En el centro de una región que históricamente reclama información local y decisiones ajustadas a su realidad productiva, el establecimiento La Juanita volvió a convertirse en epicentro del conocimiento aplicado. A 30 kilómetros al sudoeste de San Luis, el campo de José Lorenzino fue escenario este jueves de una jornada técnica que no solo convocó a un numeroso grupo de productores, asesores y empresas, sino que también dejó en evidencia el creciente protagonismo del maíz como eje estructural del sistema productivo regional.
Con la participación de ocho semilleras que exhibieron sus materiales más competitivos y una nutrida presencia de stands de maquinaria agrícola, servicios agropecuarios, camionetas, tractores y sembradoras, el encuentro superó expectativas y consolidó un espacio que año a año gana relevancia en la agenda del sector.
La Juanita no es un establecimiento más dentro del mapa productivo puntano. Sobre unas 2.000 hectáreas dedicadas al maíz y entre 1.500 y 1.600 hectáreas orientadas a soja y girasol, el planteo de Lorenzino refleja un modelo intensivo que combina agricultura y ganadería con una lógica clara, transformar granos en valor agregado dentro del propio campo.
En ese esquema, el maíz ocupa un lugar central. Alrededor del 40% de la producción se destina al consumo de hacienda en corral, mientras que el resto se comercializa o se utiliza en el funcionamiento general del establecimiento. La soja, en tanto, cumple un rol complementario, con parte de su producción destinada al intercambio por expeller para alimentación animal.
Pero más allá de los números, lo que distingue a La Juanita es una filosofía de trabajo basada en la apertura y el intercambio. Lorenzino no solo habilita su campo para este tipo de eventos, sino que también comparte información técnica generada a partir de experiencias propias, bajo la dirección del reconocido asesor Roberto Zaballa. En una región donde los datos locales escasean, ese aporte adquiere un valor estratégico.
“Estamos muy conformes, cada vez se suma más gente y la jornada crece. La idea es que le sirva al productor, que sea mejor para todos”, expresó Lorenzino a El Semiárido, visiblemente satisfecho con la convocatoria. Y agregó: “Participan muchas semilleras, empresas con las que trabajamos y otras que no, pero que igual acompañan. La zona es grande y hay mucho para aprender”.
Esa necesidad de generar conocimiento propio fue uno de los ejes más destacados de la jornada. Según el productor, uno de los principales déficits del sector en San Luis es la falta de información específica adaptada a las condiciones locales. “Datos hay, pero no de esta zona. Lo más cercano es Río Cuarto, y hay mucha diferencia. Todo esto le da al productor un punto de partida para decidir mejor”, explicó.
En ese sentido, los ensayos a campo permiten comparar materiales en condiciones reales y obtener conclusiones concretas tanto para producción de grano como para silaje. “Acá mostramos lo que está en punta y cada productor después adapta a su campo. Cada lote es distinto, pero esto ayuda a definir manejo, fertilización y estrategias productivas”, sostuvo.
El impacto de estas jornadas va más allá del conocimiento técnico, ya que también representa un ahorro significativo de tiempo y dinero para los productores. “El productor deja de experimentar a ciegas. Ve lo que funciona y eso le permite tomar decisiones más rápido y con menos riesgo”, subrayó Lorenzino.
La jornada también funcionó como punto de encuentro entre productores y empresas proveedoras. En un clima distendido, los asistentes pudieron dialogar directamente con fabricantes de maquinaria y representantes de insumos, generando vínculos que muchas veces se traducen en inversiones y mejoras tecnológicas.
“Este es un lugar donde el productor puede hablar tranquilo, ver opciones, comparar. Muchos de los que están acá son proveedores nuestros, otros no, pero todos suman. Por eso cada vez viene más gente”, destacó el anfitrión.
Al momento de analizar el presente productivo, Lorenzino no dudó en señalar al maíz como el cultivo estrella de la región. “En esta zona necesitamos sí o sí hacer maíz. Es lo que más podemos transformar en carne”, afirmó, dejando en claro la fuerte integración con la ganadería.
Sin embargo, también remarcó la importancia de la rotación para sostener la productividad en el tiempo. “No podemos hacer maíz sobre maíz muchos años porque aparecen problemas de hongos y enfermedades. Por eso incorporamos soja y girasol, aunque la soja no se adapta del todo bien por las noches frías”, explicó.
El girasol, en cambio, aparece como una alternativa en crecimiento. A pesar de los problemas históricos con aves, la mejora genética está cambiando el panorama. “Los materiales han mejorado mucho y hoy el girasol está avanzando”, indicó.
En paralelo, el sorgo comienza a ganar terreno como una opción estratégica, especialmente vinculada a la producción animal. “Se está metiendo porque hay mejores materiales. Falta tecnología, pero viene mejorando año a año”, señaló Lorenzino.
El cultivo tiene un fuerte potencial en la alimentación de cerdos y también como recurso forrajero para el ganado. “En la zona ya se está usando mucho en chancherías y también en picado. Además, nos permite producir cerca y no depender de llevar todo a puerto, que hoy es muy caro”, agregó.
La mirada de Lorenzino sintetiza el espíritu de una jornada que va mucho más allá de la exhibición tecnológica. En un contexto donde la eficiencia y la información son claves, La Juanita se posiciona como un faro productivo en el semiárido, demostrando que la articulación entre conocimiento, experiencia y apertura puede marcar la diferencia.
Con cada edición, este encuentro reafirma su rol como plataforma de innovación y como punto de partida para decisiones que impactan directamente en la rentabilidad y sostenibilidad de los sistemas productivos de San Luis. Y en ese camino, el maíz, como base de la transformación en carne, sigue liderando una estrategia que combina tradición, tecnología y visión de futuro.











