Más de 50 productores ganaderos y técnicos del norte de la provincia actualizaron conocimientos y analizaron experiencias concretas de manejo durante la jornada técnica “Experiencias de recría en la llanura norte de San Luis”, realizada el viernes 17 en el predio de la Sociedad Rural del Norte, ubicado sobre la Ruta Nacional 20, a la altura del kilómetro 265, en la localidad de Quines.
La actividad reunió a productores, profesionales y estudiantes interesados en incorporar herramientas tecnológicas que permitan mejorar la eficiencia productiva y potenciar el valor agregado en origen, particularmente en la recría bovina, una de las etapas clave para la ganadería regional.
Durante la jornada, el médico veterinario Sebastián Acosta compartió su experiencia en el manejo sanitario de la recría bovina, con un enfoque eminentemente práctico basado en su trabajo cotidiano junto a productores del departamento Ayacucho. Su exposición hizo hincapié en la importancia de implementar planes sanitarios ordenados y ajustados a cada sistema productivo, como herramienta fundamental para mejorar la productividad y sostener el crecimiento del rodeo.
Acosta destacó que la recría no solo permite mejorar los resultados productivos, sino también agregar valor local a la producción de terneros, considerada una de las principales fortalezas ganaderas del norte provincial.
Por su parte, el técnico del INTA en Quines, Héctor Andrada, presentó los resultados de una experiencia de recría en monte desarrollada en el establecimiento Santa Catalina, ubicado a pocos kilómetros de la localidad.
La iniciativa, fruto del trabajo conjunto entre productores y técnicos, permitió obtener datos concretos sobre el impacto productivo de la suplementación estratégica en sistemas extensivos típicos del norte puntano. Según explicó el profesional, el ensayo aportó información valiosa para evaluar la viabilidad técnica de la recría en condiciones reales de campo, demostrando mejoras significativas en la ganancia diaria de peso de los animales.
Uno de los momentos centrales del encuentro estuvo a cargo del médico veterinario Horacio de la Mota, quien brindó una extensa exposición centrada en el análisis económico y productivo de la recría en monte.
El especialista subrayó que el escenario actual del mercado ganadero presenta una oportunidad inédita para los productores que decidan apostar por esta tecnología. En ese sentido, explicó que la creciente demanda internacional de carne y el cambio en la valorización de los animales recriados generan condiciones favorables para que los sistemas ganaderos incorporen estrategias que permitan incrementar el peso de los terneros antes de su venta.
Además, remarcó que la recría eficiente permite mejorar la competitividad del productor, optimizar el uso del recurso forrajero y adaptarse a las nuevas exigencias del mercado, que demanda animales más pesados y con mejores condiciones productivas.
La jornada contó también con la presencia del presidente de la Sociedad Rural del Norte, Hugo Díaz Flores, quien ofició como anfitrión del encuentro, y del director del INTA San Luis, Hugo Bernasconi, quien acompañó la actividad y destacó la importancia del trabajo conjunto entre instituciones y productores para generar conocimiento adaptado a la realidad local.
Con el objetivo de mejorar la producción, un equipo de investigación de INTA Quines evaluó hace un par de años el comportamiento del buffel grass como recurso forrajero en San Luis. Los resultados aportaron datos sobre producción, receptividad y manejo.
El encuentro dejó en evidencia el creciente interés del sector ganadero del norte de San Luis por adoptar nuevas herramientas de manejo que permitan mejorar la eficiencia productiva y aprovechar el favorable contexto que atraviesa la actividad. La participación de productores y técnicos reafirmó la relevancia de este tipo de jornadas como espacios clave para la capacitación y la transferencia de tecnología en territorios donde la ganadería constituye uno de los pilares económicos y sociales más importantes.

El manejo sanitario como clave para agregar valor a los terneros
En el marco de la jornada técnica “Experiencias de recría en la llanura norte de San Luis”, realizada en la Sociedad Rural del Norte, el médico veterinario Sebastián Acosta compartió su experiencia en el manejo sanitario de la recría bovina, con un enfoque práctico basado en el trabajo cotidiano con productores del departamento Ayacucho. La exposición puso el acento en la necesidad de mejorar la productividad y agregar valor local a la producción de terneros, una de las principales fortalezas ganaderas de la región.
