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Roberto Zaballa: una vida dedicada a la agronomía y casi medio siglo junto al campo puntano

Desde su llegada a San Luis en 1978, el ingeniero agrónomo Roberto Zaballa fue testigo y protagonista de las transformaciones del campo puntano. En una entrevista con El Semiárido, repasa el recorrido que lo llevó de las vacaciones rurales de su infancia al asesoramiento de productores y al trabajo en el movimiento CREA. Con la experiencia de décadas de ejercicio profesional, analiza los avances de la agricultura y su impacto en la ganadería, reivindica los aportes de instituciones y equipos técnicos, y señala responsabilidades compartidas en la conservación de los suelos. También plantea que las decisiones productivas deben responder al clima y al ambiente de cada establecimiento, pone los márgenes económicos por delante de la competencia por rendimientos y defiende el asesoramiento independiente, sin sesgos comerciales. Una conversación sobre aprendizajes, desafíos y una vocación que mantiene intacta, acompañar a los productores para mejorar la producción.

La siguiente es la entrevista que el profesional concedió a este medio:

  • ¿Como nació su vínculo con el campo y qué lo llevo a estudiar Ingeniería Agronómica?

Yo nací y me crie en la ciudad de Buenos Aires. Dese chico pasaba varias vacaciones en un campo de un tío abuelo, en Lima, provincia de Buenos aires, o en otro, en la localidad de 12 de Octubre también en Buenos Aires. Ya en secundaria, varios fines de semana durante el año y en las vacaciones, nos íbamos con un amigo al campo de su padre en Gral. Lamadrid (Don Martin), en la misma provincia, campo al que sigo yendo cada tanto.

En los dos primeros, totalmente ganaderos, me llevaban a “trabajar a caballo”, es un decir, molestaba más que trabajaba. Pero hice parvas, me llevaban en las rastras de madera a recoger las gavillas para llevarlas hasta donde se confeccionaba la parva.

En Gral. Lamadrid ya la cosa era otra. Trabajábamos con mi amigo y mi hermano; arada, disqueada y siembra de lotes, trabajábamos en la cosecha de trigo, alpiste, cosiendo bolsas y luego levantando y estibando en el galpón.

También hacíamos fardos de moha, con una enfardadora estacionaria, que funcionaba por un malacate tirado por un caballo; llevando previamente el pasto con un carro, juntando con horquilla hasta esta.

Ahí nació el gusto por el campo. Y diría que, desde ese momento decidí estudiar Agronomía. No así mi hermano, que en realidad quería ser cura, pero después se inclinó también por Agronomía.

  • ¿Después de tantos años, que experiencia marcó un antes y un después en su carrera?

Creo que el participar del movimiento CREA y la posibilidad que tuve en su momento de administrar campos, marcó un cambio en mi forma de relación con el sector.

  • ¿Cuál fue el desafío profesional más difícil que le tocó afrontar?

En el año 1979, en un Congreso CREA Zona Centro, en Alta Gracia, el entonces vocal zonal Manfredo Von Renenkampff, me presentó a Reynaldo Pastor que había hablado sobre control de erosión hídrica, y me dijo, te haces cargo de la Coordinación de La Comisión de Labranzas de la Zona Centro. Recién entraba y me dieron una responsabilidad muy grande.

  • ¿Cómo cambió la relación entre el Ingeniero Agrónomo y el productor desde sus comienzos?

Al principio en el asesoramiento “no crea”, el productor necesitaba un apoyo netamente técnico. Los aspectos económicos de las actividades, era algo que no se trataba como una prioridad, la prioridad eran necesidades técnicas. Posteriormente, los cambios económicos crearon la necesidad de empezar a manejar costos, márgenes, rentabilidades. Al principio, más en las actividades agrícolas que en las ganaderas. Hoy eso ha cambiado, yo diría que la parte económica de las actividades es fundamental, acompañado lo tecnológico.

  • ¿Qué aprendió de los productores que no estaba en los libros?

Siempre se aprende algo. En algunos casos, relación con el personal, en otros, cuestiones prácticas de manejo de maquinarias, modificaciones, etc. En muchos una forma de cuidado y cariño su suelo. El orgullo y amor por sus animales de cría. La persistencia en mejorar. Cómo le ponen constancia a las adversidades que tiene la actividad.

  • ¿En qué momento se su carrera llego a San Luis?

Llegué a la provincia de Luis en julio de 1978, a los 3 años de terminar; yo había terminado de cursar en 1975; enseguida comencé a trabajar en un asesoramiento con mi hermano, en el 76, entre al servicio militar, en el 77, di las ultimas materias y la tesis a principios del 78. O sea un novato. Pero ya teníamos armado el Estudio Zaballa – Pearson – Zaballa, después, Zaballa – Frías – Pearson – Zaballa (compañeros del Colegio San Agustín).

  • ¿Cómo era el campo puntano que encontró y qué fue lo que más le llamó la atención?

Hasta que vine a la provincia de San Luis, lo más al oeste que había estado era Sampacho.

