Un informe de KPMG destaca el potencial de América del Sur en el mercado de las tierras raras, dominado por China. En Argentina, San Luis aparece entre las provincias con recursos identificados, en un escenario de creciente demanda global impulsada por la transición energética.
La provincia de San Luis vuelve a quedar bajo la lupa del escenario minero internacional. Esta vez no por el oro o el litio, sino por un grupo de 17 elementos químicos conocidos como tierras raras, considerados hoy uno de los recursos más estratégicos del siglo XXI.
Así lo advierte un reciente informe de KPMG titulado “Tierras raras. Un recurso mineral estratégico con gran potencial en América del Sur”, que posiciona a la región —y en particular a Argentina y Brasil— como actores con un potencial aún subexplotado en un mercado global fuertemente concentrado en China.
Las tierras raras son fundamentales para la fabricación de turbinas eólicas, vehículos eléctricos, baterías, dispositivos electrónicos y múltiples tecnologías asociadas a la descarbonización de la economía. Sin estos minerales, la transición energética simplemente no sería posible.
Durante 2024, la demanda global creció entre un 6% y un 8%, impulsada por la expansión de las energías renovables y el avance de la electromovilidad. Las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía indican que el consumo de elementos como neodimio, praseodimio, disprosio y terbio podría triplicarse o incluso cuadruplicarse hacia 2050, según el ritmo de transformación del sistema energético mundial.
Sin embargo, la oferta está altamente concentrada. En 2024, la producción mundial alcanzó las 380 kilotoneladas y más del 70% provino de China, país que además domina el procesamiento y refinado, el eslabón más crítico y estratégico de la cadena. Estados Unidos, Australia y algunos países asiáticos participan en menor medida, mientras que el resto del mundo tiene una incidencia marginal.
Este escenario expone la fragilidad de las cadenas de suministro frente a tensiones geopolíticas o restricciones comerciales, y abre la puerta a nuevos jugadores.
En ese contexto, Argentina aparece con alrededor de 190.000 toneladas identificadas y un potencial estimado de hasta 3,3 millones de toneladas de tierras raras. Los recursos se distribuyen en provincias como San Luis, Río Negro y Salta.
Para San Luis, esto representa una oportunidad estratégica de alto impacto. Si bien la producción aún no existe a escala industrial, la identificación de recursos coloca a la provincia en el radar de inversiones vinculadas a minerales críticos, en momentos en que el marco legal nacional comienza a resultar más atractivo para proyectos de largo plazo.
El desafío no es menor: pasar de la exploración al desarrollo requiere infraestructura, capital intensivo, tecnología y reglas claras. Pero también abre la posibilidad de diversificar la matriz productiva provincial más allá de la actividad agropecuaria, la industria y la minería tradicional.
El informe también introduce un punto clave: la llamada “paradoja ambiental” de las tierras raras. Los minerales que permiten reducir emisiones y reemplazar combustibles fósiles requieren procesos de extracción y refinado con costos ambientales significativos.
Para San Luis, con una fuerte identidad productiva y ambiental, el equilibrio entre desarrollo económico y sustentabilidad será central. La planificación deberá contemplar estándares ambientales estrictos, gestión responsable de residuos y participación de las comunidades locales.
Según el estudio, la oportunidad para América del Sur —y para provincias como San Luis— no se limita a la extracción primaria. Los cuatro ejes estratégicos identificados incluyen el desarrollo de capacidades locales de procesamiento, el impulso al reciclaje de componentes electrónicos, el fortalecimiento institucional e infraestructura, y la incorporación de análisis de riesgos geopolíticos y climáticos en la planificación minera.
La conclusión es contundente: la región enfrenta una oportunidad histórica que trasciende la simple exportación de materia prima. Si logra integrarse en cadenas de valor de mayor contenido tecnológico —desde la separación de minerales hasta la fabricación de componentes avanzados— podría capturar un valor económico e industrial sin precedentes.
Para San Luis, el desafío recién comienza. Pero en un mundo que redefine su matriz energética y tecnológica, las tierras raras podrían convertirse en una pieza clave para reconfigurar no solo el mapa minero sudamericano, sino también el perfil productivo de la provincia en las próximas décadas.