Durante su presentación, Acosta destacó que su trabajo surge fundamentalmente de la práctica en campo y del vínculo directo con los productores. “No se trata de grandes investigaciones sino de la experiencia empírica, de lo que vemos todos los días en los rodeos”, señaló, al tiempo que explicó que el objetivo de la charla fue brindar un panorama general sobre el manejo sanitario en la recría bovina, una etapa determinante para el desarrollo productivo del norte provincial.
Al analizar el contexto productivo, el profesional recordó que, según datos del Censo Nacional Agropecuario 2018, el 84% de la superficie agropecuaria de la provincia de San Luis está destinada a la ganadería, lo que confirma la marcada vocación ganadera del territorio. Asimismo, indicó que alrededor del 52% de los bovinos están orientados a la cría, mientras que apenas el 4,5% se destina a recría comercial, un indicador que refleja el potencial aún no explotado en esta etapa intermedia del ciclo productivo.
El panorama en el departamento Ayacucho presenta características propias. Según explicó Acosta, el porcentaje de destete promedio en la provincia ronda el 64%, aunque en el norte provincial se ubica aproximadamente diez puntos por debajo, con valores cercanos al 52 al 54%. Este indicador evidencia una oportunidad concreta para mejorar la eficiencia productiva mediante prácticas de manejo de bajo costo.
El departamento Ayacucho, agregó, posee un perfil marcadamente pecuario, aunque con baja receptividad de los campos. Representa cerca del 6,2% del stock provincial, cifra que en la práctica podría ubicarse entre el 7,4 y 7,5%, según estimaciones surgidas del contacto directo con productores locales.
Uno de los puntos centrales de la exposición fue la baja proporción de terneros que permanecen en la zona para completar la recría. Acosta explicó que solo el 15% de los terneros machos destetados se retienen para recría, mientras que la mayoría se comercializa inmediatamente después del destete.
Actualmente, se estima que en el departamento Ayacucho se producen entre 12.000 y 14.000 terneros por zafra, de los cuales apenas 1.600 a 1.800 ingresan a sistemas de recría con destino a engorde o feedlot. Para el profesional, este escenario evidencia una oportunidad estratégica: “Estamos produciendo materia prima y exportándola sin valor agregado. La recría es la herramienta que nos permitiría aumentar los kilos producidos por hectárea y mejorar la rentabilidad”.
Además, destacó la ubicación estratégica del departamento, que limita con otros cuatro departamentos de San Luis —Belgrano, Pringles, San Martín y Junín— y con provincias como Córdoba, La Rioja, San Juan y Mendoza. La presencia de rutas nacionales como la 20, 79 y 146 facilita el acceso a mercados y fortalece las posibilidades de desarrollo de sistemas de recría regionales.
En términos productivos, Acosta definió la recría como la etapa que se inicia inmediatamente después del destete y se extiende hasta que el animal alcanza entre 300 y 320 kilogramos de peso vivo, o hasta que ingresa a servicio o terminación.
Se trata de una fase crítica, ya que es el período de mayor eficiencia biológica en la conversión de alimento en músculo y estructura ósea. “Es la etapa más eficiente para transformar nutrientes en desarrollo corporal. De su manejo depende el tamaño final del animal y la productividad del sistema”, explicó.
Una recría bien planificada permite lograr un desarrollo osteomuscular adecuado, mejorar la ganancia individual de peso y, en consecuencia, incrementar la producción total de carne por hectárea.
El destete constituye el punto de partida de la recría y una de las maniobras más sensibles del ciclo productivo. Según Acosta, su objetivo principal es mejorar el balance energético de la vaca sin perjudicar el crecimiento del ternero.
El veterinario explicó que el destete implica la interrupción de la lactancia, proceso que genera inevitablemente estrés en el animal debido a la ruptura del vínculo madre-hijo. Ese estrés puede derivar en bajas defensas, enfermedades y pérdida de peso.
Entre los distintos métodos existentes —natural, con destetadores nasales, a corral o mediante traslado en camión— el profesional destacó el desmadre progresivo como la alternativa más eficiente para la región.
Este sistema consiste en trasladar vacas y terneros a un potrero previamente destinado a la recría y retirar gradualmente las madres, permitiendo que los terneros se adapten al ambiente, conozcan la ubicación de las aguadas y reduzcan el impacto del estrés. Como resultado, se obtiene mayor ganancia de peso y menor incidencia de enfermedades.
