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Los pastizales de San Luis, un tesoro natural clave para la producción y la conservación

Durante un webinar organizado por la Semana del Árbol, la investigadora Silvina Mercado Ocampo explicó cómo evolucionó la familia botánica más importante del planeta y por qué los pastizales naturales de San Luis representan un recurso clave para la producción agropecuaria, la biodiversidad y la protección de los suelos.

Las gramíneas suelen pasar desapercibidas para la mayoría de las personas. Sin flores vistosas, sin aromas llamativos y formando parte del paisaje cotidiano, muchas veces son consideradas apenas un «pasto». Sin embargo, detrás de esa aparente simplicidad se encuentra una historia evolutiva de unos 80 millones de años y una familia vegetal que sostiene buena parte de la alimentación mundial, los sistemas ganaderos y el equilibrio ecológico de enormes regiones del planeta.

Ese fue el eje central de la conferencia brindada por la profesora Silvina Mercado Ocampo, docente e investigadora de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias (FICA) de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), durante el ciclo de webinars organizado con motivo de la Semana del Árbol.


Bajo el título «Los pastos, la familia que conquistó el planeta», la especialista propuso un recorrido que combinó geología, evolución, botánica, ecología y producción agropecuaria, para demostrar que comprender los pastizales naturales resulta indispensable para pensar el futuro productivo de San Luis.

Mercado Ocampo inició su exposición remontándose a un período muy anterior a la aparición del ser humano.

Explicó que el origen de las gramíneas se ubica aproximadamente hace 80 millones de años, durante el Cretácico tardío, cuando la superficie terrestre era completamente diferente a la actual.

En aquel entonces el supercontinente Gondwana comenzaba a fragmentarse y esa transformación geológica modificaría profundamente el clima, la circulación oceánica y los ambientes terrestres, creando las condiciones que favorecerían la evolución de esta familia vegetal.

La investigadora mostró cómo los estudios geológicos, palinológicos basados en el análisis de granos de polen fósiles y las investigaciones genéticas coinciden en señalar un origen común para las Poaceae, la familia botánica que hoy reúne miles de especies distribuidas prácticamente en todos los continentes.

Uno de los aspectos centrales de la conferencia fue explicar la diversificación evolutiva de las gramíneas en dos grandes linajes.

Por un lado, se encuentra el denominado grupo BOP, integrado principalmente por especies adaptadas a climas templados. Allí se encuentran cultivos fundamentales para la humanidad como el trigo, la cebada, la avena, el centeno, el arroz y también los bambúes.

Se trata de los cereales que predominan en las campañas invernales y constituyen la base de buena parte de la producción agrícola de regiones templadas, incluida gran parte de la Argentina.

La segunda gran rama corresponde al grupo PACMAD, conformado por especies adaptadas a temperaturas más elevadas y dotadas de una vía fotosintética mucho más eficiente frente al calor y la escasez de agua.

En este grupo aparecen cultivos de enorme importancia económica como el maíz, el sorgo, la caña de azúcar, el mijo y numerosas especies forrajeras que caracterizan los ambientes tropicales y subtropicales.

Según explicó Mercado Ocampo, ambas ramas terminaron conquistando prácticamente todos los ambientes abiertos del planeta y constituyen actualmente la base alimentaria de miles de millones de personas.

San Luis, un mosaico de paisajes moldeados por millones de años

La exposición dedicó un amplio espacio a explicar cómo esa larga historia evolutiva puede observarse actualmente en los distintos paisajes de la provincia de San Luis.

La docente describió la diversidad ambiental que presenta el territorio puntano, donde conviven las Sierras Pampeanas, los pastizales serranos, el Espinal, los bosques de caldén y los característicos médanos ondulados del sur provincial, originados por procesos eólicos desarrollados durante miles de años.

Estos ambientes constituyen escenarios muy diferentes entre sí, pero todos albergan comunidades de gramíneas especialmente adaptadas a las condiciones de suelo, disponibilidad de agua y clima.

En el sur provincial predominan los suelos franco-arenosos, extremadamente susceptibles a la erosión eólica, donde las gramíneas perennes cumplen una función insustituible al fijar el suelo mediante complejos sistemas radicales.

La especialista recordó además que, antes de la llegada del ganado introducido por los europeos, estos ambientes eran habitados por herbívoros nativos de menor tamaño, como el venado de las pampas, cuya interacción con la vegetación era muy distinta de la ejercida actualmente por los rodeos bovinos.

Una parte importante de la conferencia estuvo destinada a mostrar que el éxito ecológico de las gramíneas no es casual.

Mercado Ocampo explicó detalladamente que estas especies desarrollaron una serie de adaptaciones morfológicas que les permitieron colonizar ambientes extremadamente diversos y soportar condiciones ambientales muy exigentes.

