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Nogolí: cómo un productor construye desde lo social y productivo y concreta sueños

"Esto es un constante aprendizaje. Para nosotros, como productores, para insertar nuevas especies; y para los consumidores...", expresa Rodolfo Rueda.

Rodolfo Rueda es un apasionado del trabajo con la tierra. Se nota en la forma como comenta cada paso que va dando en el avance de su producción y con el entusiasmo como se expresa. Su vida se resume en eso: producir, aprender, mejorar, crear y vender. Cinco palabras que, a modo de síntesis, explican la belleza de esa porción de tierra a la que le hicieron crecer todas las clases de semillas que hasta ahora le han sembrado… y la síntesis de una hermosa charla que mantuvimos.

Cuando se traspasa la cortina de álamos para ingresar en su predio, el visitante se topa con prolijas hileras de cultivos hortícolas de unos cien metros de largo. En pleno invierno se distingue la siembra de variedades de hojas y de raíz. Llama la atención una fila, tan larga como los surcos, de bandejas donde ya están germinando las semillas de lo que se convertirán en flores secas.

Acompañado por las autoridades de Agricultura Familiar de la Nación en San Luis, Rodolfo recorrió el lugar mediante la caminata y la charla, que abunda en el detalle de lo que con paciencia va urdiendo, para que el entretejido de sus ideas se traduzca en mejoras productivas.


En ese trayecto caminamos por parte de su historia, su presente y su proyección. Así, los polos de la contradicción viajaron del monte autóctono a la producción, de las flores secas a la horticultura y la producción orgánica vs la producción convencional.

Como tantos habitantes de San Luis, su historia comienza en otra provincia: Mendoza. “Entré en muchos trabajos, pero nunca me sentí cómodo. En Mendoza aprendí con gente de España que se habían radicado para la producción hortícola, de ajos, cebollas, lavadero de zanahorias. Vi un método de trabajo intenso, muy bueno. Me di cuenta de que la tecnificación es muy importante para la producción a gran escala. Nosotros, acá, no tenemos ni el capital ni las facilidades. Pero habiendo visto ese ejemplo, nos sirve para aplicar algo y avanzar en este lugar”, se confiesa.

De la tierra del sol y del buen vino llegaron sin escalas a Nogolí, unos doce años atrás. “Mi viejo viene trabajando con el tema de las flores secas desde hace unos 20 años. Ahora bajó un poco la producción por la situación que vivimos en el país desde hace unos 4 años. Por eso yo me dediqué a la horticultura”, razona.

Cuando llegaron al lugar donde ahora encontramos una huerta ejemplar, era todo monte, piedra, imposible de trabajar. Con el auxilio de una máquina empezaron a despejar, nivelar y crear las condiciones para producir y poder desarrollar los cultivos. Cuentan con cuatro hectáreas despejadas, que constituyen su respaldo de vida.

La tierra que con tanto esmero trabajan, no es de la familia, sino que alquilan. Rodolfo vive con su esposa y dos hijos.

Los elementos que utilizan en el predio para la producción ya tuvieron su propia evolución. Comenta Rodolfo que comenzaron con dos mulas y una carpinadora. Con eso realizaba la aporcada de la tierra y la fertilización.

Como el trabajo era pesado y la creatividad e ingenio abundaba, empezaron a juntar retazos de hierros, motor, cables, etc. Y dio como resultado un motocultor, que ahora lo utilizan para las tareas de aporcado, fertilización y hacer los surcos para el sembrado de las especies.

En el predio trabajan a full time 2 personas. Y reciben colaboración de otros miembros en algunas tareas. Para actividades que requieren mucha mano de obra, como la cosecha de cebolla, choclo o tomate, contratan algunos jornaleros.

Hablaste de flores secas. ¿Cómo se producen y cómo se llega a obtener la flor seca?

Nosotros sembramos trigo, alpiste, avena, es decir, todo lo que es espiga. A eso le agregamos el falso azafrán argentino, que es el cártamo. Todos llegan a la espiga. En ese momento se corta, se pone a secar y desde allí las vendemos teñidas o natural. La comercialización la realizamos a Buenos Aires y Rosario, con gente que son clientes de muchos años.

Yo hice ese trabajo junto a mi padre hasta hace unos cuatro años. Como veía que se achicaba el mercado, comencé con la horticultura.

No tenía conocimiento sobre las hortalizas. Pero fuimos viendo qué plantar. Por temporadas vamos haciendo ensayos y viendo lo que se puede producir mejor.

Ahora tenemos verduras de hoja. Espinaca, acelga, remolacha, ajos, cebollas en siembra directa. En el verano ya hicimos zapallito verde, zapallo inglés, anco. Esto de los zapallos ya lo aprendimos y se da muy bien. Después también el choclo dulce, tomates, pimientos, berenjenas, todo lo de estación.