Uno de los mensajes más contundentes de la jornada fue el rol central de la sanidad dentro del sistema productivo. Acosta explicó que los costos sanitarios representan entre el 5 y el 7% del costo total, pero pueden incidir hasta en un 20% de las pérdidas productivas si no se implementan correctamente.
El manejo sanitario no se limita a la vacunación, sino que incluye diagnóstico, tratamiento, bioseguridad, nutrición y control del estrés. En este sentido, recordó que la producción ganadera se sustenta en cuatro pilares fundamentales: sanidad, manejo, genética y nutrición.
En el caso de recrías de acopio, cuando se compran terneros de diferentes orígenes, la selección de los animales resulta fundamental. Factores como el peso, estado corporal, genética, procedencia y condiciones de traslado pueden determinar el éxito o fracaso del sistema.
“Comprar barato no siempre es negocio. Muchas veces lo barato sale caro si no se evalúan correctamente los aspectos sanitarios y nutricionales”, advirtió.
Dentro de los problemas sanitarios, el complejo respiratorio bovino fue identificado como la principal causa de mortandad en terneros durante la recría. Esta enfermedad multifactorial está asociada al estrés, al transporte y a la interacción de virus, bacterias y factores ambientales.
Acosta explicó que en un brote severo se pueden perder hasta 2.600 kilogramos de carne por cada 100 animales, además de provocar retrasos en el crecimiento y pérdida de eficiencia productiva.
Las estadísticas indican que entre el 5 y el 7,5% de los animales afectados pueden morir o quedar crónicos tras el primer tratamiento. En casos que requieren tratamientos sucesivos, la mortalidad puede superar el 20%, lo que evidencia la importancia de la prevención.
Entre las medidas preventivas recomendadas se destacan la vacunación previa al destete o al ingreso al establecimiento, reducción del estrés mediante desmadre progresivo, capacitación del personal para detección temprana, manejo diferencial de animales recién ingresados y aislamiento y tratamiento oportuno de animales enfermos.
Otro problema sanitario relevante es el denominado síndrome de muerte súbita, que no constituye una enfermedad única sino una forma de presentación común a múltiples patologías.
Entre sus causas se encuentran enfermedades clostridiales, intoxicaciones por plantas tóxicas, trastornos metabólicos y rabia e infecciones agudas.
El profesional enfatizó la importancia de realizar necropsias y diagnósticos adecuados para determinar la causa real de muerte y adoptar medidas preventivas eficaces.
Asimismo, destacó el rol de la capacitación del personal en el reconocimiento de plantas tóxicas locales, como medida clave para evitar intoxicaciones.
El control parasitario constituye otro de los ejes del manejo sanitario en la recría. Acosta remarcó que la aplicación rutinaria de antiparasitarios sin diagnóstico previo puede generar resistencia y aumentar costos innecesarios.
La recomendación técnica es realizar análisis de huevos por gramo (HPG) para determinar el nivel de infestación y decidir la aplicación de tratamientos. Además, se aconseja efectuar controles posteriores a los 14 días para evaluar la eficacia del antiparasitario.
El ciclo biológico de los parásitos —con fases dentro del animal y en el ambiente— obliga a planificar adecuadamente el uso de potreros, especialmente aquellos previamente utilizados para recría, donde suele existir mayor carga parasitaria.
Hacia el final de la exposición, el veterinario sintetizó los momentos estratégicos del manejo sanitario en la recría.
Entre las principales recomendaciones se incluyen la vacunación respiratoria y clostridial 45 días antes del destete; refuerzo 15 días antes del destete; en recrías de acopio, vacunación al ingreso y refuerzo a los 30 días; desparasitación inicial en el momento del destete; monitoreo parasitario mensual durante el invierno, y segundo tratamiento antiparasitario hacia noviembre o diciembre
Estas prácticas, indicó, permiten sostener la sanidad del rodeo y optimizar el rendimiento productivo.
Como conclusión, Acosta remarcó que la recría representa una oportunidad concreta para mejorar la productividad ganadera del norte de San Luis y aumentar el valor agregado de la producción local.
“La sanidad es una inversión pequeña comparada con el impacto que puede tener en la producción. Si logramos mejorar el manejo sanitario y aumentar la recría, vamos a producir más kilos por hectárea y fortalecer la economía ganadera regional”, concluyó.
La jornada dejó en claro que el desafío productivo del norte puntano no radica únicamente en producir más terneros, sino en aprovechar al máximo su potencial mediante sistemas de recría eficientes, planificados y sanitariamente sólidos.