Entre ellas destacó el desarrollo de sistemas radicales densos y profundos, capaces de explorar grandes volúmenes de suelo en busca de agua y nutrientes.

Estas raíces cumplen además una función estratégica para la conservación ambiental, ya que estabilizan los médanos, fijan los suelos sueltos y disminuyen significativamente el riesgo de erosión provocado por el viento, una problemática especialmente importante en numerosas zonas de San Luis.

La investigadora señaló que muchas veces la verdadera fortaleza de una gramínea se encuentra bajo tierra, donde desarrolla una arquitectura radical compleja que garantiza tanto su supervivencia como la estabilidad del ecosistema.

El secreto del rebrote permanente

Otro de los rasgos que explican el éxito de esta familia vegetal reside en su extraordinaria capacidad de recuperación.

Las gramíneas poseen meristemas intercalares, tejidos capaces de continuar creciendo aun después de haber sido consumidos por animales o cortados mediante el pastoreo o la siega.

A ello se suma la presencia de estructuras subterráneas como rizomas y estolones, además del conocido proceso de macollaje, mediante el cual una misma planta genera numerosos nuevos brotes.

Estas adaptaciones permiten que los pastizales soporten el consumo por parte de los herbívoros, el pisoteo y otros disturbios sin perder rápidamente su capacidad de regeneración.

Precisamente por esa razón, explicó la docente, las gramíneas lograron convertirse en la vegetación dominante de enormes extensiones del planeta.

La conferencia también profundizó en las diferencias fisiológicas entre los dos grandes grupos evolutivos.

Las especies pertenecientes al grupo PACMAD desarrollaron la denominada fotosíntesis C4, un mecanismo más eficiente para aprovechar la radiación solar y reducir las pérdidas de agua durante períodos de altas temperaturas.

Esta característica explica por qué especies como el maíz y el sorgo presentan un comportamiento sobresaliente durante los meses cálidos.

En cambio, las especies del grupo BOP realizan la clásica fotosíntesis C3, mejor adaptada a ambientes templados y húmedos.

Estas diferencias fisiológicas resultan determinantes para comprender la distribución geográfica de las distintas especies y también para definir estrategias productivas en cada región agroecológica.

Mercado Ocampo insistió durante toda la charla en que reducir los pastizales únicamente a su valor forrajero constituye una visión incompleta.

Recordó que estas comunidades vegetales sostienen una enorme biodiversidad, sirven de refugio para aves, mamíferos, insectos y reptiles, protegen el suelo frente a la erosión, participan en el ciclo del agua y almacenan importantes cantidades de carbono.

Además, conforman ambientes esenciales para numerosas especies emblemáticas de la fauna argentina, entre ellas el venado de las pampas, el ñandú y múltiples aves que dependen exclusivamente de estos ecosistemas abiertos.

La investigadora ilustró este aspecto con imágenes obtenidas durante relevamientos de campo realizados en San Luis, donde los pastizales constituyen verdaderos corredores biológicos para numerosas especies silvestres.

Las amenazas sobre los pastizales puntanos

Hacia el final de la exposición, la docente de la FICA advirtió que estos ecosistemas enfrentan actualmente importantes presiones derivadas de la actividad humana.

Entre las principales amenazas mencionó el avance de la agricultura intensiva sobre áreas originalmente ocupadas por pastizales naturales, la sobrecarga ganadera, el reemplazo de especies nativas por vegetación exótica y el crecimiento de los loteos periurbanos.

Todos estos procesos reducen la superficie de pastizales conservados, fragmentan los hábitats naturales y disminuyen la biodiversidad.

La pérdida de estos ambientes también implica una menor capacidad para proteger los suelos frente a la erosión y conservar servicios ecosistémicos esenciales para la producción agropecuaria.

A lo largo de toda la conferencia quedó planteada una idea central: los pastizales naturales no deben ser vistos como ambientes improductivos, sino como un recurso estratégico cuya conservación puede integrarse plenamente a la actividad agropecuaria.

En una provincia semiárida como San Luis, donde gran parte de la producción ganadera depende del aprovechamiento de la vegetación natural, comprender el funcionamiento ecológico de las gramíneas permite diseñar sistemas más resilientes y sostenibles.

La especialista remarcó que detrás de cada especie de pasto existe una historia evolutiva de millones de años y un conjunto de adaptaciones que hacen posible la producción de alimentos, la protección de los suelos y la conservación de la biodiversidad.

Como reflexión final, Mercado Ocampo invitó a mirar los pastizales con otros ojos.

«Las gramíneas no solo conquistaron el planeta; también escribieron la historia de nuestros paisajes y de nuestra propia civilización», sostuvo, al tiempo que llamó a valorar los pastizales naturales de San Luis como un patrimonio biológico, productivo y cultural cuya preservación será decisiva para las próximas generaciones.