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Amplían estudio científico en la maltratada cuenca del río Volcán que generó la clausura de un feedlot

El grupo de científicos no tiene vinculación alguna con las actuaciones del gobierno, pero sus trabajos de años en la zona apuraron decisiones oficiales reclamadas por vecinos desde hace tiempo, aunque enredadas por decisiones judiciales contradictorias, que terminaron con la clausura de un feedlot que arrojaba sus efluentes en dirección al flamante dique La Estrechura.

“Desarrollo y ambiente en centro semiárido argentino: aportes para un desarrollo sustentable” se titula el proyecto de investigación, que inició su segunda etapa y que podría desnudar más irregularidades ambientales en esa maltratada cuenca.

Es un equipo de investigadores del Grupo de Estudios Ambientales (GEA) perteneciente al Instituto de Matemática Aplicada San Luis (IMASL), dependiente de la Universidad Nacional de San Luis y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que identificaron residuos contaminantes provenientes de un emprendimiento ganadero.


El proyecto ahora se propone una intensa actividad de campo de recolección de muestras vinculadas con el estado de conservación del suelo y el agua, recursos naturales muy valorados en la cuenca del río Volcán, que involucra territorialmente a Estancia Grande y El Durazno, donde el Grupo de Estudios Ambientales (GEA) viene trabajando desde hace años.

“Nosotros no somos especialistas en daño ambiental y no tenemos competencia en impacto ambiental. Hacemos otra cosa. Hacemos ciencia e investigación. No estudiamos lo que sucede particularmente con el feedlot; sino que estudiamos la Cuenca de Estancia Grande y el río el Volcán”, dijo a Radio Universidad el doctor en física Hugo Velasco, quien llevó adelante, junto a becarios del Conicet, estos estudios.

El experto explicó que a raíz de formar parte de una red impulsada por la Agencia Internacional de Energía Atómica (con sede en Austria) que se dedica a aplicar nuevas tecnologías a problemas ambientales, se está trabajando en un proyecto cuyo objetivo fue individualizar veinte cuencas piloto en distintos países sudamericanos y del Caribe y ver el modo de cómo estas nuevas tecnologías pueden aportar al conocimiento de problemas de contaminación o de preservación de los recursos naturales.

Este fue uno de los proyectos aprobados por la Secretaría de Políticas Universitarias, que forma parte de un programa nacional llamado Universidad y Ambiente, en el que con buen criterio se propone que las universidades se involucren en problemas regionales o locales.

Hace un mes, el establecimiento Nicanor, de propiedad del abogado Carlos Acevedo y ubicado en Estancia Grande, donde engordan hasta 11 mil bovinos, el triple de su capacidad declarada y cuyos residuos sin tratar escurren en dirección al dique La Estrechura, fue clausurado por el gobierno.

La irregular situación del establecimiento tomó estado público en agosto del año pasado, cuando la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) difundió una investigación ambiental realizada por investigadores de la UNSL y del CONICET sobre el arroyo de Estancia Grande y El Durazno Alto, 38 kilómetros al este de la capital puntana.

Los datos científicos demostraron un excesivo porcentaje de contaminación en suelos y agua, lo que disparó advertencias por el riesgo para la vegetación y la salud humana y de animales.

“La sanción que le aplicamos a este feedlot surge a partir de denuncias que recibimos de vecinos y municipios cercanos, y luego de varias inspecciones en las que detectamos infracciones a las normativas vigentes”, explicó Eliana Giorda, jefa del Subprograma Industrias y Efluentes Peligrosos, del Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción de San Luis.

La lupa de los investigadores

Por proyecto de investigación, Velasco y su equipo visitan periódicamente la zona desde hace más de tres años para tomar muestras del suelo en cada uno de los emprendimientos del lugar y de sedimento a lo largo de todo el arroyo.

La zona de estudio estaba por fuera del feedlot, pero que se encontraban permanentemente con la queja de los pobladores acerca de cómo habían empeorado las condiciones del arroyo.

Luego realizaron estudios en el Laboratorio de Microbiología de la Universidad donde se analizaron muestras de líquido extraído de diferentes zonas del cauce las que arrojaron datos que corroboraron esa situación: los índices de contaminación indicaron valores que sobrepasaron estándares de medición internacional.

Cuando el problema ganó la calle en esa cabecera de cuenca, Velasco explicó: “Sabíamos de la situación de los vecinos, de sus reclamos y sus movilizaciones a distintos organismos, de la situación del lugar. Frente a este panorama nosotros lo teníamos que dar a conocer, porque los problemas se resuelven cuando uno los tiene en frente, cuando los puede dimensionar y cuando se puede aportar una solución (…) Fuimos testigo de una situación que no pudimos callar por responsabilidad personal e institucional”.

Foto: Gentileza.