INTA y FONTAGRO avanzan junto con productores de El Arenal en la caracterización de una región serrana que reúne condiciones agroecológicas favorables para producir papa semilla. Los primeros estudios detectaron una muy baja presencia de problemas sanitarios y los técnicos destacan como fortalezas la altura, el clima, los vientos, la ausencia de áfidos y la escasa presencia de virus. El desafío ahora es proteger sanitariamente el territorio, ampliar los relevamientos y generar las condiciones para agregar valor a una producción que podría abrir una nueva oportunidad para San Luis.
La zona de La Carolina, en el corazón de las Sierras Centrales de San Luis, comienza a perfilarse como un territorio con posibilidades concretas de desarrollar una actividad productiva de alto valor agregado: la producción de papa semilla con elevados estándares sanitarios.
Lo que hasta hace poco era fundamentalmente una potencialidad asociada a las características naturales del lugar comenzó a adquirir sustento técnico a partir de relevamientos, análisis de suelo y tubérculos, estudios sanitarios y un trabajo articulado entre productores, especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el proyecto FONTAGRO ATN/RF-21539 “Uso, Producción y Comercio de Papa Semilla en América Latina y el Caribe”.
La iniciativa tiene como coordinadora en Argentina a la doctora en Agronomía Cecilia Bedogni, especialista en Genética y Mejoramiento Genético de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Balcarce, y busca contribuir a resolver uno de los principales problemas que condicionan la productividad del cultivo de papa en América Latina y el Caribe, como la disponibilidad y utilización de semilla de adecuada calidad sanitaria, fisiológica y genética.
En San Luis, el foco está puesto particularmente sobre La Carolina y el paraje El Arenal, en el departamento Pringles, donde existen tierras productivas ubicadas por encima de los 1.500 metros sobre el nivel del mar. Esa combinación de altura, temperaturas, circulación de aire, características del suelo y condiciones sanitarias aparece como uno de los principales activos que podría diferenciar a la región.

Recientemente se realizó precisamente una nueva reunión con productores de papa de El Arenal, como parte de esta estrategia de caracterización y fortalecimiento territorial.
Participaron integrantes de la Agencia de Extensión Rural del INTA San Luis, profesionales de la Estación Experimental Agropecuaria Rama Caída, ubicada en San Rafael, Mendoza, y representantes de la Dirección Nacional de Transferencia y Extensión del organismo.
La jornada permitió poner sobre la mesa los resultados obtenidos hasta el momento, pero también escuchar la experiencia de quienes producen desde hace años en esas condiciones serranas.
El potencial de La Carolina no pasa solamente por determinar si allí se puede producir papa. Eso ya es conocido por los agricultores del lugar.
La cuestión central es establecer si sus condiciones agroecológicas y sanitarias permiten avanzar hacia una actividad mucho más especializada, como producir papa destinada a ser utilizada como semilla y alcanzar estándares sanitarios capaces de diferenciarla comercialmente.
La papa semilla constituye el punto de partida de todo el ciclo productivo. Su condición sanitaria, genética y fisiológica tiene incidencia directa sobre el comportamiento posterior del cultivo, los rendimientos y la calidad de la producción.
De allí que producir semilla requiera cuidados y controles superiores a los que habitualmente demanda un cultivo destinado exclusivamente al consumo.
Los primeros resultados obtenidos en La Carolina alimentan las expectativas.
De acuerdo con la información reunida por los técnicos, el sistema serrano presenta fortalezas asociadas al clima, la altura, los vientos, la ausencia de áfidos, la muy limitada presencia de virus y la aptitud de sus suelos.
Estas características podrían transformarse en una ventaja estratégica para San Luis si el área logra conservar su condición sanitaria y avanzar progresivamente hacia un esquema especializado de producción.
Los primeros análisis
El trabajo técnico comenzó a tomar mayor impulso entre fines de 2025 y principios de 2026, cuando la Agencia de Extensión Rural San Luis del INTA se incorporó al desafío planteado desde la Estación Experimental de Balcarce.
En marzo se inició un relevamiento para determinar con mayor precisión cuál era la situación sanitaria de la región.
Una de las primeras tareas consistió en obtener muestras de suelo y tubérculos provenientes de diferentes paños cultivados. El material fue enviado al Laboratorio de Protección Vegetal de la EEA INTA Rama Caída, en San Rafael.
Los especialistas buscaron determinar, entre otros aspectos, qué nematodos estaban presentes en los suelos y detectar la eventual presencia de virus relevantes para la producción de papa, entre ellos PVX, PVY y PLRV.
Los resultados aportaron información alentadora.
Según explicó el ingeniero agrónomo Esteban Suárez Follari a medios mendocinos, extensionista de la Agencia de Extensión Rural San Luis, el único nematodo detectado fue Meloidogyne spp., conocido como nematodo del nudo de la raíz.
Pero el dato importante fue que apareció con una presencia muy baja y ni siquiera fue encontrado en todas las muestras analizadas.
Ese diagnóstico constituye una pieza central del trabajo que se está realizando, porque antes de pensar en ampliar la producción resulta indispensable conocer con precisión la condición sanitaria de los lotes.

