El índice de reposición bovina es uno de los indicadores más sensibles para entender el pulso del negocio ganadero. Mide la relación entre el valor del ternero de invernada y el precio del novillo gordo: cuando el índice es 1, el productor puede reponer en igualdad de condiciones; cuando es mayor a 1, reponer cuesta más caro; y cuando es menor a 1, la reposición resulta relativamente más barata.
Los datos del Senasa muestran la evolución mensual del índice de reposición a nivel país desde 2020 hasta 2025, con una proyección muy baja para enero de 2026.
Aunque los números son nacionales, su lectura es clave para provincias ganaderas como San Luis, donde miles de productores toman decisiones de compra y venta en función de esta relación.
Entre 2020 y 2023, el índice de reposición mostró una alta volatilidad. Hubo meses con valores cómodos para reponer, cerca o por debajo de 1, y otros en los que el índice se disparó muy por encima, encareciendo fuertemente la compra de terneros.
Por ejemplo, en marzo de 2023 el índice llegó a 1,47, uno de los valores más altos de toda la serie, lo que implicaba que para comprar un ternero había que vender bastante más de un novillo. En cambio, en octubre de 2023 el índice bajó a 0,66, mostrando una reposición mucho más accesible.
Para San Luis, que combina sistemas de cría, recría y engorde, estas oscilaciones impactan de lleno en la rentabilidad. Cuando el índice es alto, muchos productores dudan en reponer, achican carga o retienen vientres. Cuando es bajo, se incentiva la compra de terneros y la intensificación de los sistemas.

En 2024 el índice mostró un comportamiento irregular. Arrancó muy alto en algunos meses, como mayo (1,55) y marzo (1,26), lo que encareció la reposición en plena zafra de terneros. Sin embargo, hacia el segundo semestre volvió a caer: en octubre fue 0,82 y en noviembre 0,70.
Para los productores de San Luis, esto significó un año de decisiones difíciles. Quienes necesitaban reponer en otoño se encontraron con valores poco favorables, mientras que los que pudieron esperar a la primavera tuvieron mejores condiciones para comprar.
En una provincia donde muchos sistemas dependen de las lluvias y de la disponibilidad forrajera, no siempre es posible elegir el momento ideal para reponer. Por eso, estos vaivenes del índice se sienten con fuerza en la planificación productiva.
En 2025 el índice mostró, en general, valores más cercanos al equilibrio, aunque con variaciones mensuales importantes. Enero arrancó exactamente en 1,00, lo que marcaba una reposición en paridad. Febrero y marzo estuvieron levemente por encima (1,14 y 1,15), mientras que abril trepó a 1,43, uno de los picos del año.
Luego volvió a moderarse. Junio marcó 1,09, julio bajó a 0,95 y agosto cayó a 0,85. Hacia fin de año, noviembre subió a 0,97 y diciembre cerró en 1,02.
Para San Luis, este escenario fue más favorable que otros años, ya que la mayor parte de 2025 se movió en torno al equilibrio. Esto permitió que muchos productores pudieran reponer sin quedar tan descalzados entre lo que vendían y lo que compraban.
Una señal de alerta: enero de 2026
Uno de los datos que más llama la atención del informe del Senasa es el valor proyectado para enero de 2026: 0,22.
De confirmarse, sería un índice extremadamente bajo, lo que implicaría que con la venta de un novillo se podrían comprar varios terneros.
Si bien es un dato que debe tomarse con cautela, una cifra tan baja podría estar anticipando un escenario de fuerte caída en el precio de la invernada o de suba importante en el gordo. Para los productores de San Luis, esto podría abrir una oportunidad de reposición muy favorable, siempre y cuando tengan espalda financiera y disponibilidad forrajera para aprovecharla.
San Luis tiene una estructura ganadera muy diversa, desde pequeños criadores hasta establecimientos que integran cría, recría y terminación. El índice de reposición es una referencia clave para todos ellos.
Cuando el índice es alto, como ocurrió en varios meses de 2023 y en algunos de 2024, muchos productores puntanos tienden a retener vientres, vender menos terneros y postergar la reposición.
Cuando el índice es bajo, como en varios meses de 2025 y en la proyección de 2026, se da lo contrario, se incentiva la compra de terneros, se agrandan los rodeos de recría y aparecen más oportunidades para intensificar.
En una provincia donde el clima puede jugar malas pasadas, la posibilidad de aprovechar índices bajos depende también de las lluvias y de la disponibilidad de pasto.

Un indicador para mirar de cerca
La evolución del índice de reposición entre 2020 y 2025 muestra que no hay años “tranquilos”. La ganadería se mueve en un escenario de cambios permanentes. Para San Luis, seguir de cerca este indicador es fundamental para no quedar desfasado entre lo que se vende y lo que se compra.
Los números muestran que 2025 fue un año relativamente más equilibrado que otros, mientras que 2024 tuvo momentos de fuerte encarecimiento de la reposición. Y la proyección de 2026 abre un interrogante. Si ese índice tan bajo se concreta, podría marcar un giro fuerte en la lógica del negocio ganadero, también en los campos puntanos.
Fotos: José Sombra, sanluisconelcampo.