Recría en monte y trabajo en equipo
El técnico del INTA Quines, Héctor Andrada, presentó los resultados de una experiencia de recría en monte desarrollada en el campo Santa Catalina, ubicado a pocos kilómetros de la localidad de Quines. La iniciativa, basada en la articulación entre productores y técnicos, aportó datos concretos sobre el impacto productivo de la suplementación estratégica en sistemas extensivos del norte provincial.
Durante su exposición, Andrada remarcó que la experiencia surgió de la necesidad de contar con información local que permitiera evaluar con precisión la viabilidad de la recría en ambientes de monte, una práctica que durante años fue considerada compleja o poco rentable en la región.
El técnico explicó que la iniciativa comenzó hace algunos años, a partir de intercambios con productores y técnicos vinculados a la actividad ganadera. En ese contexto surgió la idea de realizar una prueba en condiciones reales de producción, con animales y recursos propios de la zona.
El lugar elegido fue el establecimiento Santa Catalina, propiedad del productor Mauricio Ferrari, donde se reunían las condiciones logísticas necesarias para desarrollar el ensayo. Allí se planificó una experiencia que buscaba obtener datos concretos y comparables sobre el desempeño de terneros en recría bajo condiciones de monte.
En una primera instancia, si bien los resultados técnicos mostraban valores positivos, los números financieros no resultaban del todo alentadores. Sin embargo, con el paso del tiempo y los cambios en el escenario ganadero nacional, el análisis volvió a cobrar vigencia y permitió reconsiderar la experiencia bajo un nuevo contexto económico.
“En su momento los números técnicos daban bien, pero financieramente no cerraban del todo. Con el cambio del escenario productivo y de precios, esa misma experiencia hoy adquiere otro valor y se vuelve totalmente rescatable”, explicó Andrada.
Uno de los conceptos centrales de la exposición fue el rol de la logística dentro de los sistemas productivos ganaderos. Según explicó el técnico, la logística comprende los medios y métodos necesarios para planificar, gestionar y controlar cada etapa del proceso productivo, desde el inicio hasta la obtención del resultado final.
En este sentido, introdujo también el concepto de agrologística, entendido como la integración de infraestructura, tecnología y capital humano en sistemas agropecuarios. Para Andrada, este último componente —el factor humano— constituye el elemento más determinante para el éxito de cualquier experiencia productiva.
“Podemos tener la mejor tecnología, pero si no contamos con un equipo organizado que sepa cómo aplicarla, no vamos a lograr resultados”, señaló.
El técnico hizo hincapié en dos conceptos que consideró fundamentales: la efectividad, relacionada con la correcta ejecución de tareas y el cumplimiento de objetivos, y la afectividad, vinculada con los vínculos humanos, la confianza y el compromiso dentro de los equipos de trabajo.
Según explicó, en la experiencia desarrollada en Santa Catalina estos factores jugaron un papel determinante, ya que el trabajo conjunto entre productores, técnicos y personal rural permitió sostener la continuidad del ensayo durante más de 50 días.
Andrada recordó que uno de los objetivos centrales del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria es la tecnificación de los sistemas productivos mediante la incorporación de conocimientos y herramientas que permitan optimizar los recursos disponibles.
En ese marco, el propósito principal de la experiencia fue demostrar la utilidad de herramientas tecnológicas básicas que contribuyeran a mejorar la eficiencia productiva del sistema ganadero local.
“La tecnificación no es otra cosa que usar herramientas, conocimientos y tecnología para hacer mejor lo que ya estamos haciendo”, explicó.
Asimismo, destacó que la recría constituye una etapa estratégica dentro del ciclo productivo, ya que permite incrementar el peso de los animales antes de su venta o ingreso a la etapa de engorde, aumentando así la productividad general del sistema.
El técnico describió también las condiciones ambientales propias del norte de San Luis, caracterizado por ambientes semiáridos con precipitaciones anuales que oscilan entre los 450 y 500 milímetros.
El establecimiento Santa Catalina, donde se realizó el ensayo, cuenta con aproximadamente 3.300 hectáreas y se encuentra ubicado en zona de pie de sierra, un ambiente que presenta particularidades productivas específicas.
Previo al inicio del ensayo, se evaluó la disponibilidad forrajera en dos lotes seleccionados, asegurando que el recurso alimenticio fuera suficiente durante todo el período de recría. Durante la experiencia, los potreros no registraron déficit de forraje, lo que permitió sostener el desarrollo de los animales sin restricciones nutricionales.
