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Grupo de Producción Agrícola del INTA San Luis: investigación, compromiso territorial e innovación al servicio de la agricultura

En el corazón agrícola de San Luis, un equipo multidisciplinario de profesionales y técnicos se consolida como una referencia en el desarrollo, ensayo e innovación de cultivos extensivos. Se trata del Grupo de Producción Agrícola del INTA San Luis, un colectivo encabezado por el ingeniero agrónomo Ricardo Rivarola, y conformado por especialistas comprometidos con la investigación aplicada, la mejora de la productividad y la sustentabilidad del sector agrícola regional y nacional.

El grupo está compuesto por los ingenieros agrónomos Paula Hurtado, Belén Bravo, Estela Blanco, Juan Cruz Colazo, Maximiliano Riglós y Pablo Peralta, y cuenta con el valioso apoyo técnico-operativo de Aldo Suárez, José Aguilar y Fabián Acosta, fundamentales en el trabajo de campo y en la logística de los ensayos.

“Nosotros somos un grupo de producción agrícola que se enfoca principalmente en cultivos de verano: maíz, soja, girasol, sorgo y más recientemente algodón”, explicó Rivarola cuando el grupo recibió a El Semiárido. Rivarola además posee una extensa trayectoria en ensayos de sorgo, una de sus especialidades históricas. La participación del equipo en diversas redes nacionales les permite contribuir con datos regionales clave para el desarrollo de cultivares adaptados a condiciones específicas, como las que presenta el semiárido sanluiseño.


Uno de los grandes motores del trabajo del grupo es la participación en redes nacionales de evaluación de cultivares. El grupo forma parte de RECSO, la red nacional de soja que cuenta con más de 80 sitios de evaluación en todo el país. En este marco, San Luis representa uno de los puntos de ensayo más occidentales de Argentina. Ensayan cultivares de distintos grupos de madurez, como los grupos III, IV y V, adaptados al ambiente local, evaluando su desempeño en función de variables ambientales como la temperatura, el régimen hídrico y la variabilidad climática.

En girasol, lograron recientemente incorporarse a la red nacional coordinada por ASAGIR, luego de recibir una evaluación positiva del coordinador nacional, Sebastián Zubil, tras visitar los ensayos locales. El trabajo en esta área representa una oportunidad clave, ya que el girasol ha comenzado a ganar protagonismo en la región.

Además, realizan ensayos en sorgo forrajero y granífero, integrándose a redes nacionales coordinadas por INTA, lo que permite comparar materiales en diversos ambientes del país. En maíz, cuentan con un especialista en ecofisiología que lidera los ensayos de la red nacional desde hace tres campañas. Estos datos son luego sistematizados y publicados, alimentando el conocimiento colectivo a nivel país.

Innovación y nuevas líneas de investigación

El grupo no se limita a los ensayos tradicionales. La ingeniera Paula Hurtado ha impulsado una línea de trabajo vinculada a la microbiología del suelo, con el objetivo de identificar cepas nativas de microorganismos que puedan actuar como bioestimulantes o agentes de control biológico. Este enfoque es clave en una región caracterizada por su inestabilidad climática, con frecuentes episodios de heladas, sequías y golpes de calor.

Una de las innovaciones más prometedoras que explora el grupo es el uso de nanoburbujas y ozonotecnia, tecnologías emergentes en Argentina con amplio potencial en agricultura. Las nanoburbujas, estructuras microscópicas de gas suspendidas en líquidos, ofrecen ventajas como la mejora en la oxigenación de suelos compactados, la promoción del desarrollo radicular en viveros y la desinfección sin residuos químicos, al incorporar ozono en su interior. Esta línea comenzó gracias a la propuesta de un joven investigador, Guillermo, y actualmente se encuentra en fase experimental.

Hurtado expresó su agradecimiento al Ing. Agr. Alejandro Perticari, destacado profesional del INTA, por su dedicación y compromiso en su formación en el campo de la microbiología de suelos.

Perticari, miembro del INTA Concarán, cuenta con una trayectoria notable en el estudio y promoción de los bioinsumos en cultivos extensivos. Es miembro fundador de la Comisión Coordinadora de la Red de Calidad de Inoculantes (DIMAyA) de la Asociación Argentina de Microbiología, asesor del SENASA en el uso de microorganismos como fertilizantes biológicos, e integrante de la Comisión Asesora de Bioinsumos de Uso Agropecuario (CABUA).

