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La chicharrita volvió a San Luis, pero llegó tarde para dañar al maíz

La ingeniera agrónoma Estela Blanco, investigadora del INTA San Luis.

Un seguimiento realizado durante toda la campaña 2025/26 en Villa Mercedes permitió comprender mejor el comportamiento de Dalbulus maidis en el centro del país. Los primeros individuos aparecieron cuando el maíz ya había superado su período crítico, la población se multiplicó en pocas semanas y las heladas consecutivas terminaron actuando como un regulador natural. Los resultados aportan información estratégica para productores y asesores que buscan anticiparse a una de las principales amenazas sanitarias del cultivo.

La campaña 2025/26 dejó una de las experiencias de monitoreo más valiosas para comprender el comportamiento de la chicharrita del maíz en la provincia de San Luis. Después de la grave preocupación generada por la epidemia de achaparramiento que afectó amplias regiones productivas argentinas durante 2023/24, el seguimiento realizado en Villa Mercedes permitió observar con detalle cuándo apareció el insecto, cómo evolucionó su población y qué factores ambientales condicionaron su crecimiento.

El trabajo fue desarrollado por Estela Blanco y Belén Bravo, de la EEA San Luis del INTA, junto al Grupo de Producción Agrícola integrado por Ricardo Rivarola, Maximiliano Riglos, Aldo Suárez, Fabián Acosta y José Aguilar. Los investigadores siguieron la evolución de Dalbulus maidis mediante trampas cromáticas adhesivas y observaciones de campo, vinculando los registros con la fenología del cultivo y las condiciones meteorológicas.


La importancia de estos resultados se entiende mejor al recordar lo ocurrido apenas dos campañas atrás. Durante 2023/24, la expansión de la chicharrita y las enfermedades asociadas provocó pérdidas significativas en numerosas regiones maiceras del país.

En San Luis, el informe recuerda que se registraron reducciones de rendimiento de entre 16% y 35%, mientras que amplias superficies directamente no llegaron a cosecharse. Aquella campaña marcó un antes y un después para productores y técnicos, que comenzaron a prestar especial atención al monitoreo de la plaga y a la generación de información regional.

Sin embargo, el comportamiento de la plaga no fue uniforme en los años siguientes. En la campaña 2024/25 no se detectaron individuos de chicharrita ni mediante observación directa ni a través de trampas adhesivas. Los autores vinculan este escenario a las bajas temperaturas registradas durante el invierno previo en el norte argentino, situación que habría contribuido a reducir drásticamente las poblaciones.

El regreso de la chicharrita

La situación cambió nuevamente en 2025/26. Los primeros ejemplares fueron detectados el 13 de marzo, cuando las trampas registraron tres individuos en Villa Mercedes. Para ese momento el cultivo se encontraba en estado R3, correspondiente al denominado grano lechoso.

Aunque la cantidad inicial fue reducida, el dato resultó particularmente relevante porque permitió identificar con precisión el momento de aparición del insecto respecto de la evolución del cultivo. Esta relación es clave para comprender los riesgos productivos asociados a la plaga.

Los investigadores destacan que, en este caso, la detección ocurrió cuando el maíz ya había atravesado las etapas más sensibles para la definición del rendimiento. Por esa razón, la presencia de la chicharrita no tuvo consecuencias directas sobre la productividad del lote monitoreado.

El hecho de que la plaga no afectara el rendimiento no significa que su población permaneciera en niveles bajos. Por el contrario, los datos obtenidos muestran una expansión extremadamente rápida.

Tras las primeras tres capturas registradas el 13 de marzo, las trampas contabilizaron 12 individuos el 30 de marzo y 43 el 14 de abril. Apenas quince días después, el 29 de abril, las capturas escalaron hasta alcanzar 571 ejemplares, el valor máximo registrado durante el monitoreo.

Los investigadores interpretan este comportamiento como una combinación de factores ambientales favorables. La presencia de maíz verde, sumada a temperaturas todavía moderadas, generó condiciones adecuadas para el crecimiento poblacional. Para ese momento el cultivo monitoreado ya se encontraba en R6, es decir, madurez fisiológica. También existían verdeos y otras fuentes potenciales de refugio en el entorno productivo.

