no podemos hablar de eficiencia”.

Santillán subrayó la necesidad de combinar información climática y edáfica con observaciones de campo para definir intervalos y volúmenes de riego. “Hay que conocer la capacidad de campo, la infiltración, la densidad aparente y las características del suelo de cada lote. No todos los suelos son iguales, y eso cambia la manera de regar”, afirmó.

También se refirió a la importancia de medir el coeficiente de uniformidad, controlar los reguladores de presión y los filtros en sistemas presurizados, y buscar mejoras en la eficiencia operativa mediante herramientas simples, como el uso de mangas plásticas para riego superficial. “Las mangas permiten distribuir mejor el agua y reducir pérdidas. Es una innovación accesible que puede marcar una diferencia en la zona”, destacó.

Nivelación, diseño y eficiencia

En el cierre de la parte teórica, Pablo Cangiano, asesor privado e ingeniero agrónomo, expuso sobre la sistematización y nivelación de lotes. “Sistematizar es, básicamente, manejar el agua: controlar caudales, velocidades y volúmenes para que el avance de la lámina sea uniforme y eficiente”, explicó.

Cangiano, que ha trabajado en proyectos de riego en Mendoza, Córdoba y San Luis, remarcó que el corredor Quines–Candelaria tiene condiciones topográficas excepcionales para el riego superficial: “Estamos en una gran llanura, con pendientes que rara vez superan el 1%. Eso facilita enormemente la nivelación y permite una distribución más pareja del agua”.

El ingeniero alertó, sin embargo, sobre el riesgo de nivelar sin precisión: “Si no se hace un levantamiento topográfico adecuado, se puede perder eficiencia y provocar erosión o anegamiento. El trabajo de campo debe comenzar con un diseño agronómico, que integre información hidrológica, topográfica y del cultivo”.

Durante su presentación, explicó los métodos para determinar pendientes y curvas de nivel mediante herramientas satelitales y ópticas, desde el uso de Google Earth Pro y GNSS diferenciales, hasta equipos más sofisticados como palas niveladoras láser. “Mover suelo tiene un costo económico y ecológico. Por eso, cuando el terreno lo permite, como aquí, la nivelación es más sencilla y económica. Pero cuando las pendientes son mayores, hay que recurrir a tecnología de precisión”, sostuvo.

Cangiano cerró su exposición con un mensaje práctico: “Cada cultivo tiene su requerimiento. No es lo mismo regar maíz, con raíces superficiales, que alfalfa, con raíces profundas. Todo el riego que se aplica por debajo de la rizósfera es desperdicio. Por eso, conocer la pendiente adecuada y el perfil de suelo es fundamental para no malgastar agua”.

Goteo subterráneo: automatización, uniformidad y energía

Nahuel Carranza (Ura Agro, distribuidor oficial Rivulis) presentó la experiencia regional en goteo subterráneo: emisores a 35–40 cm de profundidad, proyectos llave en mano con automatización integral, filtrado automático y monitoreo por teléfono. “La clave es conocer el suelo: capacidad de retención, infiltración y distancia/caudal de emisores para lograr uniformidad del bulbo bajo superficie”, explicó.

Puntos destacados:

Monitoreo con sondas en tiempo real para validar diseño vs. campo y ajustar láminas.

Riego en umbral: mantener 50–70% de agua útil; evitar humedecer la corona en alfalfa.

Eficiencia hídrica y energética: consumos <0,5 HP/ha; solarización viable por bajos caudales/HP.

Diseño fino que “llega a la última esquina” y fertirriego controlado por sector.

En un caso local (alfalfa), se proyectó aplicar 120 mm/mes, con posibilidad de desfasar sectores y cargar perfil para luego sostener. “Una vez lleno el perfil, el manejo es mantener. Vimos muy buena respuesta manteniendo la humedad sin subir a la corona”, detalló.

Manga para conducción: impermeabilizar el trayecto y ganar eficiencia

Miguel Agulles (VFG S.A., San Juan) enfocó en mangas de polietileno como solución práctica para reducir pérdidas en transporte y sectorizar: “Donde más agua se pierde es en el traslado. La manga impermeabiliza al 100% el canal, ahorra hasta 40% respecto de conducciones a cielo abierto, evita infiltraciones y consumo por malezas”. Son productos de 2″ a 20″, con protección UV, pensados para conducción (no presión) y de instalación simple y económica. La recomendación: implementación con asesoramiento técnico para elegir diámetro y disposición según caudal, piso y cultivo. La demostración a campo permitió observar montaje y manejo operativo.

Medir para decidir: aforos de entrada/salida, caudales en aspersión, coeficientes de uniformidad, tensiómetros/sondas y seguimiento climático; sin datos, no hay eficiencia posible.

Diseñar según el suelo: textura, estructura, densidad aparente, infiltración y capacidad de campo definen pendientes, melgas, surcos y láminas.

Conducir sin pérdidas: manga como táctica inmediata para sellar el transporte y ordenar la distribución.

Automatizar donde convenga: goteo subterráneo ofrece control fino, fertirriego y ahorro energético, pero exige diseño y validación con sensores.

Formación del operario: la eficiencia descansa en gran medida en el manejo humano y el mantenimiento (filtros, reguladores, compuertas, limpieza de canales).

Contexto local favorable: el corredor Quines–Candelaria presenta pendientes bajas que facilitan nivelación y uniformidad en superficial; aprovechar esa ventaja reduce costos y riesgos de erosión.

Un cierre con agenda abierta

La jornada concluyó con la práctica a campo en un establecimiento cercano, donde los equipos mostraron sobre el terreno los conceptos expuestos: pivote desde represa, ensayos con manga, verificación de pendientes y protocolos de muestreo de suelo. “Hagamos que cada gota cuente —resumió uno de los técnicos—. La eficiencia es diseño, es medición y es constancia”.

Desde INTA Quines anticiparon que, con el cierre de la cartera programática vigente, se abrirá una nueva etapa con temas y actividades que profundicen el manejo integral del agua en sistemas bajo riego y secano, convocando a productores, escuelas y empresas a sostener el trabajo conjunto iniciado.