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Mercado de reposición: el ternero corrige, pero se aparta de su patrón estacional

Por tercer mes consecutivo, el precio de referencia del ternero registra una caída nominal que, en el acumulado, supera el 7% y lo ubica nuevamente por debajo de los $5.800 por kilo. Así lo reflejan los valores del Ternero ROSGAN correspondientes al último remate habitual, realizado la semana pasada en el marco de la celebración de su 18º aniversario.

Se trata de una nueva corrección respecto de los máximos alcanzados en marzo, cuando el ternero superó los $6.800 por kilo, unos $1.000 por encima de los $5.759 actuales.

Contrariamente a lo que podría esperarse para esta época del año, el mercado consolida una tendencia bajista.

Como hemos analizado en reiteradas ocasiones, el precio del ternero presenta un componente estacional muy marcado. Históricamente, el período de mayor presión bajista respecto de su promedio se extiende entre abril y julio o agosto, según el año. A partir de septiembre, bajo condiciones normales de mercado, el valor de la invernada tiende a ubicarse por encima de su promedio y alcanza sus máximos hacia diciembre.

Puntualmente en este último mes, a la menor disponibilidad de hacienda se suma, en muchos casos, un componente impositivo que incentiva las decisiones de reposición antes del cierre del ejercicio.

El comportamiento del novillito gordo, en cambio, responde a una dinámica diferente, aunque en determinados momentos puede reflejar movimientos casi opuestos a los del ternero. La mayor tensión sobre los precios del gordo, asociada a una oferta más ajustada, suele producirse precisamente durante la zafra de terneros. Posteriormente, entre septiembre y noviembre, la mayor disponibilidad de hacienda terminada tiende a ejercer presión sobre los valores, que suelen ubicarse por debajo de su promedio mensual. Hacia fin de año, ambas categorías pueden volver a compartir una tendencia alcista.

Estas diferencias se observan al comparar la evolución de cada categoría mediante índices que expresan sus precios en relación con sus respectivos promedios mensuales.

Lo interesante de este tipo de análisis estacionales es que, bajo condiciones de mercado relativamente normales, los patrones de comportamiento permiten anticipar determinados movimientos de precios o, incluso, evaluar retrospectivamente en qué medida los valores convalidados por el mercado se apartan de esas trayectorias.

En este caso, tomamos los valores actuales del ternero —según el Índice ROSGAN— y del novillito —a partir del promedio de la categoría informado por el MAG— y los contrastamos con sus respectivos patrones estacionales. El ejercicio consiste en estimar qué valores habría registrado cada categoría si, para octubre, su precio se hubiera ajustado plenamente a la estacionalidad histórica y hubiera mantenido esa misma relación con sus promedios en los meses previos.

Se trata de una referencia teórica, no de una estimación efectiva del precio que debería haber convalidado el mercado. Su utilidad radica en comparar, en términos relativos, la magnitud de los desvíos que presentan ambas categorías y observar cómo evolucionaron a lo largo del año.

Los precios de referencia utilizados son de $5.758,85 por kilo vivo para el ternero y de $4.501,27 para el novillito. A partir de los respectivos índices estacionales, es posible estimar qué valores deberían haber registrado ambas categorías durante los meses previos, si sus precios hubieran seguido el patrón histórico de comportamiento.

En el caso del ternero, el valor actual de $5.758,85 se corresponde con un índice estacional de 1,03, es decir, un 3% por encima de su promedio histórico. Para enero, por ejemplo, el índice estacional se ubica en 0,98. Bajo este supuesto, el precio de referencia para ese mes habría sido de aproximadamente $5.489 por kilo vivo. Sin embargo, en enero de este año el ternero registró un valor de $6.842, medido en moneda actual. Esto implica un desvío positivo cercano al 25% respecto del valor estimado según su patrón estacional. En febrero esa brecha se amplió al 34% y en marzo alcanzó su máximo, con un desvió del 41%.