«Su generosidad y rigor científico han sido fundamentales para mi crecimiento profesional en esta disciplina», destacó Hurtado, al poner en valor la labor del especialista, considerado una de las voces más autorizadas en el ámbito de los bioinsumos en Argentina.

El grupo también se ha mostrado ágil y comprometido ante nuevas amenazas fitosanitarias. En la última campaña, ante la detección de síntomas inusuales en cultivos de maíz, iniciaron un trabajo coordinado con redes regionales y nacionales para abordar el problema de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), vector de enfermedades que afectan gravemente al cultivo.

A través de una red de trampas amarillas, coordinada por el entomólogo Eduardo Trumper, se monitorea la presencia del insecto en todo el país. En San Luis, las actividades están a cargo de la ingeniera Estela Blanco, quien junto a otros técnicos como el ingeniero Jorge Santillán, lidera las tareas de observación, captura y análisis de datos. Además, alimentan el Mapa Nacional de Chicharrita, una plataforma de acceso abierto que permite el seguimiento en tiempo real del avance de esta plaga.

Otro de los pilares del grupo es la investigación aplicada en el territorio. En este sentido, el ingeniero Juan Cruz Colazo dirige una importante línea de trabajo sobre erosión hídrica y eólica en la Cuenca del Morro, una región clave en la dinámica ambiental de San Luis. Este trabajo es desarrollado en el marco de una beca doctoral de CONICET por el investigador Pablo Peralta, y combina experimentos en campo real, simulaciones en túneles de viento, y análisis con imágenes satelitales.

“La cuenca del Morro es un laboratorio natural único donde conviven procesos de erosión hídrica y eólica, lo cual es muy poco común a nivel mundial. El objetivo es comprender cómo interactúan ambos procesos y cómo mitigarlos mediante estrategias de manejo como la cobertura del suelo”, explicó Colazo. La tesis de Peralta apunta a obtener datos concretos para responder preguntas críticas: ¿cuánto reduce la erosión un cultivo de cobertura?, ¿cómo incide el tipo de suelo?

Además de los ensayos, este equipo también abre sus puertas a la formación de nuevos profesionales. En el último año, gracias a un convenio con la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias (FICA), se sumaron 10 estudiantes avanzados de la carrera de Ingeniería Agronómica para realizar prácticas profesionalizantes, lo que refuerza el vínculo entre ciencia y formación universitaria.

El espíritu de trabajo en red es una de las fortalezas del grupo. No solo se vinculan con universidades y empresas locales, como los campos experimentales de Marcelo Bongiovanni y Diego Martínez Álvarez, sino que también han recibido pasantías internacionales. En los últimos años, investigadores provenientes de la Universidad Federal del Semiárido (Brasil) realizaron estancias en San Luis, colaborando en los ensayos y generando un valioso intercambio de saberes.

Del mismo modo, el vínculo con los productores locales es central. “Muchos productores se acercan y nos piden que sembremos sus campos con cultivos de cobertura, porque están interesados en saber cómo afectan los procesos de erosión”, explicó Peralta. Esta colaboración directa permite que la ciencia se traduzca en prácticas concretas de manejo sostenible, alineadas con la realidad productiva de la región.

Un equipo consolidado que mira al futuro

Desde el diseño experimental, la siembra, el control de malezas y plagas, hasta el procesamiento y análisis final de las muestras, el equipo técnico, con figuras como Aldo Suárez, técnico agrónomo de vasta experiencia, es indispensable para la implementación de cada ensayo. “Sin el equipo que tenemos, no lograríamos nada. Cada uno es fundamental”, afirmó Belén Bravo, en reconocimiento al trabajo colectivo.

El Grupo de Producción Agrícola del INTA San Luis no solo representa un ejemplo de investigación científica comprometida con el territorio, sino también un espacio donde confluyen la innovación, la formación profesional, la vinculación institucional y el compromiso ambiental.

En un escenario desafiante, donde el cambio climático, la necesidad de sustentabilidad y la presión productiva coexisten, este grupo demuestra que es posible hacer ciencia de calidad, en red, con impacto concreto en el territorio y con una mirada puesta en el futuro de la agricultura argentina.