Al venir a Villa Mercedes, como aspirante a asesor del CREA El Morro II (recién se habían dividido), fuimos a un campo en el sector sur de El Morro, “La Guardia”, a la noche, si bien tenía información, por las reuniones de asesores, en Buenos Aires; al abrir la ventana a la mañana pensé “qué estoy haciendo acá”.

Me sorprendió el nivel de cría que tenían en ese momento, con las complicaciones del tipo de campo y ambiente (hoy muchos campos en la provincia no tienen esos niveles de producción en cría). Todo franjeado, con pasto llorón al 50%, verdeos de invierno, verano y maíces diferidos. Problemas de erosión eólica, más que hídrica.

En julio del 80, me llamaron para asesorar al CREA Alto Gez. Me iba más al oeste. La verdad me sorprendí, una característica productiva diferente, invernada en lugar de cría, alfalfa y llorones en manto, no en franjas, 20% de agricultura “doble propósito”.  Sorpresa, no había molinos, toda el agua llegaba por acueductos. Mayor incidencia de erosión hídrica que eólica.

  • ¿Cuál considera que fue su principal aporte durante su paso por San Luis?

Sería muy vanidoso creer que he aportado algo, eso habría que preguntárselo a quienes me han soportado en el asesoramiento todos estos años. Además, gracias a Dios y a mis clientes, no he dejado de “seguir pasando”.

  • ¿Qué actividades o zonas de San Luis vio progresar más y qué explica esa evolución?

Desde mi punto de vista la agricultura en un principio fue la de mayor avance, gracias primero a la incorporación de la labranza vertical, o bajo cubierta y luego a la siembra directa. Esto tuvo su efecto también en la ganadería, ya que la mayor superficie agrícola y la necesidad de no pastorear los lotes, llevó a la utilización del feed lot, como sistema en invernada, con silos de sorgo y luego maíz. En algunos casos de cría, a la utilización de pasto llorón todo el año, con suplementación de silaje en invierno, en estos diferidos de llorón.

  • ¿Qué instituciones y equipos hicieron aportes que, a su juicio deberían ser más considerados?

Como equipos de productores, los integrantes del CREA San Luis hicieron un importante trabajo de control de erosión hídrica en la zona del Amparo, con sistematización con terrazas y forestación, gran parte de esta última se ve en la ruta que va a El Trapiche.

Como institución, el INTA Villa Mercedes, sobre todo en los años 70 con la investigación en variedades y manejo de llorón.

Los grupos CREA de Zona Centro, con los grupos El Morro I y II, San Luis, Alto Gez, Buena Esperanza, Soven. Con lo antes mencionados “Sistemas de labranza en la zona Centro de CREA”.

El equipo del Ministerio del Campo 2005-2007, incorporando el tema de Brucelosis el diseño y aprobación por parte de SENASA, de los planos para 3 frigoríficos en la zona de Fraga, después no continuado.

  • ¿Cuáles fueron los principales obstáculos para producir que encontró en San Luis?

Todo lo que es la posibilidad de rolado selectivo, en el noroeste de la provincia. Una forma de no permitir, con un falso “cuidado del medio ambiente”, cuando se pueden hacer ambas cosas, cuidar el medio ambiente y producir. Esto no cambia, ni se pudo cambiar estando adentro.

  • ¿Qué responsabilidades les atribuye al Estado, a los productores y a los profesionales, en los problemas que señala?

Cada parte tiene su cuota responsabilidad, por ejemplo “Ley de Conservación de Suelos”, está, pero no se cumple, el Estado no hace que se cumpla, no todos los profesionales insisten y los productores, no ven o no quieren ver lo que pierden. “con la siembra directa no alcanza”

  • ¿Qué les aconsejaría a los jóvenes ingenieros agrónomos que comienzan a trabajar?

Tal vez diría algo, no va a gustar, en algunos casos, pero es lo que estoy viendo hoy. Diría, trabajen, asesoren al productor, siempre teniendo en cuenta donde están (clima, suelo), San Luis, no norte de Buenos Aires, con qué elementos cuentan, no entren en una competencia de rendimientos, sino de márgenes y resultados económicos.

En EEUU, el asesoramiento, como lo conocemos acá, el profesional independiente, no existe, el asesoramiento lo brindan las Universidades y las empresas se semillas y agroquímicos y sus distribuidores. Y mi sensación es que esto está pasando un poco hoy en Argentina. No por culpa de los profesionales, sino por el sistema de venta muy agresivo de hoy. El productor tiene que saber asesorarse por un profesional independiente, sin sesgo comercial.

  • Cuando mira hacia atrás, ¿de qué se siente orgulloso y qué le gustaría que quede como legado?

Me siento orgulloso de haber podido trabajar todos estos años en mi profesión; de mi familia, que me aguantó con mis días fuera de casa; de los productores con los que he podido trabajar y seguir trabajando. De haber podido trabajar en la provincia de San Luis, con sus desafíos para poder producir. Y que finalmente sé “que estoy haciendo acá”.

Como legado, que mi trabajo haya servido para mejorar la producción.