La experiencia se desarrolló entre el 4 de febrero y el 13 de marzo de 2023, con una duración total de 52,5 días efectivos, sin incluir el período inicial de acostumbramiento.
En total participaron 120 animales, distribuidos en dos grupos, 80 terneros en tratamiento, con suplementación estratégica, y 40 terneros testigo, mantenidos bajo condiciones habituales
Previo al inicio del ensayo, se realizó un período de adaptación de aproximadamente diez días, durante el cual los animales fueron acostumbrados gradualmente al consumo de suplemento.
Durante esta etapa se utilizaron rollos de heno a discreción y se incorporó progresivamente el suplemento en comederos, con el objetivo de evitar rechazos y facilitar la adaptación nutricional.
“El acostumbramiento era clave. Si a los diez días la mitad de los animales no estaba adaptada, había que extender el proceso y eso desordenaba toda la planificación”, explicó Andrada.
Uno de los aspectos más destacados del ensayo fue el seguimiento permanente del comportamiento animal y el registro sistemático de datos productivos.
El control incluyó pesadas iniciales y finales; registro diario del consumo de suplemento; observación del comportamiento animal y evaluación del estado sanitario y digestivo
Para el suministro del suplemento se utilizó un sistema de autoconsumo mediante silos móviles, que permitieron distribuir el alimento de manera eficiente en el potrero.
El consumo promedio diario de suplemento por animal fue de 2,2 kilogramos, valor que permitió estimar con precisión la relación entre costo y ganancia de peso.
“El registro es fundamental. Si no anotamos los datos, después creemos recordar las cosas y terminamos tomando decisiones sin base real”, remarcó el técnico.
Los resultados obtenidos evidenciaron diferencias claras entre los animales tratados y el grupo testigo.
En la pesada inicial, realizada el 18 de febrero, los valores promedio fueron, grupo testigo, 219 kilos; grupo tratamiento, 223 kilos.
Al finalizar la experiencia, el 13 de marzo, los pesos promedio registrados fueron, grupo testigo, 239 kilos, y grupo tratamiento, 257 kilos.
Esto se tradujo en ganancias diarias de peso significativamente superiores en los animales suplementados: Grupo testigo, 378 gramos por día, y grupo tratamiento, 631 gramos por día
Según explicó Andrada, estos resultados demostraron que la suplementación estratégica permitió prácticamente duplicar la ganancia diaria de peso en comparación con el sistema tradicional.
“Desde el punto de vista técnico, el resultado fue claramente positivo. Los animales ganaron más kilos en el mismo tiempo y eso se traduce en mayor valor productivo”, sostuvo.
Más allá de los resultados técnicos, el expositor destacó la importancia del trabajo articulado entre instituciones y productores para generar información útil y aplicable en territorio.
Según explicó, el INTA cumple un rol fundamental en el acompañamiento de empresas privadas, facilitando la generación de datos que luego pueden ser replicados por otros productores de la región.
“Es imposible generar conocimiento productivo real si no trabajamos juntos. La articulación público-privada es la base para obtener resultados que beneficien a toda la comunidad ganadera”, afirmó.
Durante su cierre, Andrada señaló que la recría, históricamente considerada una etapa compleja o costosa, ha demostrado ser una herramienta productiva viable en el norte puntano cuando se planifica correctamente.
Además, remarcó que el contexto actual de la ganadería argentina vuelve aún más relevante este tipo de estrategias, ya que la mayor eficiencia productiva permite mejorar la rentabilidad en escenarios económicos variables.
“Durante mucho tiempo se pensó que la recría era una complicación innecesaria. Hoy sabemos que el esfuerzo se paga, y que agregar kilos en el campo es una de las mejores herramientas para mejorar el resultado económico”, expresó.
Los resultados obtenidos en Santa Catalina constituyen un antecedente valioso para la región, ya que demuestran que la recría en ambientes de monte puede desarrollarse con éxito mediante planificación, seguimiento técnico y compromiso humano.
La jornada dejó en claro que la incorporación de tecnología, el registro de datos y el trabajo en equipo son elementos indispensables para transformar los sistemas ganaderos tradicionales en modelos más eficientes y sostenibles.
Para el norte de San Luis, donde la ganadería constituye una actividad central, experiencias como esta aportan herramientas concretas para mejorar la productividad y consolidar el desarrollo del sector.

