“Un campo que esté bajo actividad ganadera, no tiene limitantes para empezar a hacer un sistema de manejo de ganadería regenerativa. Creo por eso que el desafío que tenemos es el productor, el límite es cuándo quiere aceptar o adoptar estas nuevas tecnologías”, definió Matías Maliverney, un profesional que trabaja en el Centro Ganadero de Naschel y a su vez es asesor privado para el manejo de ganadería regenerativa para la empresa Ovis, que está comercializando los bonos de carbono.
Ese manejo requiere de una minuciosa planificación, que es con la prioridad que trabaja y que le permite medir el Índice de Salud del Pastizal, con el cual ingresa en la venta de bonos de carbono.
“Todo esto te da un puntaje que puede ser menos 100 o más 100, y te da una idea de dónde está tu ambiente. Si voy en negativo, estoy degradando, y si voy en positivo, estoy regenerando o buscando el potencial de mi ambiente o de mi ecoregión en la cual esté”, explicó Matías durante una entrevista con El Semiárido.
Siempre haciendo foco en las reuniones de planificación, indicó que esos encuentros se realizan en un contexto al que llaman holístico: “Tiene que estar todo, el asesor del campo, el médico veterinario, el empleado, el dueño, entonces esa planificación se hace a conciencia y a criterio de todos; ahí cambia, yo también estuve trabajando en un Cambio Rural y cambia la forma de trabajar con las personas, la verdad que ahí está la diferencia”.
Con respecto al principal desafío a la hora de aplicar estos sistemas en San Luis, Maliverney fue categórico: “Es la idiosincrasia del productor. Los sistemas de planificación con herramientas de rotación o el pastoreo Santa Rita, que surgió en la década del 50, son tecnologías que difícilmente adoptan los ganaderos, a diferencia de un productor agrícola que tienen herramientas tecnológicas, están acostumbrados al cambio y a adopciones de tecnología”.
Explicó que, para los ganaderos, es más difícil y es más desafiante la adopción de tecnologías, que en este caso se trata de tecnología de proceso. “No requiere más que sentarse, tomar datos, planificar un poco sin hacer inversiones en campo; por supuesto que no hay límites para hacer inversiones en el campo, pero no es limitante para empezar a manejar un sistema de rodeo”.
Son dos los momentos de planificación, agregó, uno en primavera-verano, para el que tienen varias herramientas por si llega a faltar el pasto. El productor que recién arranca con esto, si viene con la carga invernal, es fácil planificarlo, aseguró, pero advirtió que cuando pasó el invierno, que tuvo que suplementar mucho, que viene con alta carga, “la primavera son los momentos clave para dejar recuperar el pastizal. Entonces, ahí es un momento bisagra del campo, en donde sí o sí, los tiempos de descanso son los más importantes y a rajatabla se tiene que respetar”.

Destacó que el tiempo de descanso prioriza por sobre el tiempo de ocupación y por ello insistió que es más importante dejar descansar un lote que estarlo ocupando un poco más de tiempo.
Y la segunda planificación forrajera se realiza en otoño-invierno, cuando ya determinaron que no habrá más crecimiento.
“Con dos planificaciones al año, el productor y todos los que estén manejando el establecimiento pueden realizar un manejo de ganadería regenerativa. Que, si están de acuerdo, pueden entrar en la participación de estas ventas de servicios ecosistémicos como bonos de carbono”, añadió el profesional.
La evaluación de estos ambientes tiene sus matices de acuerdo con el tipo de ecorregión, con la cual se determina el Índice de Salud del Pastizal, que si entra en la venta de bonos de carbono, se mide lo que la empresa mande por punto geo-referenciado.
Si no entra dentro de la venta de bono de carbono, se mide por lote la abundancia de microfauna, pastos perennes de verano y de invierno; hierbas y leguminosas; árboles y arbustos, especies raras de contextos deseable e indeseable; el mantillo y su incorporación, descomposición de bostas, porcentaje de suelo desnudo, encostramiento, erosión eólica y erosión hídrica, enumeró.
Matías aseguró que esas mediciones tienen implicancia en procesos ecológicos, como ciclos del agua, de los minerales, de la energía o “dinámica de la comunidad; una vez que entendemos esto, empezamos a entender por qué suceden ciertas cosas en los campos en cuanto a manejo”.
Cuando se pierde esa dinámica, agregó, tiene su efecto en el sistema del rodeo, en sanidad, en el ciclo del agua, la absorción y su aprovechamiento es menor. “Esto tiene una base científica muy sólida y concreta”, afirmó.
Pero, qué es el manejo holístico: “Se refiere al holismo, una doctrina que promueve la concepción de cada realidad como un todo; entonces lo que planteamos es definir cuál es el todo de la empresa, quiénes son los tomadores de decisiones, quiénes son las personas que trabajan, quiénes están involucrados en el campo, quiénes son tus vecinos, tus proveedores, dónde se vende, dónde se compra, porque todo afecta a la hora de tomar una decisión”.
