Inicio Floricultura San Luis: Néstor Cabáñez explica cómo cultiva las rosas en la zona...

San Luis: Néstor Cabáñez explica cómo cultiva las rosas en la zona de San Miguel

Néstor Javier Cabáñez vive en San Miguel, entre Quines y Candelaria. Zona conocida porque desde hace muchos años está asentado el colegio agrotécnico y por las variedades y la calidad del cultivo de rosas que realizan los pequeños agricultores que viven en el lugar.

Precisamente, el tema del cultivo de rosas fue el que nos acercó para dialogar con el productor Cabáñez. Durante la Exposición que la Sociedad rural Río Quinto organizó en Villa Mercedes llegó junto a su pareja con parte de la producción y se estableció en el stand de la Subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación para comercializarlas.

Al igual que el año pasado se pudo ver desfilar a los visitantes de la muestra con las plantas en sus brazos, tras haberlas adquirido en el lugar, donde además se ofrecían otros productos. Lo que pocos conocen es el proceso que hay detrás de esa joya que llevan.


¿Cómo empieza todo? Así lo explica Néstor: “Armamos el pie que obtenemos de la rama bruta. Después hacemos el injerto de tipo inglés y nos lleva un proceso de dos años de trabajo hasta tomar la planta y realizar el “enmacetado” o el envasado para la venta. La mantenemos a temperaturas óptimas para que empiece con el brote”.

El tiempo de trabajo resulta más que significativo para poder tener la plantita en condiciones de ser comercializada. En dos años ocurren muchas cosas. Deben contar con una buena compañía del clima y evitar que alguna enfermedad se convierta en un visitante indeseado.

En la zona de San Miguel, Néstor integra un grupo. “Somos unos doce productores, mantenemos reuniones, coordinamos modalidades de trabajo, nos proponemos metas, resolvemos problemáticas comunes y nos damos una mano en el tema comercialización. Si un cliente busca un color que uno no tiene, lo manda al productor que sí lo tiene”, apunta a modo informativo.

El cultivo de la rosa no necesita mucho espacio físico, comenta Néstor. Se planta por hilera y en una hilera de 100 metros entran más de mil estacas, que son las futuras plantas. La estaca es la base de la planta donde se hace el injerto que se obtiene de una parte de la rosa, la rama bruta.

La estaca tiene entre 15 y 17 centímetros, se le quita la yema para que haya espacio para realizar el injerto. De las yemas que se dejan en la parte superior nace la rama bruta, desde donde se vuelve a sacar otra estaca. Una vez quitada la yema se la introduce en la tierra para que haga la raíz.

La comercialización suele ser el cuello de botella de los productores. Cabáñez reconoce  que hay años en los cuales se vende bien, otros, mal y otros nada. “Estos últimos dos años se vendió a mejor precio y mayor cantidad. Con las nuevas tecnologías –facebook, twitter- se abrieron nuevas puertas que nos facilitan la comercialización”.

La venta no se reduce a San Luis, se han expandido por las provincias de Córdoba, La Rioja, San Juan, Mendoza.

“Queremos seguir produciendo más y mejorar la calidad. Un objetivo es llegar al nivel que tiene San Pedro. Estamos poniendo el esfuerzo para poder llegar a ese nivel”, comenta Néstor.

Está convencido que las mejoras tanto en calidad cuanto en comercialización se logran con “mucho trabajo, obteniendo información, actualizándonos con el tema de las enfermedades, incorporar más variedades, traer rosas de otros lugares para mejorar”, entre otras actividades que mencionó.

Rosas de San Miguel. Sello de la provincia de San Luis que busca expandirse por el país.

Fotos: El Semiárido.