Inicio Maquinaria Lembo puso el foco en la calidad de las reservas forrajeras: del...

Lembo puso el foco en la calidad de las reservas forrajeras: del momento de corte al almacenamiento

La firma realizó un Taller de Forrajes Conservados junto a especialistas de Biogrow y Mainero. La jornada abordó aspectos decisivos para mejorar henos y silajes, reducir pérdidas y lograr un mayor aprovechamiento del alimento. Los especialistas remarcaron que la calidad final de una reserva se define en cada una de las etapas del proceso.

La calidad de un forraje conservado no depende solamente de producir un buen cultivo. El momento de corte, la humedad, el acondicionamiento, la confección, el almacenamiento y hasta la tecnología utilizada en las máquinas terminan determinando cuánto de ese alimento llegará efectivamente al animal.

Sobre estos aspectos giró el Taller de Forrajes Conservados organizado por Lembo Maquinarias, una charla técnica que reunió a productores y especialistas para analizar las principales herramientas disponibles para obtener reservas de mayor calidad.

Marcelo Lembo destacó que el salón de la empresa fue creado precisamente con la intención de generar este tipo de espacios de capacitación. “Todos los días se aprende algo nuevo. El saber no ocupa lugar”, señaló al presentar una jornada destinada a discutir sobre silajes, henos y maquinaria para la confección de reservas.

La actividad contó con la participación de Guillermo Piñeiro y Federico Costanzo, de Biogrow, mientras que Iván Pérez y el equipo técnico de Mainero abordaron aspectos vinculados con las rotoenfardadoras, el uso de cutter y las alternativas tecnológicas disponibles para reducir pérdidas.

La calidad comienza antes de guardar el forraje

Uno de los principales conceptos planteados durante el encuentro fue la necesidad de considerar la calidad higiénica como parte de la eficiencia productiva. Un heno o ensilaje puede formar parte de una dieta correctamente formulada, pero la presencia de hongos, toxinas u otros contaminantes puede impedir que los animales expresen todo su potencial productivo.

Piñeiro sostuvo que el mercado argentino está avanzando hacia una mayor diferenciación de los forrajes por calidad. Mientras años atrás la operación comercial se limitaba prácticamente a comprar un rollo, actualmente comienzan a pesar parámetros como el peso, la proteína y otras características nutricionales.

En el caso de la alfalfa, los especialistas hicieron hincapié en el momento de corte. La recomendación técnica apuntó al estado de botón floral, cuando se obtiene una relación favorable entre cantidad y calidad. En ese momento, indicaron, pueden alcanzarse valores cercanos al 22% o 23% de proteína, además de un elevado valor relativo del forraje.

El planteo también buscó desterrar la idea de que una alfalfa de gran altura y con abundante floración necesariamente representa una mejor producción. A medida que avanza el ciclo aumenta la proporción de tallo y se deterioran parámetros vinculados con la calidad.

Por eso, una de las definiciones surgidas de la capacitación fue la necesidad de profesionalizar la producción de alfalfa, incorporando criterios agronómicos, infraestructura, maquinaria, tecnologías e insumos con la misma rigurosidad utilizada en otros cultivos agrícolas.

Humedad: una variable que no puede quedar librada al ojo

Otro eje central fue la medición de materia seca. Los técnicos plantearon valores orientativos de alrededor del 80% de materia seca para heno, 45% a 50% para henolaje y 35% a 40% para ensilaje, aunque existen variantes de acuerdo con el sistema utilizado.

La tecnología disponible permite actualmente medir este parámetro directamente y reducir el margen de error. Según se explicó, ya existen equipos capaces de obtener rápidamente el dato de materia seca, además de métodos más tradicionales.

La recomendación fue abandonar, en la medida de lo posible, las decisiones basadas exclusivamente en apreciaciones visuales o en la experiencia. Un heno confeccionado con exceso de humedad favorece el desarrollo de microorganismos, eleva la temperatura y deteriora su valor nutricional.

También se analizaron alternativas para acelerar el secado del material. En ensayos presentados durante la charla, determinadas tecnologías permitieron alcanzar el 50% de humedad en unas 22 horas, frente a 32 horas del testigo. La importancia de llegar rápidamente a ese nivel radica en que la planta deja de respirar y de consumir azúcares, preservando una mayor proporción de su calidad original.

Menos pérdidas en los rollos

La confección y conservación de los rollos ocupó otro capítulo importante. Los especialistas analizaron las diferencias entre el atado con hilo y con red y señalaron que los primeros centímetros exteriores concentran una proporción significativa del peso del rollo y son, al mismo tiempo, los más expuestos al deterioro.

A ello se suma una diferencia operativa: durante la exposición se indicó que el atado con hilo puede demandar alrededor de un minuto, frente a aproximadamente 15 segundos con red, una brecha que, acumulada sobre cientos de rollos, repercute en horas de trabajo, combustible y utilización de la maquinaria.

La incorporación del cutter también fue presentada como una herramienta para mejorar el aprovechamiento del material, lograr mayor compactación y facilitar la logística. El objetivo final es que una mayor proporción de los kilos producidos en el lote llegue efectivamente al comedero.

El silaje también exige precisión

En materia de ensilaje, el mensaje volvió a ser el mismo: medir antes de decidir. En maíz, los especialistas advirtieron que utilizar solamente la cantidad de días transcurridos desde la siembra como criterio para ingresar con la picadora puede conducir a errores importantes.

“La materia seca es el tema”, sintetizaron durante la presentación. Como ejemplo, se mencionó un lote que, pese a encontrarse aparentemente próximo al momento de picado por cantidad de días, presentaba apenas 25% de materia seca y todavía estaba lejos del valor buscado.

También se destacó que variables como la altura de corte, el tamaño de picado, el procesamiento del grano y la compactación permiten intervenir sobre la calidad final. Incluso elevar la altura de corte puede ayudar, bajo determinadas condiciones, a aumentar la materia seca, reducir el ingreso de tierra y microorganismos y obtener un material con una mayor proporción de grano respecto del tallo.

La jornada dejó así una definición transversal a todos los sistemas de conservación: producir un buen cultivo es apenas el comienzo. Desde que la máquina ingresa al lote hasta que el alimento llega al animal existe una sucesión de decisiones capaces de conservar o perder calidad.

En ese camino, medir humedad y materia seca, elegir correctamente el momento de corte, regular los equipos, reducir la contaminación con tierra, mejorar la compactación y proteger adecuadamente las reservas aparecen como herramientas concretas para transformar kilos de forraje producidos en kilos efectivamente aprovechados por la hacienda.