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San Luis pierde su sombra: el arbolado público en crisis y sin políticas claras de recuperación

En una entrevista concedida a FM UNSL, la ingeniera Cecilia Carossio, docente de la Universidad Nacional de San Luis e integrante de la Asociación Pircas, trazó un panorama inquietante sobre la situación del arbolado urbano en la capital provincial. Lejos de mostrar signos de recuperación, el diagnóstico revela un escenario crítico: “Seguimos igual o peor que hace años; cada día mueren más árboles y no hay planes de reposición serios”.

La conversación con el periodista Mario Otero puso sobre la mesa un problema que lleva años gestándose y que, según Carossio, se agrava por la falta de conciencia ciudadana y de decisión política. “Hay un desinterés general. Somos responsables tanto las autoridades como los vecinos. Muchos piden que saquen los árboles de la puerta de su casa, cuando en realidad deberíamos defenderlos”, lamentó.

La profesional recordó que en 2018, bajo la coordinación de Daniel Sosa, entonces jefe del programa Tierra, se realizó un censo dentro de las cuatro avenidas que rodean el microcentro de la ciudad. El relevamiento contabilizó unos 8.500 árboles, de los cuales el 30% correspondían a ejemplares de paraíso, una especie que hoy prácticamente desapareció por el avance de una enfermedad sin cura conocida.


El mismo estudio ya revelaba un déficit alarmante: unas 2.500 viviendas dentro del área céntrica no contaban con ningún árbol en sus frentes. “Si se actualizara ese censo hoy, probablemente encontraríamos más de 5.000 ejemplares faltantes dentro de las cuatro avenidas”, alertó la ingeniera.

La especialista reconoció que durante la gestión del exintendente Tamayo se intentó actualizar el diagnóstico con la colaboración de la Red Argentina de Municipios frente al Cambio Climático. “Se usó una aplicación que permitía georreferenciar cada árbol con datos muy detallados, desde altura hasta estado fitosanitario. Pero nunca supimos si ese trabajo se completó ni si la actual gestión municipal tiene acceso a esos registros”, señaló.

En octubre de 2024, representantes de Pircas se reunieron con funcionarios municipales. Allí se acordó comenzar un plan básico: regar, ampliar las tazas de los árboles, extraer los ejemplares secos y reemplazarlos. “No vimos avances concretos. Si uno recorre la peatonal Rivadavia, se encuentra con árboles que crecieron en tazas mínimas de 20 centímetros; están estrangulados y condenados a morir. Son pérdidas de décadas en sombra y calidad ambiental”, denunció Carossio.

El problema no se limita al centro: los barrios, las avenidas y hasta los bulevares de acceso muestran la misma falta de mantenimiento. La especialista destacó que plantar no es suficiente si no se acompaña el crecimiento con riego y cuidados. “Cuando se forestó la circunvalación se eligió el aguaribay, una especie resistente. Sin embargo, muchos ejemplares murieron por falta de agua. De nada sirve la inversión si no se garantiza el acompañamiento durante al menos los dos primeros años”, explicó.

También recordó las recomendaciones que dio en plena sequía de 2023, cuando se prohibía regar por la falta de agua: “Yo decía que hasta el agua de lavar las verduras podía aprovecharse para los árboles. En momentos de crisis hay que usar el ingenio”.

La entrevistada planteó la necesidad de políticas firmes y sostenidas en el tiempo. Mencionó el caso de Salta, donde existe una ordenanza que obliga a los frentistas a tener determinada cantidad de árboles según el tamaño de sus viviendas. “Si tenés 10 metros de frente, te corresponde al menos un ejemplar. Esa es la única manera de garantizar la forestación urbana: con leyes que se cumplan, además de campañas de concientización”, sostuvo.

En la misma línea, rescató la experiencia de Mendoza, que cuenta con una ley provincial que asegura fondos específicos para que los municipios destinen al cuidado del arbolado público. “Eso sería maravilloso aquí, porque de lo contrario las intendencias siempre alegan falta de presupuesto”, indicó.

Más allá del déficit ambiental y estético, Carossio advirtió que la falta de intervención sobre los ejemplares secos representa un peligro para la población. “Cuando caen, no solo aplastan autos. Pueden poner en riesgo vidas. Se habló de la necesidad urgente de retirar esos árboles, primero en el centro y luego en los barrios. Hoy existen maquinarias accesibles que permiten sacar de raíz los tocones y replantar de inmediato. Sin embargo, seguimos postergando la decisión”, criticó.

Una campaña desde la sociedad civil

Desde la Asociación Pircas, la docente explicó que se impulsa actualmente una campaña educativa y de difusión sobre la importancia del arbolado público. El esfuerzo, aunque limitado en alcance, busca instalar el problema en las escuelas, los medios de comunicación y la agenda pública. “El árbol es parte del patrimonio natural de la provincia y es nuestro aliado frente al cambio climático. Sin árboles, las temperaturas extremas se volverán aún más insoportables. Es un tema de salud y de calidad de vida”, enfatizó.

El diagnóstico es claro: San Luis está perdiendo su sombra, su frescura y una de las herramientas más poderosas para mitigar los efectos del cambio climático. La falta de políticas sostenidas, el escaso presupuesto, el desinterés ciudadano y la demora en tomar decisiones clave colocan al arbolado urbano en una situación crítica.

“La única forma de revertirlo es con un plan de Estado a largo plazo, con inversión, educación y compromiso social. Pero la decisión aún no se toma. Estamos absolutamente quietos”, cerró Carossio, con un llamado a despertar antes de que la ciudad quede reducida a cemento y calor.