Los números marcan una oportunidad histórica
El médico veterinario Horacio de la Mota brindó una extensa exposición centrada en el análisis económico y productivo de la recría en monte, destacando que el contexto actual del mercado ganadero abre una oportunidad inédita para los productores que decidan incorporar esta tecnología a sus sistemas.
Durante su presentación, el especialista puso especial énfasis en la necesidad de comprender los fundamentos económicos que sostienen las decisiones productivas. “Tenemos que saber por qué hacemos las cosas y qué queremos hacer. Hoy, más que nunca, los números mandan”, sostuvo ante un auditorio integrado por productores, técnicos y estudiantes.
El veterinario inició su análisis con datos provenientes del sistema de comercialización nacional, tomando como referencia información del mercado ganadero Rosgan. Explicó que este sistema, integrado por múltiples casas consignatarias que realizan remates mensuales, reúne habitualmente entre 20.000 y 30.000 cabezas en cada evento y establece precios de referencia para la actividad.
Según los datos presentados, durante el primer trimestre de 2026 se registró un aumento significativo en la ocupación de corrales de engorde. Actualmente, cerca de dos millones de cabezas se encuentran en feedlots, lo que representa aproximadamente un 16 % más que el promedio histórico.
Este fenómeno, explicó De la Mota, está vinculado a decisiones estratégicas adoptadas por productores y empresas ante un escenario de creciente demanda de carne. Además, destacó que el movimiento de hacienda muestra variaciones interanuales que reflejan cambios en la dinámica productiva.
“Hay un movimiento menor de animales y, al mismo tiempo, vemos más categorías intermedias en los feedlots. Eso indica que se están comprando animales más pesados, lo que muestra un cambio en la lógica productiva”, detalló.
Otro dato relevante fue la evolución en la participación de hembras dentro del stock, que registró una caída notable en los últimos años, pasando del 56 % en 2023 al 28 % en 2026 en igual período. Según el disertante, esta tendencia podría anticipar un incremento en la producción futura de terneros.
Uno de los ejes centrales de la exposición fue la evolución histórica de los precios de los principales insumos utilizados en la alimentación animal, particularmente la soja y el maíz.
De la Mota mostró series históricas que abarcan más de dos décadas y explicó que estos dos granos constituyen la base nutricional de cualquier sistema de recría o engorde.
“El ternero no puede alimentarse con cualquier cosa. La nutrición tiene dos ingredientes clave: soja y maíz. Y cuando analizamos los precios históricos, vemos que durante muchos años el valor de la carne estuvo por debajo del de los granos, lo que hacía muy difícil cerrar los números”, explicó.
Actualmente, según indicó, la soja se ubica en torno a los 300 a 330 dólares por tonelada, mientras que el maíz ronda los 180 a 195 dólares. Sin embargo, lo que realmente modifica el escenario es el valor alcanzado por el ternero, que en marzo de 2026 superó los 4 dólares por kilo vivo, marcando un punto de inflexión para la actividad.
“Durante más de veinte años el precio del kilo de carne estuvo por debajo del de los granos. Hoy eso cambió y por primera vez tenemos una relación favorable para producir carne”, afirmó.
La presentación incluyó resultados obtenidos en distintos establecimientos del norte de San Luis, donde se llevaron adelante ensayos de recría en monte con suplementación controlada.
Uno de los casos analizados se desarrolló en un campo donde ingresaron terneros con un peso inicial cercano a los 138 kilos, logrando una ganancia promedio de 47 kilos por animal, equivalente a aproximadamente 658 gramos diarios durante el período de evaluación.
El especialista destacó que estas experiencias se realizaron en condiciones reales de producción, en campos del departamento Ayacucho y zonas cercanas a Luján y Quines.
“Esto no se hizo en Estados Unidos ni en Brasil. Esto se hizo acá, en campos del norte de San Luis. Y eso es lo importante, porque son datos que sirven para nuestra realidad productiva”, remarcó.
En otro establecimiento, los ensayos debieron suspenderse anticipadamente por falta de pasto, lo que permitió confirmar uno de los principios básicos del sistema: la suplementación funciona únicamente cuando existe disponibilidad forrajera.
“Esto es un suplemento, no un sustituto total del pasto. Si no hay pasto, el sistema no funciona”, advirtió.
Uno de los aspectos técnicos destacados fue el manejo del consumo de suplemento, que en los ensayos se ajustó a aproximadamente entre el 0,75 % y el 1 % del peso vivo.
