Una experiencia en manejo de dietas líquidas mediante lamedores para suplementar todos los déficits que tiene la alimentación del animal en épocas invernales aplicado la recría mostró sus primeros resultados alentadores en Estancia Santa Catalina, cerca de Quines, San Luis.
Las mediciones se hicieron a treinta días de iniciado el ensayo sobre 75 terneros, que se compara con otros tantos de testigo, donde se constató que el animal está consumiendo mayor cantidad de pastizal y lo está metabolizando mejor y en consecuencia ganando más kilos, que hasta ahora rondan los 300 gramos diarios.
El trabajo fue mostrado durante una jornada técnica desarrollada en el establecimiento y organizada por la Sociedad Rural del Norte, el INTA Quines y la estancia de Mauricio González.
“Nutriliq es una tecnología que suplementa de manera energética en primer lugar, proteica, mineral y vitamínicamente, a una categoría que es algo estrella en la zona porque estamos hablando de una zona de cría, son campos de cría que están viendo la posibilidad de recriar como para seguir un negocio que ocasionalmente puede generar buenas rentabilidades”, explicó a El Semiárido Martín Manoni, representante en San Luis y una amplia región del país de la división Nutrientes de ALZ-Agro.
Son productos que tienen como sitio de acción el ambiente ruminal y la biomasa microbiana, apuntando a lograr sanidad ruminal y lograr altas performances productivas: “Es una tecnología que se adapta por su simpleza, versatilidad y por las condiciones en las que suma unidades de nutrientes en ambientes como este; pensemos que estamos en un lugar al norte de la provincia de San Luis, en campos naturales, en donde justamente han pasado por lluvias algo escasas”.
La experiencia se realiza sobre 150 terneros comprados en mayo, divididos en forma homogénea en dos lotes. Se hizo una pesada inicial y se dejó un grupo con un manejo tradicional con sales proteicas convencionales y el otro lote con Nutriliq.
Han pasado 30 días de esta experiencia. Lo más importante observado en una visita con técnicos y productores fue la variación del bosteo, que pasó de bajo volumen y dureza, con la forma de los anillos que tiene todo el recto del animal, a un bosteo más blando y de mayor volumen.
“Lo que nosotros estimamos aproximadamente, siendo prudentes, es una ganancia de 300 gramos diarios: siempre que uno se refiere en temporada invernal, hay veces que no solamente que no se gana, sino que a veces se pierde”, comentó González.













Manoni destacó que este producto brinda la alternativa de avanzar sobre una recría en donde asegura la calidad de reposición de las hembras: “La construcción de esa futura madre arranca en el momento en que se elige el toro. Entonces, hablamos de la preñez, el tercer mes de gestación donde se define glándula mamaria, después se definen sitios de posición de músculo, de grasa, luego viene la etapa de lactancia, en donde la vaca tiene que salir bien de esa gestación y encarar un periodo de alto requerimiento”.
Para el profesional, es clave que, en primer lugar, una vaca de cría pueda tener las unidades de nutrientes para balancear esa dieta, que uno de los ingredientes es el pasto diferido en invierno. Entonces, habiendo hecho bien esta etapa, después viene la recría, que no es más que “la construcción de un proyecto que surgió hace meses atrás y tratamos de entregárselo a un fitlotero o bien hacer el engorde de manera casera en mi propio establecimiento, pero con un ternero muy bien armado, con condiciones de ganancia de peso excepcionales y con una estructura que va a generar muy buenas eficiencias en los feetlot”.
Al margen de las virtudes nutricionales del producto, también hay algunas ventajas logísticas. Si bien es diferente al movimiento de otro tipo de alimentos, el manejo es mucho más sencillo.
El productor carga con una bomba el suplemento sobre una camioneta de las que hay normalmente en los campos y distribuye a los lamederos que tienen una autonomía de aproximadamente 10 días, ya sea tratándose de vacas o de categoría recria. Genera un automatismo y también una mejor calidad operativa para los trabajadores rurales.
Durante la jornada, Miguel Tello, becario del INTA Quines, mostró su trabajo que desarrolla sobre el sistema ganadero en el norte de San Luis para medir la evolución de los pastizales en el departamento Ayacucho, y actualmente siguiendo el ensayo en Santa Catalina con dietas líquidas.
Las mediciones las hace en cinco establecimientos, Las Cuatro Puertas, acá en Santa Catalina, La Patria, La Siempre Viva y La Monina.
Con excepción de La Catalina, que hace recría, el resto de los campos son de cría. Allí mide cómo afecta la lluvia en la producción de materia seca y la existencia actual de las variedades que hay de las distintas especies y ver si hubo modificaciones según la bibliografía donde está establecido que para distintos lugares del departamento hay ciertas especies forrajeras.
“Esta información ayudará principalmente a tomar decisiones y a mejorar la planificación a la hora de plantear el consumo de materia seca de ese establecimiento en particular”, explicó Tello al terminar la jornada en Quines.
“Buscamos acercar al productor todo lo que sea nuevas técnicas para cambiar la realidad de la zona, que viene ya enferma de hace muy muchos años con las sequías espantosas que hemos tenido, con mortandad de animales, hechos hacen que sea una zona realmente difícil de manejar”, dijo Hugo Díaz Flores, presidente de la Sociedad Rural del Norte con sede en Quines.
Sin embargo, consideró que por más difícil que sea el norte de San Luis, el productor “ama la zona donde está y estamos buscándole la vuelta” para ver este tipo de técnicas que hacen al progreso del ganadero y permiten hacer una diferencia en esta zona árida.
“Estamos siempre ávidos de todo lo que sean nuevas tecnologías técnica que estén a favor del productor”, recalcó el dirigente y productor.