Altura, clima y viento: las fortalezas de La Carolina
La geografía aparece como una de las grandes aliadas del proyecto.
La Carolina está enclavada en una región serrana y parte de las tierras productivas consideradas dentro de este esquema se encuentran por encima de los 1.500 metros sobre el nivel del mar.
Para los técnicos, esa condición se combina con otros elementos particularmente favorables.
Suárez Follari enumeró entre las fortalezas de la región “el clima, la altura, el viento, la ausencia de áfidos y la muy acotada presencia de virus”, además de la aptitud de los suelos.
La ausencia o baja incidencia de determinados vectores resulta especialmente importante cuando el objetivo es obtener material de propagación de elevada sanidad.
La posibilidad de conservar esas ventajas naturales es, precisamente, uno de los puntos sobre los que comenzó a trabajar la articulación institucional.
El potencial existe, pero para transformarlo en una actividad económica consolidada será necesario evitar que el crecimiento de la producción termine deteriorando las mismas condiciones sanitarias que hoy representan la principal fortaleza del lugar.
La reunión realizada en El Arenal permitió avanzar en esa dirección.
El encuentro tuvo lugar en la Escuela Rural N° 282 Gobernador Jacinto Videla y reunió a productores con profesionales de la AER INTA San Luis, el Laboratorio de Protección Vegetal de la EEA Rama Caída y la Dirección Nacional de Transferencia y Extensión.
Durante la jornada se presentaron los resultados de los análisis de suelo y tubérculos realizados previamente y cada productor recibió los informes correspondientes.
Pero la actividad fue más allá de una devolución de resultados de laboratorio.
Técnicos y agricultores analizaron conjuntamente las fortalezas y debilidades que presenta la región y trabajaron sobre la cartografía del área identificada como potencial zona de producción de semilla.
La experiencia acumulada por los propios productores resultó un insumo importante para complementar la información científica.
Uno de los trabajos que continuará durante este año será precisamente la delimitación y caracterización del territorio.
Los técnicos ya avanzaron sobre un primer mapeo de la zona semillera a partir de la información recopilada.
La intención es ampliar el área relevada para disponer de una caracterización más completa y determinar con mayor precisión cuáles son los sectores que reúnen las mejores condiciones.
Ese mapa puede convertirse en una herramienta decisiva.
El proceso ya comenzó a trascender la órbita estrictamente técnica del INTA.
Según explicó Suárez Follari, se conformó una mesa de trabajo integrada por productores y representantes del Instituto Nacional de Semillas (INASE), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), el Gobierno de San Luis y el INTA.
La intención es unificar criterios y elaborar una hoja de ruta.
Ese punto aparece como uno de los desafíos centrales de la próxima etapa.
Los técnicos sostienen que será necesario el acompañamiento del Gobierno provincial para proteger el área y garantizar los controles sanitarios necesarios.
La producción de papa semilla también podría abrir una alternativa de diversificación para productores de la región serrana.
En lugar de comercializar exclusivamente papa para consumo, avanzar hacia materiales destinados a propagación supone incorporarse a un segmento en el que la sanidad, la trazabilidad, la identidad genética y la calidad adquieren un peso económico mayor.

Un problema que excede a San Luis
La experiencia puntana forma parte de un proyecto mucho más amplio.
FONTAGRO impulsa la iniciativa “Uso, Producción y Comercio de Papa Semilla en América Latina y el Caribe” ante un problema que afecta a buena parte de los países productores de la región.
La papa (Solanum tuberosum L.) está considerada entre los alimentos de mayor consumo a escala mundial y constituye un cultivo fundamental para la seguridad alimentaria.
En América Latina y el Caribe, su región de origen, es cultivada por más de un millón de productores.
Sin embargo, en buena parte de los países latinoamericanos los rendimientos continúan siendo relativamente bajos.
Entre las razones señaladas aparece justamente el empleo de semilla de baja calidad, asociada a problemas sanitarios, fisiológicos y genéticos.
El proyecto regional intenta intervenir sobre ese cuello de botella incrementando la disponibilidad y el acceso a papa semilla certificada.
La iniciativa se ejecuta principalmente en Argentina, Chile, Colombia, Panamá y Perú, y contempla también impacto en Brasil, Costa Rica y Uruguay.
Los objetivos planteados son ambiciosos, como aumentar entre un 5% y un 20% la utilización de semilla certificada, incrementar un 10% su producción en los países participantes y expandir otro 10% el comercio regional de este tipo de material.
En Argentina, el INTA tiene un papel central en la ejecución territorial del proyecto, acompañado por organismos académicos, empresas privadas y el INASE.
La principal referencia técnica se encuentra en Balcarce, provincia de Buenos Aires, uno de los núcleos históricos de investigación, genética y manejo del cultivo de papa en el país.
Desde allí, Cecilia Bedogni coordina el proyecto.
La incorporación de La Carolina representa una posibilidad de ampliar territorialmente las zonas capaces de producir semilla de elevada calidad.
Actualmente, según la información disponible, en el área puntana existe apenas un reducido número de productores vinculados con la producción de papa semilla, por lo que el margen de desarrollo todavía es considerable.
A su vez, la EEA INTA Rama Caída cumple una función estratégica para el centro-oeste argentino, especialmente en materia de sanidad vegetal, diagnóstico molecular y soporte técnico para zonas semilleras.
La articulación entre Balcarce, Rama Caída y la Agencia de Extensión Rural San Luis permite reunir conocimientos complementarios con genética y mejoramiento, diagnóstico sanitario, extensión rural y conocimiento del territorio.
Fotos: INTA San Luis.










