La noticia proveniente del Valle de Traslasierra en marzo pasado nos asombró a todos. La mortandad de abejas que superaba las mil colmenas y el cálculo matemático se acercaba a las 72 millones de unidades en la zona que circunda a la localidad de La Paz en la provincia de Córdoba, encendió las alarmas de los productores y de las autoridades de la región.
¿Por qué murieron semejante cantidad de abejas?
Intentaré una respuesta que, espero, sea comprensible para cualquier persona esté o no relacionada con la producción apícola.
Son varios los problemas que llevan a la muerte a las abejas:
En algunos casos es en forma directa y en otros en forma indirecta; tenemos contaminación en la materia prima de las que se nutren las abejas, como el agua, néctar, polen, resina de los árboles. No obstante uno de los principales es la aplicación de plaguicidas, insecticidas, también llamados pesticidas. Al aplicarlos, si entran en contacto con la abeja, muere en forma instantánea porque es muy sensible a los productos químicos.
Cuando decimos en forma indirecta, la explicación la remitimos a que al prevalecer los monocultivos en la siembra de los campos, no contamos con una diversidad de la floración que es beneficiosa para la abeja. Justamente son aquéllas plantas llamadas plagas para los cultivos.
El inconveniente se agudiza porque en la fase de aplicación de los plaguicidas o herbicidas, es en el período que se está desarrollando la familia de la abeja. Es el momento que necesita buena nutrición y cuenta con una buena producción de néctar y polen. Pero, los agroquímicos nos matan las especies que están floreciendo.
A su vez, también queda contaminada el agua que liban del rocío de la noche, por lo que al morir se detiene el crecimiento de la familia de las abejas, se estresan y al quedar reducida la colonia, como efecto secundario aparecen enfermedades en las colmenas: la varroasis, nosemosis, loque Europea y loque Americana.
Las abejas no tienen comida saludable, la que hay es poca, sin variedad y en la mayoría de los casos contaminada. Al desaparecer, desaparecen también el resto de los polinizadores silvestres.
La utilización de millones de litros de químicos insecticidas, herbicidas y fungicidas, que destruyen las flores, los ecosistemas, las variedades de frutas y verduras, la flora y la fauna silvestres, irremediablemente dañan el planeta tierra. A través del agua y el aire envenenan nuestros alimentos, matan las abejas y deterioran la salud de nuestros habitantes.
El uso del fipronil también mata colonias de abejas. El fipronil es un insecticida creado a finales de los años 80 y puesto en circulación a comienzos de los 90, cuyo uso más común es la fumigación, aunque también puede utilizarse para combatir patologías en animales, como por ejemplo perros y gatos, y para controlar las pulgas, garrapatas, moscas o piojos en el ganado bovino.
Se puede decir donde hay ganadería hay abejas. Esta situación se ve favorecida si se mantiene equilibrio entre ganadería y agricultura por lo cual la abeja contaría con ambas floraciones del monte y algo de pradera. Mediante la deforestación no controlada del monte nativo en nuestra provincia, también se pierden especies.
Rentabilidad
Otro problema es la rentabilidad de la actividad apícola. Hay que reconocer que el precio siempre fue fluctuante. Al vivir los inconvenientes que generan la pérdida de abejas, la producción de kilos producidos por colmena disminuye notablemente.
La producción media de miel por colmena por año viene en decadencia desde el año 2.000. En esa época era aproximadamente de 35 kilos. Después pasó a ser de 25. Y en la actualidad llega a los 20.
Ante esta realidad el productor pierde dinero. Consecuencia: deja la actividad o la disminuye, por lo cual cada día tiene menos colmenas. Al no tener rentabilidad se hace menos trashumancia (transportar las colmenas de un lugar a otro) por el costo – beneficio. El insumo que más impacta es el combustible, porque hay que revisar las colmenas periódicamente. Cuando los viajes se aplazan no se realiza el tratamiento o la prevención de las enfermedades de las colmenas en tiempo correcto mediante la aplicación de productos aprobados por SENASA.
Al existir estos inconvenientes no hay cambio generacional en el sector apícola. Pocos jóvenes toman el emprendimiento. Se necesita diversificar la producción porque hay demanda de los otros productos de la colmena como por ejemplo el polen, propóleos, apitoxina y la elaboración de subproductos. Ante ello lo que se debería generar son capacitaciones y nuevos profesionales para este recambio generacional.
¿Cómo poder salvar las abejas? ¿Cómo poder ayudar?
Cuidarlas: Cuando se trabaja en la apicultura hay que formarse y conocer la vida de las abejas, de lo que ella necesita para reproducirse, multiplicarse, mantenerse viva en su ciclo de vida. Hacer manejo para prevenir las enfermedades mediante el cambio de material, por ejemplo los cuadros muy negros, a los fines de favorecer un buen ambiente. Tratarlas cuando están enfermas. Hacer los manejos de las colmenas en momentos apropiados sin dañar y alterar la vida de ellas.
Proteger: De los enemigos agroquímicos que las afecta en forma directa cuando aplican insecticida. Cuando aplican herbicida, se pierde la diversidad de floración, están matando plantas benéficas para la abeja, que hacen la cadena de su alimentación. Al no contar con la continuidad deja de multiplicarse, reduce su cantidad de población ocasionando debilitamiento en la población lo cual, debido a su desnutrición, trae como consecuencia las enfermedades.
¿Para qué salvar las abejas?
Porque las abejas están en peligro y los seres humanos también. Si no existieran las abejas melíferas el ambiente estaría cubierto de polen, producto que es perjudicial para la vida del ser humano. Nos benefician con la polinización. Polinizan el 90 % de las plantas de alimento humano para vivir como en el caso de los cítricos, frutales, girasol, cucurbitáceas, aromáticas, verduras, como así también forrajeras y granos que se alimentan animales, alfalfa, tréboles, melilotus, monte nativo para tener mayor fecundación. Son responsables del equilibrio de los ecosistemas. Cada abeja vista aproximadamente tres mil flores para hacer una cucharadita de miel, por lo que es altamente polinizadora.
Producen alimento de alto valor nutritivo, son productos sanos y sin aditivos. La miel no se daña. Otros productos de la colmena son la cera, propóleos, jalea real, apitoxina, polen. Hay una diversidad de subproductos que se pueden elaborar para la gastronomía como así también para medicina natural.
Fermín Arce
Técnico Apícola