Este parámetro busca asegurar que los animales continúen consumiendo pasto y evitar que se concentren exclusivamente en el suplemento.
“El objetivo es que el animal siga comiendo pasto y que el suplemento actúe como apoyo nutricional. Si come demasiado concentrado, el sistema pierde eficiencia”, explicó.
Este equilibrio nutricional permite mejorar la ganancia diaria de peso sin aumentar excesivamente los costos de alimentación.
Las experiencias también permitieron evaluar el comportamiento del sistema en distintas estaciones del año.
En recrías invernales, los resultados mostraron ganancias sostenidas incluso en períodos donde la disponibilidad proteica del campo es baja, como ocurre cuando el pastizal presenta tonalidades amarillas, indicativas de escasez de nutrientes.
En recrías estivales, en tanto, se ajustaron las formulaciones nutricionales, reduciendo el contenido proteico y aumentando la energía disponible en el suplemento.
En un ensayo realizado en verano, los animales consumieron en promedio 2,2 kilos diarios de suplemento, equivalentes a aproximadamente 0,91 % del peso vivo, logrando incrementos de peso superiores a los obtenidos en los lotes testigo.
Aunque en algunos casos iniciales los resultados económicos fueron negativos, el cambio en el contexto de precios volvió rentable el sistema.
“En 2023 tuvimos ganancias de peso muy buenas, pero el negocio daba pérdida. Hoy, con los valores actuales, ese mismo sistema sería rentable”, explicó.
Uno de los aspectos más destacados fue la valorización creciente de los terneros recriados dentro de la cadena productiva.
Según explicó el especialista, actualmente un ternero de 160 kilos puede valer cerca de 740 dólares, mientras que un animal recriado hasta los 240 kilos puede alcanzar valores cercanos a 1.000 dólares, dependiendo del mercado.
Esta diferencia responde a la demanda creciente de animales más pesados por parte de feedlots y frigoríficos exportadores, que buscan reducir tiempos de engorde y mejorar la eficiencia final.
“Hoy los feedlots valoran mucho más un animal recriado. Antes entraban con terneros livianos y los engordaban rápido. Ahora necesitan animales más pesados para cumplir con los requisitos del mercado”, explicó.
El veterinario también analizó la evolución del comercio internacional de carne y el crecimiento sostenido de la demanda global.
Países como China y Estados Unidos incrementaron significativamente su consumo de carne en los últimos años, generando un escenario favorable para los países productores.
“Hay un mundo que demanda carne y mercados que se están abriendo. Eso nos obliga a producir más y mejor”, sostuvo.
En este sentido, explicó que los frigoríficos exportadores requieren animales con pesos superiores a los tradicionales, lo que obliga a replantear los sistemas productivos.
Hoy, para cumplir con los estándares de exportación, se necesitan novillos con más de 460 kilos de peso en gancho, lo que implica animales vivos cercanos a los 540 kilos.
Este cambio exige una recría eficiente que permita alcanzar mayores pesos sin extender excesivamente los tiempos de engorde.
Hacia el final de su exposición, De la Mota destacó que el sector ganadero enfrenta una oportunidad única desde el punto de vista económico y productivo.
“Estamos frente a una oportunidad histórica. Los mercados están abiertos, la demanda crece y el valor del ternero lo demuestra”, afirmó.
Además, señaló que el nuevo contexto obliga a repensar estrategias productivas y adoptar tecnologías que permitan mejorar la eficiencia.
“No alcanza con recriar poco. Recriar 80 gramos por día no sirve. Hay que recriar bien, con buena nutrición y manejo”, enfatizó.
Finalmente, el veterinario destacó el rol fundamental de la articulación entre productores y organismos técnicos en la generación de información local.
Agradeció especialmente el trabajo conjunto con técnicos del INTA y productores que cedieron sus establecimientos para realizar los ensayos.
“El trabajo con el INTA fue fundamental por la metodología y el rigor técnico. Sin ese acompañamiento, estos resultados no hubieran sido posibles”, concluyó.
La jornada dejó en claro que la recría en monte, respaldada por datos técnicos y económicos, se posiciona como una herramienta estratégica para mejorar la productividad ganadera del norte de San Luis, en un contexto donde el mercado internacional y la evolución de los precios abren nuevas perspectivas para el sector.
Fotos: Mónica de La Mota.