Hay momentos en los que la producción se complica. Lo que es hoja, si no lo cosechás junto, corres el peligro de que se pase. De ahí que es importante hacer canjes con otras producciones.

Al menos, ahora podemos vivir con la producción hortícola que realizamos. La idea es mejorar, seguir haciendo los productos frescos, de manera organizada.

Para la comercialización realizamos la venta local, en Nogolí, a través de bolsones. El resto, en parte, vendemos en las verdulerías chicas de la ciudad (San Luis); además de canje con otros productores que también están haciendo bolsones, en la localidad de Luján. Por ejemplo, si nosotros tenemos zapallos, se los cambiamos por espinaca.

Vale aclarar que Rodolfo forma parte de la Asociación El Cauquén. Realiza ventas individuales, junto con la asociación y, además, efectúa intercambio con la Asociación La Crisálida, de Luján. El viernes, en una acción solidaria, entregaron 150 bolsones (regalados) a vecinos de Nogolí. La colaboración mutua es un pilar que los une y sostiene en la asociación.

Los plantines en las bandejas ya están germinando… se convertirán en flores secas.

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No todo es lineal ni sencillo, cuando se camina a través de los surcos se puede observar que algunas partes de los cultivos de hojas, sobre todo los que están en las orillas, están comidas por algún pájaro. “Son las palomas, explica Rodolfo; las orillas ya sabemos que se lo comen ellas y no hay forma de frenar esta plaga”.

Los fertilizantes que se utilizan son orgánicos: estiércol de los animales. Además, no necesitan manejar químicos porque, afirma, “la producción es muy sana. No hace falta ningún tipo de agroquímico”.

La producción hortícola y de flores secas, a su vez, es un llamado para las abejas. En el lugar se puede ver el camino que realizan estos insectos tan útiles para la vida. Si bien no tienen instalados cajones, reconocen que de algunos vecinos les llegan las abejas para polinizar las diferentes especies y llevarse lo que necesitan a sus respectivos panales.

Desafíos y aprendizajes

Rodolfo Rueda: “la producción es muy sana. No hace falta ningún tipo de agroquímico”.

“Nosotros tratamos de trabajar lo más prolijo posible. Utilizamos semillas de buena genética, cuidar el proceso y vender bien el producto para poder competir con los grandes. Tenemos que pelear contra el tamaño de algunos frutos que llegan de otras partes y se hace difícil. Podemos decir: mirá que producimos sin químicos, todo orgánico. Y, ¿qué me responden? Sí, pero no tiene el tamaño de este otro… Hoy por hoy, la verdulería vende por los ojos.

Eso nos pasa con los pimientos y morrones. También con el zapallito verde. No fumigo, no le echo ningún tipo de químico, sólo guano. Tienen un sabor muy rico…

Con los choclos pasa algo parecido. Acá en el pueblo mucha gente conoció el choclo dulce porque lo empezamos a producir y vender nosotros. Ese choclo les encantó… y así me fui ganando de a poquito la confianza de la gente y ampliando la variedad. Por ejemplo, con los rabanitos y la espinaca. Ahora me dicen: Che, qué bueno que salen los canelones con espinaca…

Esto es un constante aprendizaje. Para nosotros, como productores, para insertar nuevas especies; y para los consumidores que, en algunos casos, es la primera vez que le llegan algunas verduras y hortalizas a sus mesas.

Con Walter (Córdoba, técnico de la SAFCI San Luis) estamos trabajando desde hace bastante tiempo. Desde que llegué siempre se dio una vuelta para conocer cómo trabajábamos. Después nos ayudó y nos ayuda mucho con el apoyo técnico para la producción hortícola.

Cosechamos cebollas. De ahí seleccionamos y hemos sembrado varias hileras para hacer semillas. Es un ensayo que estamos haciendo. Esperemos que resulte positivo”.

Cuando la pandemia lo permite, la salida a campo abre una mirada que a través de la virtualidad no se puede divisar. Las texturas, los olores, los testimonios, la observación, la charla distendida a través de la historia, el trabajo, la producción, la venta, permiten que nos acerquemos y nos apropiemos de herramientas que sólo en el mundo de la agricultura familiar podemos encontrar. Aquí nada es lineal, nada es fácil, nada obtiene facilidades como en el otro polo de la producción agropecuaria. Pero tiene ese sabor dulce al que se arriba sólo con el gran sacrificio del trabajo constante y, como en el caso de Rodolfo, se resume en las cinco palabras que mencionamos al comienzo de estas letras: producir, aprender, mejorar, crear y vender.

Sergio Garis