La provincia de San Luis aparece hoy ante una oportunidad estratégica para ampliar su protagonismo en la producción nacional de girasol, un cultivo que gana terreno como alternativa rentable y resiliente frente a los desafíos climáticos y económicos que atraviesa el agro argentino.
Así quedó planteado durante el VIII Congreso Argentino de Girasol organizado por la ASAGIR, donde el ingeniero agrónomo Jorge Mercau, especialista que trabaja desde la Agencia del INTA en San Luis, destacó el potencial del cultivo para impulsar una “intensificación diversificada” en el Semiárido Central y otras regiones productivas del país.
La exposición, realizada el pasado 16 de abril en Mar del Plata, puso el foco en las ventajas comparativas que presenta el girasol frente a otros cultivos estivales, especialmente en territorios como San Luis, donde las limitaciones hídricas suelen condicionar el desempeño de la soja y otros granos tradicionales.
Según explicó Mercau, el girasol posee características agronómicas y comerciales que lo convierten en una herramienta clave para diversificar riesgos y mejorar la estabilidad económica de los sistemas productivos. Entre esas fortalezas se destacan su ciclo relativamente corto, que permite liberar antes los lotes para otros cultivos, y su capacidad de profundizar rápidamente el sistema radicular, aprovechando reservas de agua ubicadas hasta en el tercer metro del perfil del suelo.
Para la realidad productiva de San Luis, esa capacidad representa una ventaja decisiva. En un contexto marcado por lluvias variables y frecuentes déficits hídricos, el girasol logra sostener niveles de productividad competitivos incluso en campañas complejas. De acuerdo con el análisis presentado, el cultivo reduce significativamente la probabilidad de pérdidas económicas en comparación con la soja dentro del Semiárido Central.
El especialista del INTA sostuvo que San Luis tiene margen para al menos triplicar su superficie sembrada con girasol de manera competitiva. La posibilidad de expansión provincial se enmarca en una meta nacional más ambiciosa: alcanzar en los próximos años los 6 millones de hectáreas implantadas en Argentina.

“El girasol permite diversificar la cartera productiva tanto a nivel de establecimiento como provincial y nacional”, remarcó Mercau durante la conferencia. La afirmación cobra relevancia en un escenario donde los productores buscan alternativas para reducir exposición a la volatilidad climática y de mercados.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio presentado fue la comparación económica entre girasol y soja a partir de simulaciones realizadas sobre 54 campañas agrícolas. Para ello se utilizaron modelos de cultivos ajustados y evaluados en condiciones argentinas, considerando costos actualizados, precios proyectados y distintos escenarios de disponibilidad hídrica.
Los resultados mostraron que, en ambientes semiáridos como los de San Luis, el girasol ofrece márgenes brutos más estables y superiores a los de la soja, tanto en siembras tempranas de fines de octubre como en planteos más tardíos hacia noviembre. La diferencia se amplía aún más bajo esquemas de derechos de exportación favorables para ambos cultivos.
El informe indica que, mientras la soja depende en gran medida de altos niveles de humedad para alcanzar sus máximos potenciales, el girasol logra adaptarse mejor a escenarios restrictivos. Esa plasticidad lo convierte en una alternativa especialmente atractiva para productores puntanos que necesitan estabilidad económica y menor exposición al riesgo climático.
No obstante, desde el INTA advirtieron que la ventaja competitiva del girasol no es automática y requiere un manejo agronómico de precisión. Entre los factores determinantes aparecen la correcta elección genética, una implantación eficiente y una adecuada fertilización nitrogenada cuando el suelo presenta baja oferta nutricional.
Mercau enfatizó que el cultivo debe dejar de ser visto como una opción secundaria o de bajo paquete tecnológico. Por el contrario, sostuvo que el girasol responde positivamente a estrategias de manejo intensivo y que las inversiones en tecnología suelen traducirse en mejoras significativas de rendimiento.
En San Luis, donde la agricultura enfrenta limitaciones estructurales asociadas al clima, la incorporación de tecnologías adaptadas al semiárido aparece como un elemento central para sostener la competitividad. El avance del girasol podría, además, generar efectos positivos sobre las rotaciones agrícolas y la sustentabilidad de los sistemas productivos.
Otro de los puntos destacados en la exposición fue el componente comercial. A diferencia de otros granos de verano, el aceite de girasol se inserta en un circuito internacional distinto, lo que permite diversificar las exportaciones argentinas. Además, la genética moderna habilita bonificaciones importantes en el mercado local sin necesidad de contratos especiales, un aspecto que mejora la ecuación económica del productor.
Desde el INTA remarcaron también la importancia de consolidar mercados externos tanto para aceite como para grano. Según Mercau, la apertura y estabilidad comercial serán fundamentales para sostener precios competitivos y generar previsibilidad en la cadena girasolera.
En este contexto, San Luis aparece como una de las provincias con mayor potencial de crecimiento dentro del esquema nacional de expansión. Las condiciones agroecológicas del Semiárido Central, sumadas a la experiencia técnica acumulada por productores y asesores, permiten proyectar un incremento significativo del área sembrada en los próximos años.
El desafío, coinciden los especialistas, será combinar tecnología, manejo eficiente y políticas comerciales que acompañen el crecimiento del sector. Mientras tanto, el girasol comienza a posicionarse no solo como un cultivo rentable, sino también como una herramienta estratégica para el futuro productivo de San Luis y del agro argentino.











