El coordinador técnico de Casafe pasó por Agrofy News Live y habló sobre el avance de los bioinsumos, el uso responsable de fitosanitarios y el rol clave de la ciencia para discutir distancias de aplicación. (En San Luis la distancia mínima establecida es de 1.500 metros, considerada exagerada por el sector).
La agricultura argentina atraviesa un proceso de transformación hacia modelos más sustentables, y en ese camino los bioinsumos ganan cada vez más protagonismo. Así lo expresó Federico Elorza, coordinador técnico de Casafe (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes), durante su paso por Agrofy News Live, donde explicó por qué es clave hablar de buenas prácticas, despejar mitos y generar conocimiento técnico accesible para los productores.
“Casafe no impulsa el uso de fitosanitarios, sino su uso responsable. Y eso incluye tanto productos químicos como biológicos”, aclaró Elorza al inicio de la entrevista, al detallar el rol de la entidad que agrupa a las empresas que desarrollan tecnologías para cultivos.
Según remarcó, incluso los insumos biológicos, aunque tengan menor toxicidad, no son inocuos: “Tienen que usarse bien, con las mismas exigencias de seguridad y eficiencia”.
En Argentina, el mercado de bioinsumos creció un 10,9% en 2024, alcanzando los $124,2 millones de dólares, según un estudio reciente de Pampas Group y Somera. Lo más interesante es que la mitad del área sembrada del país ya utiliza bioinsumos, lo que representa 18,66 millones de hectáreas. Esto demuestra el potencial de estas tecnologías para mejorar la productividad y reducir el impacto ambiental de la agricultura.
Otro punto clave fue el debate sobre las distancias para aplicaciones cerca de zonas urbanas, un tema sensible que suele generar polémica. “En Argentina hay más de mil ordenanzas con distancias que no se basan en evidencia científica”, señaló. Y remarcó que los estudios realizados por Casafe, junto con entidades públicas, muestran que con buenas prácticas las aplicaciones pueden ser seguras a distancias mucho menores a las que fijan muchas normativas locales.
“Después de más de 40 ensayos a campo, los datos nos dieron distancias seguras de 10 metros para aplicaciones terrestres y 50 para aéreas”, afirmó. En contraste, algunas ordenanzas exigen distancias de hasta 5.000 metros. “No se puede legislar con miedo, hay que hacerlo con ciencia. Por eso insistimos en crear mesas de trabajo donde participen todos los actores: Estado, productores y sociedad”, sostuvo.
Uno de los ejes más relevantes del diálogo fue el auge de los bioinsumos en el agro. Según datos de Casafe, su uso crece a razón de un 10% anual, con un fuerte salto en el último año en segmentos como biofertilizantes y bioinsecticidas. “Hubo un aumento del 109% en bioinsecticidas y del 69% en biofertilizantes, en gran parte impulsado por la presión de plagas como la chicharrita”, explicó Elorza.
Pero este crecimiento viene acompañado de desafíos. “El productor está demandando biológicos, pero todavía no sabe bien cómo usarlos. Hay una necesidad de capacitación, de información clara, y ahí las agronomías de pueblo cumplen un rol clave”, aseguró.
Elorza también destacó que el cambio hacia sistemas más sostenibles no significa dejar atrás los químicos, sino encontrar una sinergia: “Muchos productos hoy combinan químicos y biológicos, por ejemplo en curasemillas, y eso permite aprovechar lo mejor de ambos mundos: control y bioestimulación”.