Uno de los hallazgos más interesantes del trabajo es que la denominada explosión poblacional ocurrió aproximadamente 40 días después de la aparición de los primeros individuos, un lapso compatible con el ciclo biológico del insecto.

Cuando la población parecía encaminarse hacia un crecimiento aún mayor, el clima comenzó a modificar el escenario.

La primera helada registrada ocurrió el 27 de abril, con una temperatura mínima de -4,7 °C. Sin embargo, los investigadores observaron que este evento aislado tuvo un impacto limitado sobre la abundancia de la plaga.

Lo verdaderamente determinante ocurrió durante mayo. Entre el 9 y el 13 de ese mes se registraron cinco jornadas consecutivas con temperaturas bajo cero, alcanzándose una mínima de -6,5 °C el 10 de mayo. Más adelante, entre el 17 y el 27 de mayo, se produjeron once días adicionales con heladas.

La respuesta poblacional fue contundente. Desde el pico de 571 individuos capturados el 29 de abril, las capturas descendieron a 198 el 13 de mayo y a apenas 22 individuos hacia el 29 de mayo.

Para los autores, los registros muestran claramente que una helada aislada no necesariamente provoca una caída importante de la población, mientras que la sucesión de eventos de frío intenso y sostenido puede transformarse en un factor regulador de gran relevancia. La menor disponibilidad de recursos alimenticios también habría contribuido a acelerar este proceso.

Uno de los mensajes centrales que deja el estudio es que la simple presencia de la chicharrita no alcanza para evaluar el riesgo productivo.

Los investigadores remarcan que el período de mayor susceptibilidad del maíz ocurre durante los primeros 30 días posteriores a la emergencia. Cuando la plaga aparece dentro de esa ventana, las posibilidades de daño son considerablemente mayores.

En cambio, durante la campaña 2025/26 los primeros individuos fueron detectados cuando el cultivo ya había ingresado en R3. En consecuencia, aun cuando posteriormente se produjo una marcada multiplicación de la población, el maíz había superado hacía tiempo la etapa crítica para la definición de su rendimiento.

Esta conclusión resulta especialmente importante para la toma de decisiones, ya que permite contextualizar los registros de monitoreo y evitar interpretaciones simplificadas basadas únicamente en la cantidad de insectos presentes.

Un fenómeno observado también a escala regional

Los registros obtenidos en Villa Mercedes no constituyeron un caso aislado. El informe destaca que la disminución de capturas observada localmente coincidió con la tendencia registrada por la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis para la región Centro-Sur del país.

De acuerdo con los relevamientos citados, el promedio de capturas en trampas ubicadas sobre maíz descendió de 53,98 individuos a 32,96 y posteriormente a 23,93 individuos por trampa entre distintos monitoreos realizados durante junio y comienzos de julio de 2026.

Además, en el último relevamiento mencionado por los investigadores, el 43% de las trampas se encontraba instalado en cultivos que ya habían alcanzado el estado R6 de madurez fisiológica.

La coincidencia entre la tendencia local y la regional fortalece la hipótesis de que las condiciones ambientales del otoño, especialmente las bajas temperaturas, tuvieron una influencia decisiva sobre la dinámica poblacional de la plaga.

San Luis participa activamente en la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis mediante dos puntos de observación: Villa Mercedes y Quines. En ambos sitios se generan datos quincenales que permiten seguir la dinámica de las poblaciones a lo largo del año.

Durante cada relevamiento se registra la cantidad de individuos capturados, el estado fenológico del cultivo y distintas observaciones relacionadas con el ambiente circundante. También se consideran aspectos como la presencia de barbechos, cultivos vecinos o verdeos que puedan influir sobre la supervivencia del insecto.

Las trampas permanecen en lotes de maíz durante primavera y verano. Posteriormente, cuando los cultivos resultan afectados por las heladas, son trasladadas hacia áreas con verdeos para continuar observando los movimientos y la supervivencia de la plaga durante el invierno.

Según explica el trabajo, aunque Dalbulus maidis se alimenta y reproduce exclusivamente sobre maíz, los adultos pueden sobrevivir varios meses incluso cuando no disponen de plantas hospedantes adecuadas. Durante ese período pueden encontrarse sobre especies como centeno o avena hasta que vuelven a aparecer maíces voluntarios o nuevos cultivos implantados.