Tras una campaña 2023–2024 devastadora para el maíz en las zonas agrícolas de la provincia por el impacto de la plaga Dalbulus maidis, las últimas observaciones indican una baja densidad poblacional del insecto vector.
Durante la campaña pasada, la provincia de San Luis fue uno de los epicentros del daño causado por la chicharrita del maíz, vector del complejo de achaparramiento que incluye la bacteria Spiroplasma kunkelii. Las pérdidas fueron significativas: según estimaciones oficiales, más de 360.000 hectáreas resultaron afectadas en la provincia, con caídas de rendimiento promedio del 30 % y mermas totales en algunos casos puntuales. La presión de la plaga dejó secuelas tanto en la estructura productiva como en la agroindustria, con repercusiones en la oferta nacional de maíz.
Hoy, en pleno invierno 2025, la situación parece haber cambiado. Los técnicos del INTA que integran la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis destacan que en las últimas semanas no se han registrado capturas en las trampas dispuestas en territorio puntano. Sin embargo, lejos de bajar la guardia, continúan las tareas de vigilancia.
Estela Blanco, técnica del INTA San Luis y referente en los monitoreos del centro-sur provincial, confirmó que desde hace semanas no se detecta presencia de chicharrita. “Tanto las trampas de la aplicación SIMA —una herramienta que gestionamos junto con la Red Maizar— como las que usamos en la red propia del INTA están arrojando cero capturas”, explicó.
El monitoreo se realiza en trampas cromáticas que se revisan y renuevan cada 15 días. A medida que la fenología de los cultivos lo permite, las trampas se trasladan de los maizales hacia lotes con centeno, uno de los posibles refugios del vector durante el invierno. Sin embargo, hasta el momento, tampoco allí se han registrado individuos.
“En la campaña anterior llegamos a tener presencia de chicharrita hasta junio. Este año, en cambio, al 4 de julio seguimos con conteo en cero. Aun así, no nos relajamos. Sabemos que pueden sobrevivir en otros ambientes, y que su llegada también puede deberse a desplazamientos por el viento”, advirtió Blanco.
Jorge Santillan, técnico del INTA Quines, coordina los monitoreos en el norte de la provincia, principalmente en el departamento Ayacucho. Lleva un año ininterrumpido de observaciones quincenales, que en ciertos momentos de la campaña intensificó a semanal, adaptando las técnicas según la etapa fenológica del cultivo.
“Monitorear la chicharrita no es simplemente contar individuos. Hay que entender el contexto: el tipo de trampa, el estado del cultivo, la época del año. En el norte tenemos dos campañas de maíz: la temprana y la tardía. A medida que avanza la temporada, adaptamos el método: usamos trampas de emergencia, golpe de red, observación directa, y ahora estamos centrados en trampas cromáticas en cultivos invernales”, explicó Santillan.
A comienzos de junio, Santillan detectó un pico en la población de chicharrita: 718 individuos en una sola trampa amarilla, un valor elevado. Sin embargo, lo atribuyó al estado fenológico del maíz: “Eran lotes ya entregados, secos, con poca oferta alimentaria. Entonces, las chicharritas fueron atraídas a la trampa. Poco después, las heladas comenzaron a bajar la densidad, y retiramos esas trampas”.





El rol de las heladas
Uno de los puntos que más destacan los técnicos del INTA es el rol de las heladas en la dinámica poblacional de Dalbulus maidis. Según Santillan, la presión relativamente baja observada durante la campaña 2024–2025 se explica en buena medida por la frecuencia de heladas registrada en el invierno anterior: “No fueron heladas intensas, pero sí frecuentes. Cada 10 o 15 días teníamos una, lo que ayudó a cortar el ciclo reproductivo del insecto”.
Este patrón podría repetirse este año, lo cual sería una buena noticia de cara a la próxima campaña. “Ahora estamos observando nuevamente heladas periódicas, a fines de junio y comienzos de julio. Si se mantiene esa frecuencia, podríamos entrar a la campaña 2025–2026 con menor presión”, señaló.
Más allá de la cantidad de individuos, lo que preocupa a los técnicos es la capacidad del insecto de transmitir enfermedades. Por eso, también se presta atención a la infectividad. Los datos más recientes de la Red Nacional de Monitoreo, correspondiente al período del 3 al 19 de junio, indican que si bien aún hay chicharritas en circulación —principalmente en regiones más cálidas del NOA y NEA— la infectividad ha disminuido. Las pruebas de PCR revelaron una caída en la presencia de Spiroplasma kunkelii, algo que los expertos atribuyen a factores como el recambio generacional, la menor disponibilidad de plantas infectadas y las bajas temperaturas.
En San Luis, este fenómeno también se refleja en el terreno: “Durante toda la campaña no observamos síntomas del complejo del achaparramiento en los lotes monitoreados. No vimos plantas enanas, ni con deformaciones ni con clorosis. Eso es una excelente señal. Puede haber chicharrita, pero si no está infectada, el daño es insignificante”, recalcó Santillan.
Ambos técnicos coinciden en que la clave es la constancia. Los datos que recogen se suben a plataformas compartidas como la Red Maizar, Aapresid, CREA y Conicet. También se realizan capacitaciones, como la jornada técnica que se llevó a cabo el año pasado en San Luis, con la participación de expertos de la Estación Experimental Obispo Colombres, que aportaron su experiencia desde Tucumán, donde la chicharrita también causó estragos.
“La idea es seguir. No hay que aflojar, porque esto puede cambiar de un momento a otro. Además, hay que tener en cuenta que el insecto puede migrar desde otras regiones con los vientos. Por eso, aunque ahora no veamos individuos ni síntomas, tenemos que mantenernos alertas”, concluyó Santillan.
Las condiciones actuales parecen favorecer una pausa en la amenaza de Dalbulus maidis en San Luis. El descenso de temperaturas, la frecuencia de heladas y la ausencia de síntomas en los cultivos dan un respiro al sector maicero, que el año pasado atravesó una de las peores campañas de las últimas décadas.
Sin embargo, los especialistas del INTA insisten en no bajar la guardia. La plaga no está erradicada, y su comportamiento es dinámico, influenciado por múltiples factores bióticos y climáticos. La única herramienta segura, por ahora, es el monitoreo constante y el intercambio de información entre productores, técnicos e investigadores.
“Mientras sigamos sin detección y sin síntomas, vamos bien —dicen los técnicos—. Pero la clave es mirar el clima, los cultivos, y no dejar de observar. Porque cuando la chicharrita aparece, ya es tarde para improvisar.”











