La planta que La Serenísima opera en Villa Mercedes, San Luis, se consolidó en los últimos años como uno de los polos industriales lácteos más relevantes del interior del país, combinando producción, logística y desarrollo territorial en una región históricamente ajena a la lechería.
Radicada desde 1997 en el entramado industrial de Villa Mercedes, la instalación pertenece a Mastellone Hermanos y cumple un rol estratégico dentro del esquema productivo nacional. No se trata solo de una planta elaboradora: es un complejo integral que abarca desde la recepción de leche hasta la maduración, fraccionamiento y distribución de quesos, especialmente duros y semiduros.
Uno de sus rasgos distintivos es su capacidad logística. Con infraestructura preparada para almacenar hasta 10 millones de kilos de queso, funciona como un verdadero regulador de stock a escala país, permitiendo abastecer de manera eficiente a los mercados del centro y norte argentino. Esta característica cobra especial relevancia en un contexto donde los costos de transporte y la eficiencia en la distribución se vuelven variables críticas para la competitividad.
Pero quizás el aspecto más innovador del proyecto es su impacto en la producción primaria. La planta fue el eje de un ambicioso plan para desarrollar una nueva cuenca lechera en San Luis, basada en tambos tecnificados y sistemas de riego. El objetivo de largo plazo fue alcanzar niveles de producción cercanos al millón de litros diarios, consolidando un modelo que rompe con la histórica concentración de la lechería en la región pampeana, iniciativa que finalmente no se concretó tras fracasar sus gestiones para que el gobierno provincial subsidiara la radicación de mas tambos en San Luis.
En términos de empleo, el establecimiento genera más de 200 puestos de trabajo directos y dinamiza una red de actividades vinculadas, desde el transporte de leche hasta los servicios industriales y la provisión de insumos, posicionándose como un actor clave en la diversificación productiva de la provincia.
Este entramado productivo cobra una nueva dimensión a partir de la reciente operación que involucra a la compañía. La venta de Mastellone Hermanos, controlante de la marca La Serenísima, reconfigura el mapa del negocio lácteo en Argentina y abre interrogantes sobre el futuro de activos estratégicos como la planta de Villa Mercedes.
En ese escenario, el complejo puntano aparece como una pieza de alto valor, no solo por su capacidad instalada y su rol logístico, sino por su potencial de crecimiento en una región con disponibilidad de tierra, agua y tecnología. Para eventuales nuevos accionistas, representa una plataforma lista para escalar producción y ganar eficiencia en un mercado cada vez más exigente.
Así, mientras el sector observa de cerca los cambios en la estructura empresarial, la planta de Villa Mercedes se mantiene como un engranaje clave, donde industria, territorio y estrategia convergen para redefinir el futuro de la lechería argentina.