Y en cuanto a la ganadería regenerativa, explicó que es un sistema de manejo del pastoreo en el cual empiezan a centrarse en el cuidado del recurso suelo, porque repercute en producción primaria de pasto, en una producción forrajera más alta, que por resultado les da un aumento de carga en los campos en los cuales se termina aplicando este sistema o esta metodología de trabajo.
“En la metodología de trabajo que estamos realizando en San Luis, consideramos que tenemos dos momentos de crecimiento, en primavera y cuando ya llegan las primeras heladas no tenemos tasa de crecimiento o consideramos tasa de crecimiento nula, tras lo cual hay que distribuir el forraje que hicimos en verano hasta la primavera siguiente”, describió.
Para ello aplican un formato de manejo de la ganadería, que contempla dos planificaciones forrajeras al año, una en primavera que se llama plan abierto, sin saber cuánto puede crecer ese pasto que hay en campo, y una planificación de invierno, con una medición a campo sobre las raciones necesarias para llegar hasta la primavera siguiente.
En caso de que las raciones no alcancen, se calcula la suplementación necesaria y decidir en qué momento proporcionarla, y si el productor en ese momento está financieramente complicado, saber cómo ajustar la carga para llegar a la primavera siguiente.
Precisó que este sistema lo están aplicando en campos de la provincia con pastizales perennes y naturales, que son los de mayor resiliencia, entre los que se encuentran ambientes en serio estado de degradación, o llorones y digitarias mezcladas clon renuevos porque el sistema de manejo hace que crezca solo eso.
“Este manejo y esta planificación por pulsos de uso en el cual la hacienda tiene que entrar, comer una parte, salir, darle un tiempo de recuperación y volver a comer otra parte, vemos que los ambientes empiezan a recuperarse en volumen, en cantidad y en calidad; en calidad nos sorprende a diario ver que tengan menos requerimientos de sales proteicas en invierno, porque empieza a haber una diversidad de especies en esta fecha”, remarcó.
Los bonos de carbono
Con respecto a los bonos de carbono, detalló la empresa con la que trabaja se llama Ovis21, con sus franquicias a nivel provincial. Lo que hacen es planificar el pastoreo de pastizales perennes: “Sabemos y ya está medido que la cantidad de dióxido de carbono que utiliza la planta, parte la va a utilizar en su producción forrajera aérea y parte en su producción que está bajo suelo”.
Añadió que cuando la hacienda come el pastizal, se lleva parte aérea, pero en la que está bajo suelo ya queda ese carbono fijado. El carbono que está en la atmósfera, la planta lo toma, lo utiliza para metabolizar y queda bajo suelo y esa parte es la que se puede medir y cuantificar y hoy tiene un precio en el mercado y puede ser vendido.
“Del otro lado hay una empresa que está comprando para ser carbono neutral, que para lograrlo, por más que disminuya su huella de carbono, sigue emitiendo dióxido y si quiere ser carbono neutral tiene que salir a financiar a un productor que fije carbono atmosférico en suelo, ahí es donde surge el negocio de venta de servicios ecosistémicos o venta de dióxido de carbono”, explicó.
La empresa RUUTS comercializa y el productor es socio de esa firma a la hora de vender los bonos de carbono, indicó y detalló que un bono es una tonelada de carbono y en la zona del Valle del Conlara, la capacidad de captura de dióxido de carbono por la producción forrajera puede estar entre una a tres toneladas por hectárea
“RUUTS necesita el pie de OVIS para hacer las mediciones y para hacer las certificaciones de venta de dióxido de carbono, porque el productor lo que termina vendiendo es un servicio ecosistémico, firma un contrato con RUT y lo que termina haciendo es vender los datos, la información de que el manejo que está haciendo realmente fija carbono atmosférico en el suelo”, profundizó.
Cuando el productor adopta este sistema, el primer año tiene que hacer su “línea base”, una identificación con 25 puntos de monitoreo distribuidos por el campo, con los que se definirá un índice pasa determinar cómo está la salud biológica de esos campos.
Con estos puntos se elabora un promedio con muestras de suelo sobre densidad aparente, muestra de carbono orgánico, materia orgánica en suelo, aumento de nitrógeno, tasas de infiltración y bueno se hacen calicatas para ver cómo está la estructura.
Las pruebas base se hacen cada cinco años, período que muestra una mejora en la tasa de infiltración, materia orgánica que está estrechamente relacionado con la fijación de carbono, cantidad de cobertura.
En cambio, el índice de salud del pastizal se realiza anualmente y es considerada una vara para tomar decisiones a la hora de las planificaciones forrajeras y permite advertir cambios en el manejo