En el caso del novillito, su actual es de $4.501,27 por kilo vivo y su índice estacional correspondiente al mes de octubre de 0,95. Por tanto, siguiendo el mismo ejercicio, si el índice estacional de enero es de 0,93, el precio teórico para ese mes debería haberse ubicado en torno de los $4.399 por kilo. No obstante, el valor efectivamente registrado en enero fue de $5.219, lo que representa un desvío positivo del 18,6% respecto de la referencia estacional estimada.

En febrero, esta brecha se amplió apenas unas décimas para luego reducirse significativamente en los meses siguientes. De este modo, los valores del novillito tendieron a alinearse progresivamente con mayor precisión con su trayectoria estacional histórica.

En definitiva, la comparación muestra que el ternero no solo exhibe un desvío más pronunciado respecto de su referencia teórica, sino que tampoco evidencia un retorno claro a su patrón estacional, aun después de la corrección registrada en los últimos meses.

Ahora bien, la pregunta que cabe plantearse es si el ternero efectivamente estaba sobrevaluado o si, en realidad, lo que debía corregirse era su relación de precios frente a la hacienda gorda.

Sabemos que la oferta de terneros es estructuralmente limitada y que la demanda de invernada liviana se mantiene firme, impulsada, entre otros factores, por el desarrollo de las recrías iniciales. Ambos elementos contribuyen a sostener el valor de esta categoría y ayudan a explicar por qué sus precios pueden apartarse de los patrones estacionales históricos.

Actualmente, si bien las relaciones de reposición son menos favorables que las del año pasado y los precios del gordo muestran un comportamiento prácticamente estancado, los valores de la hacienda continúan ubicándose en niveles atractivos en términos históricos.

De hecho, la relación de reposición ternero/gordo se ubica actualmente en torno de 1,35. Esto significa que, para reponer un kilo de ternero mediante la venta de un kilo de hacienda gorda, se necesita un 35% más de valor, cuando históricamente esa diferencia suele rondar el 20%. Sin embargo, durante marzo, en pleno inicio de la zafra, esta relación llegó a marcar 1,43, lo que refleja la fuerte presión que posteriormente comenzó a evidenciarse sobre el resultado económico de la reposición.

No obstante, una relación de reposición elevada no implica necesariamente que la actividad haya dejado de ser viable. Aun después de las recientes bajas, el precio real de la hacienda gorda se mantiene en niveles elevados en términos históricos, lo que permite sostener la operatoria, aunque con márgenes más ajustados.

En paralelo, el factor climático comienza a incidir sobre la dinámica del mercado. Las lluvias excesivas que ya afectan a gran parte del Litoral podrían introducir una distorsión adicional en el comportamiento habitual de los precios, al generar necesidades de venta anticipada y reducir la capacidad de carga de los establecimientos afectados.

A esto se suma que el pico de la crecida de los ríos aún no se ha registrado y se espera para fines de octubre o principios de noviembre. Por lo tanto, es posible que todavía no se haya materializado la totalidad de la presión de oferta de hacienda liviana o sin terminar que podría llegar al mercado como consecuencia de esta situación.

En contraste, el mercado de hacienda gorda podría mostrar una dinámica diferente. Una menor disponibilidad de animales terminados, combinada con una oferta más heterogénea en términos de calidad y grado de terminación, podría ampliar las diferencias de precios entre lotes y categorías, dando lugar a un mercado más segmentado, en el que las características de la hacienda ofrecida cobren mayor relevancia.

En definitiva, la corrección reciente del ternero no implica necesariamente que su precio haya alcanzado un nivel de equilibrio. La relación de reposición, los valores reales de la hacienda gorda y los factores estructurales que sostienen la demanda de invernada muestran que esta categoría continúa respondiendo a fundamentos propios, que no siempre se ajustan a sus patrones estacionales históricos.

En el corto plazo, la incertidumbre climática agrega un elemento adicional a este escenario. Sus posibles efectos sobre la oferta podrían alterar transitoriamente la evolución habitual de los precios y acentuar las diferencias de comportamiento entre la invernada y la hacienda terminada.

Rosgan.