Inicio Agricultura Cómo impactará el clima en los cultivos de verano durante el trimestre...

Cómo impactará el clima en los cultivos de verano durante el trimestre enero marzo

Mientras los pronósticos anticipan temperaturas más elevadas de lo habitual y precipitaciones dentro de los parámetros normales, el impacto del déficit hídrico ya es tangible en el centro este de San Luis, donde la falta de lluvias durante diciembre dejó sin sembrar cerca de la mitad del área agrícola.

El escenario climático que se proyecta para los primeros meses del año combina dos variables clave para el agro argentino: temperaturas persistentemente elevadas y lluvias que, en promedio, se mantendrían dentro de los valores normales para la época. Así lo indican los modelos analizados por especialistas del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar, quienes advierten que, más allá de algunos descensos térmicos transitorios, el calor volverá a ganar protagonismo en gran parte del territorio nacional.

Para enero, febrero y marzo, se espera la continuidad de una tendencia que ya se repite desde hace varios veranos, con temperaturas medias entre normales y superiores a lo habitual, con mayor probabilidad de episodios de calor intenso. “Se prevén temperaturas medias con valores entre normales a más cálidos que lo habitual para el trimestre en gran parte del país”, explicó Natalia Gattinoni, especialista del Instituto de Clima y Agua, al detallar el panorama climático de corto y mediano plazo.


Según la especialista, esta señal térmica no es un dato menor para el sector productivo. Con una campaña triguera prácticamente concluida y con el maíz atravesando distintas etapas fenológicas según la región, el comportamiento del clima en enero y febrero resulta determinante. En Buenos Aires y La Pampa, los maíces se encuentran mayoritariamente en pleno crecimiento, mientras que en otras zonas del país los cultivos tempranos transitan la floración y el llenado de granos, y los tardíos apenas emergen o inician su desarrollo vegetativo.

Ese mosaico productivo ya enfrentó, hacia finales de diciembre, un período de temperaturas elevadas que puso a prueba la capacidad de los cultivos para sostener su crecimiento. “Se mantiene la tendencia de los últimos veranos, con temperaturas en promedio más cálidas, lo que favorecería la ocurrencia de períodos con valores más elevados”, señaló Gattinoni. Y agregó que enero estaría marcado por una dinámica de contrastes: “Esta primera parte del mes continuaría con periodos cortos de altas temperaturas alternados con descensos térmicos que podrían aportar cierto alivio a las producciones de la zona agrícola central, aunque con una segunda parte del mes más cálida”.

En el corto plazo, los pronósticos anticiparon un respiro parcial. Vanesa Ramis, pronosticadora del Instituto de Clima y Agua del INTA, precisó que “para la semana pasada se previó un descenso de las temperaturas máximas en la porción central del país, asociado a las precipitaciones esperadas, con valores que se mantuvieron por debajo de los 30 °C”. Sin embargo, el alivio no fue homogéneo. En el extremo norte del país se registraron marcas cercanas a los 40 °C. Y la pausa fue breve, ya que “para esta semana se espera un nuevo y paulatino ascenso térmico, con máximas que podrían superar los 38 °C en amplias áreas del centro y norte de la Argentina”.

En cuanto al régimen de lluvias, el pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional aporta una señal de mayor estabilidad. “Para este trimestre se esperan precipitaciones dentro del rango normal para la época en gran parte del país”, indicó Gattinoni, quien además destacó que el noroeste y el sur del territorio nacional presentan mayores probabilidades de un período entre normal y más húmedo. Este escenario está directamente vinculado al estado del ENSO (El Niño-Oscilación del Sur). Actualmente predominan condiciones de La Niña débil, con más de un 60 % de probabilidad de transición hacia una fase neutral durante el trimestre enero-marzo, lo que se refleja en la previsión de lluvias cercanas a los valores históricos.

No obstante, los especialistas remarcan que los pronósticos estacionales deben interpretarse con cautela. “Son probabilísticos y muestran la condición más probable entre las tres categorías posibles de lluvias, superiores, normales e inferiores a lo normal. En este caso, la categoría con mayor probabilidad asignada por el SMN es la de lluvias normales”, explicó Gattinoni. Y aclaró que ello no excluye desvíos regionales o temporales: “Esto no implica que las otras categorías tengan probabilidad cero. Pueden presentarse fenómenos de escala más corta que modifiquen el comportamiento de un mes en particular o de una región específica, como ocurrió recientemente en el noreste del país”. Además, subrayó que este tipo de pronósticos no anticipa eventos extremos de temperatura, por lo que recomendó seguir de cerca los informes semanales.

La situación hídrica del suelo muestra, justamente, fuertes contrastes regionales. Según el modelo del Instituto de Clima y Agua, diciembre finalizó con porcentajes de agua útil entre el 40 % y el 70 % en la zona núcleo, aunque con una tendencia al desecamiento respecto de la primera mitad del mes. El panorama es más complejo en el oeste y sur agrícola, donde se registran valores muy bajos, incluso por debajo del 10 %. En contraposición, el norte del país evidenció un aumento del contenido hídrico, con niveles superiores al 70 % y excesos puntuales en el norte de Corrientes y sectores del este de Chaco y Formosa.

En San Luis, estas disparidades climáticas se traducen en un impacto productivo concreto y profundo. En el centro este de la provincia, la sequía dejó sin sembrar cerca de la mitad del área agrícola, configurando una de las postales más duras del inicio de la campaña gruesa. Productores de la región advierten que la ausencia casi total de lluvias durante el último tramo de 2025 condicionó de manera decisiva la implantación de los cultivos de verano.

Según relevamientos realizados a partir de testimonios de productores y técnicos, el área más comprometida se extiende en un radio de unos 50 kilómetros alrededor de Villa Mercedes, abarcando localidades clave como Fraga, Juan Llerena, Juan Jorba, Justo Daract, Las Isletas, El Morro y zonas aledañas. En términos concretos, se estima que unas 126.900 hectáreas que estaban cultivadas en enero de 2025 no pudieron ser implantadas en enero de 2026 por falta de humedad en el suelo.

“La zona realmente está muy complicada. No ha llovido prácticamente nada en diciembre; hablamos de 8 o 10 milímetros en algunos lugares, y en otros directamente nada. Hoy no hay cultivos”, describió uno de los productores consultados. El diagnóstico se repite a lo largo de toda la cuenca agrícola que rodea a Villa Mercedes y se proyecta hacia el norte, casi hasta El Morro. “No ha quedado nada”, sintetizaron.

La falta de precipitaciones no solo impidió la siembra, sino que dejó numerosos lotes a medio preparar o directamente abandonados. “Ni siquiera el 50 % de la siembra está realizada. Hay campos que quedaron solo fumigados y otros donde ni siquiera se pudo avanzar con eso”, relataron. La situación golpeó de lleno a cultivos estratégicos como el maíz y las forrajeras, fundamentales para el entramado agrícola-ganadero de la región y tradicionalmente implantados en diciembre.

Los registros oficiales de la Red de Estaciones Meteorológicas de San Luis respaldan los testimonios del campo. Durante la última ventana clave de siembra, las lluvias fueron exiguas: Alzogaray acumuló apenas 12 milímetros, Fraga 11, Justo Daract 23 y Villa Mercedes 18 milímetros, valores muy por debajo de los mínimos necesarios para asegurar una correcta implantación.

El contraste dentro de la provincia es marcado. Mientras el centro este atraviesa una de las situaciones más complejas de las últimas campañas, el Valle del Conlara muestra una realidad opuesta, con precipitaciones abundantes desde La Toma hacia el norte. Esa disparidad climática profundiza las asimetrías productivas y expone, una vez más, la vulnerabilidad de amplias zonas agrícolas frente a la irregularidad de las lluvias.